Estaba de visita donde unos amigos y me llamo la atención el joven hijo de la familia que se veía inquieto, y algo nervioso, pensé que algo le preocupaba y se lo manifesté a sus padres para ver si podía ayudar en algo. Sus padres sonriendo me dijeron no se preocupe es cosa de jovencitos. La novia del joven regresaba de un viaje de casi dos meses y él estaba muy contento de volverla a ver. Se veía que la quería mucho y no podía ocultar su deseo de verla. Al fin el abrazo cariñoso sello el drama de la espera con el reencuentro.
Al ver esta escena tan hermosa en silencio pedí a Dios que bendijera la pureza del amor de estos jovencitos y porque no, algún día fortalecido ese amor llegaran al matrimonio y el cumplimiento de sus sueños.
Les pregunte a los jóvenes sobre su experiencia de estar separados, a lo que me contestaron que el deseo en el corazón por estar juntos de nuevo los tenia cerca el uno del otro. Luego, al regresar a mi casa me senté a escribir este articulo, pensando en mi reflexión me di cuenta que la experiencia de estos jóvenes era un buen ejemplo para nuestra vida de fe ya que días antes había leído una reflexión sobre la oración donde el autor decía que la oración no era solo palabras sino deseo que se lleva en el corazón por estar con Dios. Sí mis amigos, así como los jóvenes el deseo de estar juntos los mantuvo unidos en su breve lejanía la oración es el deseo que nos mantiene cerca a Dios. Amor lleva el deseo de ver al amado, de hablarle, de dedicarle tiempo, de escucharlo o de solo compartir su presencia.
No puedo entender cómo algunas personas dicen tener fe cuando no oran, si la oración es amor y deseo de estar con el Dios de la nuestra fe. Cuando El Señor nos dice que oremos
constantemente esta hablando de ese deseo de estar siempre con Dios. No podemos estar orando todo el tiempo con palabras, pero sí, el deseo de dedicarle tiempo a Dios nos hace cercanos a El. Es como el esposo que espera el regreso a su hogar para abrazar a su esposa y besar a sus hijos después de un largo día de trabajo. El deseo de estar con ellos mantiene a aquel hombre cerca a su
familia a pesar que este trabajando y procurado en el día.
Cuando Jesús nos pide orar sin cesar nos esta invitando a desear la presencia de Dios y a encontrarnos con El. Es el deseo que tiene cada buen cristiano de dedicarle tiempo a Dios en la oración, un tiempo sagrado, solo para El. Unos minutos al levantarnos para dedicar nuestro día al Señor, para ponernos en sus manos y pedirle que ilumine nuestro día y nuestros proyectos, para agradecer o pedir el bien para nosotros o para otros. Luego en la noche, reunidos en familia el deseo de estar con Dios se hace realidad cuando se ora en familia; en un tiempo solo para Dios, sin TV encendida, o el radio o el celular; solo para Dios, unos minutos llenos de riqueza espiritual. Y luego, el deseo nos llevará a celebrar con nuestros hermanos el don de la vida y la alegría de servirle a Dios en la celebración eucarística. La misa es el encuentro sagrado con el Señor, solo para el. Así el deseo de amor y encuentro con el Creador nos prepara para el encuentro definitivo cuando llegue el momento.