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Con hambre de comida y mucho más

Con hambre de comida y mucho más

Padre Jaime Chacon
Religion
Pastor asociado en la parroquia de San José en Kennewick, WA

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En mis primeras vacaciones luego de hacer empezado a estudiar aquí en los Estados Unidos, fui invitado a una celebración en una parroquia, todo estaba muy bien, mucha gente, buena comida y mucha alegría. Me acerque a una de las mesas con una hamburguesa en la mano, note que había un ambiente algo diferente del resto de los mesas. Nadie decía nada, cuando me senté entendí lo que pasaba, en dicha mesa estaba un señor que no paraba de hablar y decir tonterías y nadie se atrevía a decir nada, todos estaban incomodos con la presencia del señor, sabelotodo.
Trate de empezar una conversación pero el señor siempre tenía algo que decir (probablemente usted ha tenido cerca a estos personajes y entenderá de lo que hablo). Note que mi hamburguesa estaba cruda y fui a tirarla. Volví a mi mesa y el señor enfilo sus baterías hacia mí y empezó a decir que ¡cómo era posible!, que yo siendo seminarista diera tan mal ejemplo de botar la comida cuando tantos niños morían en el África de hambre. Sin decir nada me levante, fui al bote de la basura y saque la hamburguesa, se la entregue al señor y le dije ‘aquí tiene, si esta tan preocupado por el hambre en África, tenga esto y mándalo por correo’.
Hubo un largo silencio, aquel señor parlanchín se quedó sin palabras, pronto se levantó y se fue, de inmediato las otras personas de la mesa sonrieron y aplaudieron. Yo la verdad me sentí muy mal por mi proceder, aunque con su aplauso entendí que lo aprobaban.
Les pedí disculpas por la rudeza de mi acto, poco cordial y falto de caridad. Luego, empezamos a hablar, enserio, del problema del hambre en el mundo.
Nos dimos cuenta que el problema era más grande de lo que pensábamos. Esto tuvo lugar hace 8 años atrás, antes que el problema del desempleo, la crisis económica y el reforzamiento de prácticas contra la inmigración indocumentada, golpearan nuestras comunidades. Hoy la crisis ha llevado a muchas personas al borde del hambre en el país más poderoso del mundo. Pero el hambre no solo habla de carencia de comida, hay otras carencias que también son inminentemente peligrosas, el hambre de Dios, el hambre de amor, amistad y compañía, el hambre de justicia y de libertad, el hambre que causa los sueños frustrados. Toda carencia debería entenderse como una hambruna, porque “no
solo de pan vive en hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Por eso es Dios quien sacia el hambre que causa una vida sin sentido, es El quien sacia el hambre de amor. Es Dios quien trae prosperidad y abundancia. Es un terrible error pretender saciar el hambre de todo teniendo solo en cuenta el factor económico. La sabiduría de Dios nos lo ensena: “Más vale un pedazo de pan duro y estar en paz que una casa bien abastecida donde hay peleas.” (Proverbios 17,1).
Es verdad que el dinero es necesario para superar muchos de los males que nos aquejan pero más que el dinero es la generosidad que trasforma lo poco en abundancia.
Nuestros hermanos más necesitados necesitan de nosotros, no de lo que nos sobra. Supongo que el señor del que les hablaba al principio de esta reflexión pensaba en lo que sobro de mi hamburguesa como una solución fácil. La dignidad humana no permite tal irrespeto. Dar sobras calmará la conciencia del que las da pero nunca será un signo de magnánima generosidad. Hay que dar de lo que somos y témenos. No solo dinero y cosas, sino compañía, amistad y comprensión. Sé que a veces podría ser complicado compartir cuando nosotros también pasamos necesidades, pero eso no es excusa, hay que dar el paso adelante y poner adelante de Jesús lo poco que tenemos para que Él lo multiplique y satisfaga el hambre de todos con eso poco que dimos.
Lee en tu biblia (Mateo 14, 13-21) y aceptemos la misión de darles nosotros de comer.

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