Rafael Prieto Zartha
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Rafael Prieto Zartha
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Por Rafael
Prieto Zartha
En el invierno de 2010, cuando estaba por despuntar el aciago año de 2011, expresé públicamente un deseo: que los soñadores asumieran el liderazgo de la ingrata lucha por la legalización de los indocumentados.
Para fortuna de los 11 millones de inermes inmigrantes, los muchachos hicieron realidad mi sueño.
En 2012, ya los jóvenes nuevamente están a la vanguardia.
En la Florida, le han convertido en un yogur las presentaciones a congresistas, como Mario Díaz-Balart, que le dio su respaldo al precandidato republicano, Mitt Romney, quien ha dicho que se opone a la legalización de los estudiantes indocumentados.
Y al propio Romney se le apareció en Nueva York la soñadora, nacida en Perú, Lucy Allain, quien confrontó al aspirante presidencial millonario con la pregunta obligada del Dream Act.
La respuesta ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación: un seco retiro de la mano del candidato que dice “creer en nosotros”.Allain fue víctima de una lluvia de insultos de los partidarios del exgobernador de Massachusetts, quienes revelando su ignorancia supina, le sugirieron, siguiendo el esquema del estereotipo, que se regresara a México, país donde se refugió el bisabuelo del candidato y donde también nació su padre.
Yo espero que la vida me haga el milagro de ver a los “dreamers” realizando una manifestación masiva en la ciudad donde radico, Charlotte, Carolina del Norte, durante la Convención Nacional Demócrata, en septiembre.
En la demostración tendrían que recordarle al presidente Barack Obama, que su promesa de una reforma migratoria integral no se ha cumplido y que tiene que hacerla realidad si resulta reelegido.
Lo mismo, quisiera ver a los soñadores en Tampa, en los días de la convención republicana, cantándole las verdades a Romney o al expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich.
Gingrich me
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