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Reflexion de la Semana
El trono del Rey

Reflexion de la Semana El trono del Rey

Padre Jaime Chacon
Religion
Pastor asociado en la parroquia de San José en Kennewick, WA

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Al acercarse las fiestas de la pascua los evangelios nos dicen que Jesús se dirige a Jerusalén para celebrar con sus discípulos esta fiesta tan importante para el pueblo judío. En su entrada a la ciudad santa ocurre algo simplemente extraordinario. Jesús mismo prepara su entrada a Jerusalén y lo hace subido en un burrito a la manera que lo hacían algunos reyes en oriente para significar la paz y la humildad del gran rey (Mateo 21, 1-21; Marcos 11,1- 10; Lucas 19, 29-38; Juan 12, 12-19) Muchas veces los seguidores del maestro quisieron proclamarlo rey pero el se escabullía de ellos, aun no había llegado la hora de revelar el verdadero sentido de su reinado (Juan 6,15)
Al entrar en Jerusalén, la muchedumbre con gran jubilo proclamaba a Jesús como rey "¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en lo más alto de los cielos!"(Mateo 21,9). Jesús estaba siendo proclamado el sucesor del rey David en su trono, el Mesías, el Enviado de Dios, el Liberador; alguien con el poder de Dios como Moisés. Sin embargo, este Rey se acerca a Jerusalén sin más armas que su palabra y su vida, con la humildad del Rey que se ha bajado de su trono de gloria para servir a los que deberían de servirle. Un Rey que se pondrá en su cintura una toalla para lavar los pies cansados de sus discípulos, un Rey que llama amigos a los que le siguen (Juan 15,15), un Rey despojado de toda riqueza para dársela a los que la quieran, así como el ladrón que lo acompañaba en el suplicio y arrepentido reclama la riqueza del gran Rey inocente, con solo pedirle el paraíso la promesa de Dios se hace presente aun en el mismo instante del fin.
Estamos ante el Rey que cambio su trono eterno por un trono hecho de madera donde por amor a la humanidad entregaría hasta la última gota de su sangre para limpiar el pecado del mundo. La cruz signo de suplicio y muerte ahora se convierte en el trono del Rey inocente, ya la cruz no es signo de muerte sino de amor porque el Rey ha dado con su ejemplo fuerza a
su palabra:
No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos," (Juan 15,13).
Los mismos que claman a Jesús como Rey olvidan pronto las obras, enseñanzas y milagros del Maestro y se ciegan ante la influencia del mal para condenar al inocente. Este Rey que salvo a otros ahora no puede salvarse a si mismo de la injusticia de los que tiene el poder de matar el cuerpo pero no el espíritu.
Es la hora del poder de la oscuridad donde las intenciones mezquinas, egoístas y fraticidas dan lugar a la condena. Hoy también se ejecutan juicios llenos de injusticia y maldad. El egoísmo y el miedo que condenan a muerte al pequeño sin nacer, la opresión del más fuerte que golpea a quien debería proteger, la maldad de quienes se aprovechan del dolor y la desventaja de los demás para conseguir lo que quieren, otros que rechazan el bien de Dios por ideas caprichosas que cambian la verdad.
La pasión del Rey sigue presente en los rostros, los cuerpos y las almas castigadas por al injusticia. Mientras unos callan haciéndose cómplices pasivos, otros gritan crucifícalo… que es lo mismo a decir sí al aborto, a la eutanasia, a las drogas (que matan lentamente no solo la persona sino la sociedad) a los cobardes que golpean a sus hijos y su esposa, a los que enriquecen con el sudor ajeno, a los que están llenos de odio, a los racistas, a los mentirosos y ladrones, etc.
Crucifiquen al inocente por que en él esta la verdad que pone en evidencia el pecado.
Pero también están los que buscan la justicia y la verdad, ellos son los que heredaran la tierra. Donde estamos usted y yo. ¿En verdad seguimos al Rey que nos promete el paraíso, su reino y su riqueza?

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