La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Cuando decimos que alguien es vanidoso generalmente nos referimos a alguien que pasa mucho tiempo en el espejo cuidando su figura y muy preocupada por mantener su apariencia física radiante ante los demás. Una persona que segura de su atractivo físico se desvive por mantenerlo a como de lugar para ganar la admiración de la gente. Este deseo desordenado de ser admirado por la apariencia lleva a la arrogancia y envanecimiento. Por eso una persona que excede los limites del amor propio y la buena autoestima llevada a la vanidad termina siendo despreciada por causa de su arrogancia. Sin embargo, la anterior apreciación es muy limitada, ser vanidoso no solo esta relacionado con la apariencia física. En su significado más general tiene que ver con lo vano, lo superfluo e ilusorio. Vano es todo aquello que pasa pronto, que cambia y se desvanece, que es inútil por ser ilusorio. En este contexto la persona vanidosa es aquella que pone su confianza en esas cosas que pasan, cosas que lo hace pensar que esta por encima de los demás. Considera que el valor que tiene como persona no esta en su ser sino en como aparece, como se ve ante los demás y las cosas que posee. Vanidosa puede ser una persona que se cree más que los demás por el carro que tiene (aunque no sea suyo por que lo debe al banco), por la ropa de marca que usa (made in china), por los anillos que se pone de diamantes (que en ocasiones son el fruto de la sangre de hombres y mujeres victimas de las guerras en África), por los estudios que tiene (que lo hace tan arrogante que lo embrutecen). En conclusión vanidoso es una persona dada, entregada, encerrada y confiada en lo vano, inútil superfluo, cambiante. El vanidoso tiene luces de conquistador, un conquistador que se vuelve esclavo de lo que conquisto. Termina sometiendo su ser verdadero a la apariencia del ídolo inventado que hizo de si mismo. Por esto precisamente la vanidad esta en contra de los valores del reino de Dios. Por que la vanidad crea ídolos imaginarios: el dinero, la fama, el poder, la admiración; cosa que al final se desvanecerán. Se irán como el agua entre las manos: Belleza, fama, dinero, salud, poder. El tiempo, las envidias, la soledad, el paso inevitable de la muerte, entre otras cosas llevaran lentamente a su caída la vanidad quedando el ser desnudo, simple y sin adornos. Por eso amigos hay que cultivar las cosas que verdaderamente alimentan y hacen crecer nuestro ser. Las cosas más profundas y humanas. Los valores del espíritu que elevan la razón y nos hacen valiosos como personas. Nadia puede considerarse más por tener más o aparecer como mejor. Lo que verdaderamente vale sale del corazón noble de la humanidad. Los que pusieron su confianza vana en el dinero ya se han ido y su riqueza no les pertenece ya. La belleza que adornaba el rostro, los años lo han marchitado; el poder del que se ufanaba, ha sido desplazado por otro; por eso al final el vanidoso sufre las consecuencias de su propia incesantes por que los ídolos que lo hacían sentirse más que los demás han muerto. Esta semana les invito a reflexionar sobre esta parábola de Jesús, toma tú Biblia y lee Lucas 12, 13-21 y empecemos a buscar el tesoro que no se acaba, el amor verdadero.
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