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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Hay fuertes señales de vida. La reforma migratoria no está muerta. La semana pasada se reunieron en Washington más de 700 congresistas y líderes de organizaciones civiles, iglesias, sindicatos y empresas para lanzar una campaña a nivel nacional que permita la legalización de millones de indocumentados. Y el próximo miércoles 17 de junio, en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama se reunirá con un pequeño grupo de republicanos y demócratas para planear los pasos concretos que culminen con una reforma migratoria este año.

Sí, este año. Si no hay reforma migratoria este año –como lo prometió Barack Obama en su campaña- el próximo sería casi imposible. En el 2010 habrá elecciones congresionales y los políticos estarán más interesados en la reelección que en los indocumentados (que no votan).

En el 2011 es muy posible que la popularidad del presidente Obama vaya cayendo y que se haya acabado casi todo su capital político. Es normal. Le ha pasado a casi todos los presidentes, incluyendo a Ronald Reagan. Y en el 2012 estaremos en plena campaña presidencial y ese año no pasa nada.

Así que el año de la reforma migratoria es este 2009 o a principios del otro. Pero un largo retraso significaría, casi seguro, su muerte. Y significaría, también, que crecería el problema y el número de indocumentados.

Este año se dan tres condiciones que hace mucho tiempo no coincidían y que, quizás, no se vuelvan a repetir: uno, un presidente sumamente popular; dos, un partido político (el Demócrata) controlando el congreso y la Casa Blanca: y tres, un presidente que prometió una reforma migratoria en su primer año de gobierno. Es la “tormenta perfecta”.

Uno de los mejores argumentos a favor de legalizar a la mayoría de los 12 millones de indocumentados que hay en el país es que la alternativa no existe. Es decir, no me puedo imaginar los videos por televisión y en la internet de agentes federales y policías deteniendo, arrestando, esposando y deportando en camiones y aviones a millones de niños, mujeres y trabajadores indocumentados a sus países de origen.

Estados Unidos no es un país que se atrevería a cometer semejante atropello. Entonces lo único que nos queda es arreglar lo que hoy no funcionar. Y el sistema de migración de Estados Unidos no funciona.

Estados Unidos no controla sus fronteras, ni trata con compasión a los indocumentados. Las redadas y la separación de familias no es la manera correcta
de arreglar un problema que tiene su origen en las enormes diferencias de sueldo entre Estados Unidos y América Latina. Y para cambiar las cosas se necesita el apoyo de 279 personas. Nada más y nada menos. Llamémosle el Proyecto 279.

Para que haya una reforma migratoria se necesita el voto de 218 miembros de la Cámara de Representantes, de 60 senadores y la firma del presidente Obama. Y hasta el momento lo único seguro es la firma presidencial.

La congresista de Nueva York, Nydia Velázquez, me dijo hace poco que ella calculaba que ya tenían 210 votos en la Cámara de Representantes. Hay demócratas que se rehúsan a votar por una reforma migratoria pero hay republicanos que lo están considerando. Se necesitan 8 votos más. En el senado la cosa también está complicada. El ex senador y actual Secretario del Interior, Ken Salazar, me recordó que la última batalla por una reforma migratoria se perdió en el Senado a mediados del 2007. Y eso podría repetirse.

Aunque actualmente hay 59 Demócratas en el Senado, no todos votarían por una legalización de indocumentados. Así que se necesita urgentemente la ayuda del senador John McCain –quien propuso en el 2005 una reforma migratoria- y de otros Republicanos interesados en cambiar el sistema (y, de paso, en recuperar los votos del creciente electorado hispano). Sin Republicanos no hay reforma. Punto.

El Secretario Salazar cree que el debate en el congreso podría darse a finales de este año y me aseguró que, basado en sus conversaciones con el presidente Obama, él sí está comprometido en cumplir su promesa.

Sin embargo, el congresista de Illinois, Luis Gutierrez, -quien ha realizado una enorme gira en todo el país en busca de apoyo a la reforma migratoria- me dijo que eso podría ser demasiado tarde y que a él le gustaría ver el inicio del debate a finales del verano, a más tardar. Al final de cuentas de lo que se trata es, simplemente, de conseguir el apoyo de 279 personas. Eso es todo. Pero hay veces en que lo más sencillo es, también, lo más difícil de lograr.

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