Probablemente usted ha visto estos programas en la televisión donde aparecen personajes de la farándula dando consejos de cómo vivir en familia, como educar a los hijos o cuidar bebes; a veces expertos en psicología dando cátedra de sexualidad y otros temas que llaman la atención de gente común. Así, mientras dan opiniones sobre esto o aquello y les dicen a los demás como deben vivir su vida, en la mayoría de los casos están lejos de ser maestros en el buen vivir. Llama la atención como una persona a la que dos o tres nanas cuidan su bebe podría enseñar técnicas de cómo cambiar un pañal; o una persona que por sus compromisos sociales, poco está en la casa, podría enseñar la manera de criar a los hijos; o una persona con dos o tres matrimonios fracasados nos hablan de cómo superar los conflictos de pareja.
De ningún modo pretendo juzgar a nadie, solo dirijo mi atención a la acción pública de ensenar cosas que a simple vista no es el fuerte de estas personas.
Esto no solo pasa en la televisión, ocurre a diario en nuestros vecindarios. Ahí está la experta en amor, algo así como una doctora corazón que le aconseja a las amigas como engañar al esposo en favor de una supuesta liberación o venganza. La señora que critica a los hijos de los demás y quiere enseñar cómo educar a esos niños maleducados e insolentes, sin darse cuenta que sus hijos delincuentes hace rato se le salieron de las manos. Personas que se creen expertos en biblia y cuestionan la fe de los demás sin conocerla y que usan la palabra de Dios para pelear y no para dialogar. Los que creyéndose santos atacan la honra y la dignidad de los demás. Son maestros de opiniones y visiones parcializadas o simplemente una máscara en la que los doctores y maestros de la ignorancia se escudan para sentirse más que los demás. El mundo se llenó de maestros, en todas partes hay gente que enseña, cosas buenas y cosas malas. La televisión, la música, el internet, los celulares, los periódicos, etc. Son los canales de enseñanzas de todo tipo. Pero antes que todo, es la familia la fuente de la enseñanza para las personas, si no es así entonces muchos estarán perdidos en ese mar de enseñanzas mediocres que falsean la verdad. En este vasto mundo de
opinión se debe tener CRITERIO. El criterio nos hace descubrir la veracidad, la practicidad y la utilidad de lo que se nos está ensenando. El criterio es el acto de la sabiduría por medio del cual analizamos las fuentes de lo que aprendemos y si esta fuente es digna de confianza. El criterio nos lleva a descubrir la autenticidad y la claridad del que esta enseñando.
Una persona que sabe enseñar y lo puede hacer cumple con los siguientes requisitos: Respeto por el otro, cordialidad, no juzga, no se cree mejor o superior, ama y busca la verdad, no se quiere imponer a la fuerza, actúa según sus principios, no cambia de opinión según le convenga, reconoce que no todo lo sabe, sabe escuchar, y tiene virtudes verdaderamente humanas. Y tenga cuidado con los que dicen saberlo todo o para todo tiene respuesta, es un signo claro de ignorancia y deseo de publicidad. Jesús ensenaba como quien tiene autoridad porque lo hacía con su ejemplo y con amor, sin juzgar y para romper cadenas. Si lo que se aprende no me hace más humano y feliz simplemente no sirve para nada.