La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
|
En nuestra última reflexión hable de que creer no era suficiente para estar cerca de Dios. Los demonios también creen en Jesús y le reconocen (Santiago 2,19). Es necesario seguir al Maestro para amarlo en espíritu y verdad. Creer con amor no es lo mismo que solo creer. Dios quiere que le amemos porque quien ama cree sin condiciones y confía sin restricciones. El que ama a Dios sabe que Dios conoce de ese amor sincero, porque a Dios no se le puede engañar. El evangelio conocido como del Buen Pastor nos muestra la necesidad de conocer a Jesús para amarlo y seguirlo. Conocer es una experiencia de vida que requiere tiempo y compañía. La predicación lleva a la persona a creer y el conocimiento al amor. Para llegar al amor hay que pasar tiempo, compartir con quien nos cautivo. Para amar a Dios es necesario pasar tiempo con El en oración, dedicar tiempo para escuchar su palabra (leyendo la Biblia, especialmente los evangelios), descubrir su compañía en la vida cotidiana, y compartir con los demás los frutos de la relación con el Señor. El pastor es una de las imagenes más ricas para el pueblo de Israel al describir la identidad del Mesías. Dios es reconocido como el Pastor de Israel. ¿Qué características tenia el pastor para el pueblo de la bendición para ver en él ciertas características mesiánicas del envido de Dios? Primero hay que decir que a diferencia de muchos lugares del mundo donde las ovejas son criadas para consumo de su carne, para el pueblo de Israel por lo general las ovejas eran criadas por su leche y lana. El pastor y sus ovejas tenían muchísimo mas tiempo para estar juntos. Las ovejas llegaban a la ancianidad de su vida en compañía de el pastor, por eso lo reconocían, y seguían su voz. En los tiempos de Jesús la crianza de las ovejas no era cosa fácil. Los pastores viajaban a través de los montes y desiertos en busca de pastos para alimentar sus ovejas; sabiendo de los riesgos el pastor ponía en peligro su vida de ser necesario para defender sus ovejas de los peligros del desierto, de los depredadores, ladrones y víboras. El pastor luchaba para que nada ni nadie arrebate de su cuidado sus ovejas. El pastor se entregaba de manera especial al cuidado de las ovejas más débiles, cargaba a las crías y cuidaba las madres y las ovejas enfermas con diligencia sanaba y protegía. El pastor alimenta, cuida, protege, sana, acompaña, busca la extraviada. Ni la noche, el cansancio, el frío, el sol, la lluvia, el peligro, nada separa al pastor de su misión. Esta riqueza de la imagen del pastor dio lugar a la descripción del cuidado y el amor de Dios por su pueblo como Pastor de su pueblo (Salmo 80,2. Ezequiel 34, 12-13). El tiempo y la compañía mutua unen de una manera única al pastor con sus ovejas, el las conoce y ellas lo conocen a el. Las ovejas solo escuchan la voz del pastor y le siguen. Los discípulos de Jesús también le reconocemos como nuestro Pastor, el único Pastor. El es el pastor que nos acompaña y guía a praderas tranquilas y repara nuestras fuerzas (Salmo 23), nos alimenta y protege. El Pastor que entrego su vida para arrancarme de las garras de la muerte y el pecado, El pastor que enfrenta mi mal, mis miedos, mis enfermedades y mis mentiras para sanarme, rescatarme y darme la vida. Ahora que mas voces quieren arrebatar la atención de las ovejas y que en muchos casos prometen ayudar y cuidar, traer la felicidad y el éxito; la voz del Buen Pastor es silenciada. Gente que pretenden ser pastores para robar la lana y leche de las ovejas a su cuidado; lideres que aprovechan su lugar privilegiado para lograr sus intereses egoístas y sacar ventaja de los incautos que escuchan sus voces. Esto sumado a los peligros que rodean las ovejas en el desierto y que buscan atrapar en sus garras a los que están lejos del Pastor. Ahora más que nunca, los discípulos del Señor debemos reconocer la voz del Buen Pastor, especialmente en este tiempo donde hay tantas voces que nos quieren arrebatar de la mano de la verdad y del cuidado del Buen pastor. El nos conoce a nosotros y nosotros le conocemos a El. Recordemos a demás que los padres de familia son los pastores que el Padre Dios puso al cuidado de las familias cristianas. Cumplir la misión que hemos recibido es no permitir que nadie arrebate de las manos de Dios a nuestros hijos, y esta meta se consigue con el ejemplo y sobre todo con la experiencia real de la compañía de Jesús, el Buen Pastor. Llevemos al Pastor a nuestros hogares, oremos juntos, invoquemos su nombre y sobre todo escuchemos su voz.
|
|