No es de asombrar que en tiempo de necesidad hasta quien no cree en Dios lo invoca pidiendo auxilio. Es fácil entender que una persona de fe pida a Dios por si mismo o intercediendo por otra persona; lo que resulta paradójico es que alguien que no cree termine pidiendo a Dios, como ultimo recurso o tabla de salvación. Sin embargo, creo que para el Señor no hay diferencia entre uno y el otro, pienso que aquí se trata de la confianza que el uno o el otro tiene al pedir. Tratándose de alguien que no cree estaríamos frente a un momento especial de gracia ya que de algún modo la fe esta haciendo nido en quien se resiste a creer.
El mismo Jesús nos enseña a pedir insistentemente, sin desfallecer, con confianza y fe (Mateo 7,6-11); aunque Dios ya sepa lo que necesitamos antes que de nuestros labios salga una palabra (Mateo 6,8). El pedir a Dios es un acto de confianza y de abandono. Confianza porque quien pide sabe que Dios se lo concederá y de abandono por que quien pide sabe que Dios nos dará solo lo que nos conviene a su tiempo. Es muy importante tener en cuenta estos dos principios -confianza y abandono- para superar el conflicto que muchas personas tiene al no tener aparentemente respuesta de Dios a sus peticiones.
En muchas ocasiones personas me dicen que Dios no las escucha, que están cansadas de pedir y no encuentra una respuesta afirmativa de parte de Dios. Algunos piden cosas que podrían ser simples y hasta innecesarias o sin importancia para los ojos de otras personas, pero otros tiene verdaderas razones para pedir a Dios: la sanación de alguna enfermedad, la superación de alguna crisis familiar, seguridad económica, etc. Hace algunos días una señora me dijo: “¿será que a Dios le gusta que uno le este rogando siempre?” Le respondí que definitivamente no. No es que a Dios le guste que estemos de rodillas pidiendo y pidiendo solo por el gusto de ver hasta donde aguantamos. El pedir sin cesar tiene su fundamento, como dije anteriormente, en la confianza y el abandono a Dios. La oración aunque tenga sentimientos de angustia y dolor debe estar dirigida con confianza sabiendo que Dios permitirá que lo imposible sea posible por la fe en El.
Cuando pensamos que nuestras peticiones no están siendo escuchadas por
Dios, por que no hay resultados inmediatos, seria una buena oportunidad para detenernos un poco en el silencio de la reflexión y el diálogo con Dios para descubrir si en verdad lo que pido beneficia a todos los que están alrededor mío y por supuesto a mi también, si de verdad lo que pido seria un medio para estar cerca de Dios y en definitiva disfrutar de la vida eterna.
Reflexionar si es el tiempo propicio para recibir lo que pido y descubrir la mano amorosa de Dios que me acompaña en medio de mis carencias y debilidades. Un autor desconocido escribió: “Debemos orar siempre, no hasta que Dios nos escuche, sino hasta que podamos oír a Dios”. Así podremos descubrí cual es la voluntad de Dios para no tratar de imponer la nuestra que nunca será mejor que la de Dios.
Para terminar comparto con ustedes dos pensamientos de San Pío de la Pietrelcina: “Amar a Dios es complacerle, y no vale la pena preocuparse por el resto…El nos cuidara mas de lo que podemos imaginar”, "Mi pasado, Señor, lo confío a tu misericordia, mi presente a tu amor, mi futuro a tu providencia". Si Dios cuida de sus creaturas mucho mas cuidara de ti que eres su hija o hijo. Dios los bendiga (Mateo 6, 26).