Quizá uno de los pasajes de la Biblia más leídos y conocidos por todos es la parábola del hijo prodigo (Lucas 15, 1-3; 11-32). Se trata de una verdadera joya de la literatura por su gran vivacidad y realismo, con un colorido y fusión de sentimientos que pocas obras de literatura han alcanzado. Además de su valor artístico, es mucho más invaluable el contenido religioso que expresa. En tan pocas líneas logra entrar en el misterio de la relación entre los hombres y Dios descubriendo además la intimidad y el carácter de cada personaje que arroja una luz para entender la bondad y amor del Padre Dios y también sentimientos de los hombres y mujeres de generaciones pasadas, presentes y por venir.
Se han escrito miles de homilías, reflexiones y libros inspirados por esta parábola. Me llama la atención que casi siempre están inclinadas hacia la figura del hijo menor, el pecador, el desagradecido, el disoluto, el que termina abrazado de lo que es considerado más bajo para poder sobrevivir después de haber malgastado no solo su dinero sino también su vida. Otra fuente de inspiración ha sido la figura del padre bueno, incomprensiblemente benevolente, dispuesto a abrazar y guiar siempre sin robar la libertad, en espera paciente del retorno del hijo que se ha ido y de las muestras de amor del que ha quedado a su lado.
Casi no se habla del hijo mayor, no hay mucho que decir quizá porque no ha hecho nada aparentemente malo, siempre ha estado con el padre y parece que no ha dado problemas, solo al final de la parábola aparece enojado cuestionando la justicia del padre y lleno de celos. Pero en realidad no esta lejos del hijo mejor en cuanto a su relación con el padre. Me da la impresión que está con el padre más por conveniencia que por amor, se siente seguro al lado de aquel que todo lo provee. De hecho esa es la motivación que tiene el para decir que siempre le ha obedecido. Rechazando al hermano menor (Ese hijo tuyo) quiere también poner a su padre en la silla de los acusados sin razón ya que sus celos no tiene fundamento, el ha tenido todo y todo lo del padre le pertenece. Aquí el problema con el hijo mayor es el orgullo y los celos. ¿Por que a él si y a
mi no? Así son muchos hijos que para lograr atención o interés quieren manipular a sus padres diciéndoles que ellos tienen sus preferidos.
Probablemente si, pero para Dios no es así. Dios no tiene preferidos. Pero sí tiene acciones de especial atención para con los enfermos, oprimidos, lastimados, despreciados y pecadores. La acción del padre de la parábola es la actitud de Dios para con los hijos pecadores y lastimados que regresan a casa.
Esta parábola la dirige Jesús a los fariseos y escribas que están molestos porque Él habla con los otros hijos de Dios, los menores, los pecadores y publicanos. Ellos son los dos hijos de la parábola: el que escucha reflexiona y regresa a la casa del padre y el que no acepta que el menor vuelva a la vida y sea recuperado. Este mensaje es para los hijos mayores de hoy y de siempre, los que han recibido la gracia de no sucumbir al mal y se han mantenido firmes en su fe pero que segados por el orgullo piensan que son mejores que los demás. También para los hijos mayores que solo están en busca del Padre Dios por interés y sin amor. Para los que critican y condenan a los demás sin siquiera interesarse por sus vidas y la causa de su pecado y su dolor.