Ayer cuando terminaba la misa de la 1:30 PM., estaba despidiendo a mis amigos cuando se acerco una calabacita de la mano de su mami a despedirse también, la calabacita no hablaba pero sonreía mostrando dos hermosos dientecitos en la parte de debajo de su boquita, a su lado una hermosa princesa la escoltaba, en recompensa de su amabilidad les di unos dulcecitos. De un momento a otro estaba rodeado de maripositas, angelitos, policías, cenicientas, etc. Era una escena digna del teatro más famoso del mundo. No podría ser de otra manara, el domingo pasado celebramos la fiesta de los niños y las niñas, la noche de la fantasía y los dulces. Y aunque otros llamen al 31 de octubre de otra manara yo prefiero ser mas sensato y llamar a esa noche la fiesta para los niños y así honrar a los mas pequeñitos de la casa.
De verdad felicito a los padres de familia que se preocuparon por hacer de esa noche una fiesta de fantasía e inocencia. Y me alegro mucho de ver este año, por lo menos en mi vecindario, que la gran mayoría de los niños y niñas revelaban en sus disfraces sus sueños. Me alegre de ver pocos disfraces de vampiros, brujas y demonios. Me alegre que para la gran mayoría de familias la fiesta de los niños no se convirtiera en un elemento más que contamine el corazón inocente de nuestros hijos. Suficiente tenemos con los videos juegos violentos, las escenas de televisión perturbadoras, los gritos, golpes e irrespetos que muchos inocentes tienen que presenciar a diario en su propio hogar. Admiro profundamente a los padres que se preocupan por cuidar a sus hijos, alimentarlos con valores profundamente humanos y que participan de los sueños de sus pequeños hijos.
Es bueno ver que una noche tradicionalmente oscurecida por demonios y brujas se convirtió o empezó a convertir en la noche de la luz de los sueños y de los dulces. Todo esto gracias a los padres buenos y responsables y sin lugar a dudas al cuerpo de policía de nuestras ciudades, los bomberos y personas que ayudan a proteger y brindar seguridad a nuestras familias. Espero encontrarme el próximo año con la calabacita, quizá transformada en princesa o campanita, espero verla con la misma felicidad e inocencia, llena de sueños y sonriente. Espero ver nuevamente a los padres, papá y mamá (los dos), al lado
de sus hijos compartiendo el sueno infinito del amor dulce como el que recibieron en las casas de las buenas personas. Espero ver de nuevo una noche oscura convertida en luz por el rayo de la inocencia de los niños y niñas que cantan con alegría trayendo felicidad a nuestro vecindario.
Cuanto tenemos que aprender de los niños y las niñas, Mientras ellos cuentan dulces esta semana con alegría muchos adultos se agarran la cabeza con las dos manos por el dolor que dejo el licor que ingirieron esa noche oscura para ellos. Mientras los pequeños disfrutan el deleite de un dulce otros pocos adultos lamentan la agria experiencia que vivieron el 31 de octubre. Menos mal que son pocos, ¿será se estamos ante la agonía de la noche de brujas y estamos viendo nacer la noche de los niños y niñas que sueñan?
Probablemente mi sueno es una utopia, pero con su ayuda podemos cambiar muchas cosas para proteger a nuestros hijos y darles un mundo mejor y menos contaminado.