La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Queridos amigos lectores muchas veces he hablado de la fe porque creo que para muchas personas no está claro aún los aspectos esenciales de una fe madura y autentica. Ya que la fe no es una lista de prohibiciones y normas, tampoco es solamente un canon de dogmas, ni se trata de un sentimiento de regocijo interminable y menos una fanática creencia que condena a los demás por no compartir esta o aquella expresión religiosa. La fe no es otra cosa que la respuesta humana al amor de Dios que se ofrece a cada persona que viene a este mundo. Este amor por nosotros es expresado en acciones reales de parte de Dios, acompañada de promesas como la felicidad, la fortaleza, la paz, pero sobre todo la vida en abundancia que llega hasta la vida eterna. Creer es un acto libre de la voluntad por el cual el ser humano acepta la presencia de Dios y cree, aunque no sea siempre visible, en sus promesas. Como decía el filoso danés Soren kierkegaard: “la fe es como un salto en el vacío”. Por ser un acto personal a nadie se le puede robar ese derecho de creer, por eso la fe autentica respeta otras creencias; sin dejar de dar testimonio de la propia no se impone a la fuerza o causando miedo. La fe tampoco puede entenderse solo como un acto humano, también es sobrenatural, porque de un modo especial el deseo de estar en comunión con el creador está dentro del corazón de cada persona. Por eso una fe autentica llevara siempre a la verdad que es Dios. Ese deseo trasciende los límites humanos y por la misma acción de Dios lo pone en comunión con El (Juan 6,44) Dios es quien nos atrae a su amor por medio del Hijo. Así la fe es una cooperación del hombre a la acción de Dios que nos atrae para vivir con Él. La acción de Dios no es de modo alguno un sentimentalismo que lleva al hombre a unirse con el ya que se trata de un acto concreto en la vida de la persona, en su historia y su vida cotidiana. La acción concreta de Dios que invita a Abrahán a cambiar su estado de vida lleva al gran patriarca a responder afirmativamente a ese llamado (Génesis 12, 1-3), por eso la fe es también confianza absoluta en Dios que nos llama a escribir nuestra historia agarrados de su mano. Con Dios se escribe mi historia y la tuya cuando la fe es real, auténtica y madura. Otro Ejemplo de Confianza, aceptación y estrega absoluta al plan de Dios es la Madre de Jesús, la virgen María; Su respuesta afirmativa a la invitación de Dios (Lucas. 1, 26-38), aunque su vida tuviera que girar de un modo radical, es modelo de fe para los que creemos en Cristo. Podría continuar enumerando muchos héroes de la fe, quizá usted conoce a uno que está cerca de usted. El que vive por la fe es alguien que brilla, es como una lámpara, amable, compasivo, generoso, apacible, pero sobre todo amante de Dios. Tener fe no es sentir bonito, ni tampoco sentirse libre de dudas y tentaciones, tener fe es saber firmemente que Dios está conmigo, construyendo mi historia y vive en comunión con los hombres y mujeres de buena voluntad. Por la fe nuestro Dios de la vida no se queda en los templos ni en los cultos, por ella su presencia se acepta en la vida diaria, en el hogar, en el trabajo y en el acontecer diario, sin olvidar que se celebra en comunión con otros hermanos y hermanas cada vez que nos congregamos en su nombre como Iglesia. La fe pone a Dios en el presente el pasado y futuro de nuestra vida.
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