La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Hoy los quiero invitar queridos amigos y amigas a reflexionar sobre las líneas de un himno muy antiguo que por generaciones los cristianos católicos hemos recitado para acompañar nuestra oración con los salmos: “Señor, tú me llamaste para ser instrumento de tu gracia, para anunciar la Buena Nueva, para sanar las almas. Instrumento de paz y de justicia, pregonero de todas tus palabras, agua para calmar la sed hiriente, mano que bendice y que ama. Señor, tú me llamaste para curar los corazones heridos, para gritar, en medio de las plazas, que el Amor está vivo, para sacar del sueño a los que duermen y liberar al cautivo. Soy cera blanda entre tus dedos, haz lo que quieras conmigo. Señor, tú me llamaste para salvar al mundo ya cansado, para amar a los hombres que tú, Padre, me diste como hermanos. Señor, me quieres para abolir las guerras y aliviar la miseria y el pecado; hacer temblar las piedras y ahuyentar a los lobos del rebaño” (*). Amén. Desde que estaba pequeño escuchaba a las personas mayores, decir muy a menudo, pídale a Diosito. ¿Tienes problemas? Pídele a Diosito, ¿estas enfermo? pídele a Diosito, ¿Estas solo? Pídele a Diosito… pídele, pídele, pídele…Eso esta bien, es mas, El Señor Jesús nos dice que pidamos insistentemente y seremos escuchados pues con la fe se pueden mover montañas. Invocar el nombre del Señor, confiando en su amor y puestos bajo su voluntad, estoy seguro que andaremos por el camino recto que nos conduce a la claridad para solucionar nuestros problemas, los medios para recuperar la confianza y sobre todo veremos cómo Dios nos sorprende en el momento preciso. Sin embargo, nuestra relación con Dios no esta reducida simplemente a la dependencia material o espiritual. No solo llamamos o invocamos a Dios para que nos saque del pozo, Le llamamos porque queremos su compañía, su amor y su abrazo. Pero además, el nos llama también. Puedo decir sin temor a equivocarme que el Señor también quiere que le ayudemos, que cooperemos en la construcción del Reino de Dios en nuestra casa, en el trabajo, y donde compartimos con los demás. Dios nos llama para derribar los muros de la indiferencia y el egoísmo, Dios nos llama a vivir en el amor y levantar los lazos de la hermandad, fortalecer a los que perdieron la esperanza y el sueno de vivir. Por eso queridos hermanas y hermanos lean atentamente el himno anterior y mediten su mensaje. A tí también te llama el Señor para ser instrumento de su presencia. Dios te llama a ser heraldo, mensajero del mensaje que cambia vidas y saca de la agonía a los que olvidaron el valor de vivir. Dios pide de nosotros una respuesta sin dobles, un compromiso verdadero y las ganas de luchar. Cuando Dios nos llama a servirle El mismo nos da lo que necesitamos para hacerlo. Dios capacita a los que llama y los fortalece con su gracia. Si escuchas Su voz déjate llenar y el te llevara donde tienes que estar y hacer lo que tienes que hacer por elbien de todos. ( *) (Tomado de la Liturgia de las horas Jueves de la II Semana- La liturgia de las Horas es La oración oficial de la iglesia que a diario vivimos y recitamos los católicos comprometidos con la Iglesia y el mundo en oración.)
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