Maribel Hastings
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WASHINGTON, D.C. – El tradicional aguinaldo “Cantares de Navidad”, del puertorriqueño Benito de Jesús, lo resume de manera simple: “Un año que viene, y otro que se va”.
El año 2009 llegó lleno de esperanza con un nuevo presidente, Barack Obama, que hizo historia como el primer afroamericano en dirigir al país, un presidente que prometió promulgar una reforma migratoria integral durante el primer año de su gestión, que se cumple en enero.
El año 2009 se va sin que esa reforma se haya hecho realidad aunque se espera que en las próximas dos semanas se den los pasos iníciales para impulsar el proceso legislativo cuando el congresista demócrata de Illinois, Luis Gutiérrez, presentaría su proyecto de ley de reforma migratoria. Hay reportes además de que el líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, quien enfrenta una difícil reelección el año entrante, tiene intenciones de impulsar el tema de la reforma, importante entre la población hispana de su estado, Nevada.
Pero 2009 ha sido un año más agrio que dulce para la comunidad inmigrante, no sólo por la falta de reforma sino porque lo que muchos consideran progreso y avances en medidas policiales, para otros suponen incertidumbre y temor.
Las redadas tradicionales pasaron a ser silenciosas aunque con el mismo efecto negativo sobre trabajadores y algunos empleadores; el 287(g) “revisado” sigue vivito y coleando; su primo hermano, “comunidades seguras”, fue tildado de exitoso por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS); Human Rights Watch confirmó lo que se sabía: que los detenidos por la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) están cada vez más alejados no sólo de familiares sino de abogados que puedan ayudarlos a evitar la deportación. Ah, y el muro “virtual” en la frontera va viento en
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