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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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El primer viaje de Barack Obama a América Latina rompió prejuicios y esquemas que, en algunos casos, tardaron décadas en construirse. Barack Obama prometió cambios y cambios es lo que estamos viendo.

En dos días el presidente de Estados Unidos ha echado a andar una política totalmente nueva hacia latinoamérica.

Obama está dispuesto a hablar con la dictadura cubana. Eso no lo veíamos hace medio siglo. Obama saludó de mano a Hugo Chávez, a pesar de los insultos del presidente venezolano. George Bush siempre se le estuvo escondiendo a Chávez. Obama trató a México de igual a igual en la lucha contra el narcotráfico. Atrás quedó la época de las “certificaciones” de buena conducta de Estados Unidos al resto del continente.

Obama significa el fin del Big Brother. Como lo dijo en la Quinta Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, Estados Unidos no intervendrá en los asuntos internos de otros países de la región. Pero tampoco aceptará que le echen la culpa de todos los problemas del hemisferio. Dando y dando. Antes de que partiera a su primer viaje a la Ciudad de México y a Puerto España, tuve la oportunidad de conversar con el presidente en la Casa Blanca. Y, por lo que me dijo, ya se veían venir importantes cambios de política y de actitud.

“No creo que un viaje pueda cambiar una larga historia de sospechas”, me dijo, refiriéndose a la percepción generalizada de que Estados Unidos se había olvidado de América Latina por 8 años. “Pero sí creo que podemos empezar a hacer mejoras…Independientemente de que estos gobiernos sean de centro izquierda o centro derecha, todos están concentrandos en fortalecer su economía y en mejorar las oportunidades y la educación para nuestra gente”.

El mensaje de Obama es nuevo: “Dejemos de pelear las viejas peleas del siglo 20; ya estamos en el siglo 21…Tenemos que asegurarnos que nuestra política exterior esté basada en el respeto mutuo y en los intereses mutuos: se acabaron los días en que Estados Unidos era el big brother y el resto de los países eran el hermano menor”.

El cambio más evidente de ésta nueva actitud del gobierno norteamericano es con Cuba. Obama no quiere seguir el mismo camino que los otros 10 presidentes norteamericanos que fracasaron en sacar a Fidel Castro del poder. Por eso le quitó las restricciones a los viajes y remesas de cubanoamericanos a la isla. Ahora podrán viajar y enviar
todo lo que quieran. E incluso, estaría dispuesto a establecer contactos políticos y comerciales con el gobierno de la Habana.

Pero los críticos de Obama dicen que estas medidas, lejos de promover la democracia, refuerzan la dictadura. “Ese argumento se ha hecho por 50 años y nada ha cambiado”, les respondió el presidente.

“Así que mi actitud es que si empezamos a ver más viajes a Cuba, y si enviamos más remesas a Cuba que le ayuden a las familias cubanas, entonces les vamos a dar más poder y más recursos. Con el tiempo creo que podemos cambiar la dinámica en Cuba de manera que estas medidas promuevan la libertad, el derecho a la libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de viajar…El status quo durante 50 años no ha promovido la libertad y la democracia en Cuba…Estoy dispuesto a tratar cosas nuevas para romper los viejos patrones”.

El cambio en la actitud hacia México también es palpable. El sabe que los millones de norteamericanos que usan drogas y las armas estadounidenses son, en buena parte, culpables de la narcoviolencia en México. Por eso “es importante decir que no me has oído criticar al gobierno del presidente (Felipe) Calderón acerca de la violencia allá”, apuntó. “Al contrario, he reconocido su esfuerzo porque creo que están tomando unos pasos muy valientes y difíciles para enfrentar este problema”.

Y aunque no se quiso comprometer a prohibir el uso de armas de asalto en Estados Unidos -que muchas veces terminan en manos de narcotraficantes mexicanos- sí propuso una nueva filosofía de responsabilidad compartida: “Mi actitud es que Estados Unidos y México tienen que ser socios en este proceso”.

No me podía ir sin preguntarle sobre su promesa de campaña de legalizar a millones de indocumentados durante su primer año de gobierno. ¿Cumplirá su palabra a pesar de la actual crisis económica? “Yo voy, absolutamente, a cumplir mi promesa de buscar una reforma migratoria”, aseguró. Pero dejó claro que las cosas no dependen de él únicamente, sino también del congreso. “No puedo garantizar que tendré una ley sobre mi escritorio antes de que termine el año. Pero lo que sí puedo garantizar es que el proceso seguirá adelante”.

¿Suspenderá las redadas hasta que haya una reforma migratoria? “Como tú sabes, le pedí a Janet Napolitano, la secretaria de seguridad nacional, que revise las políticas respecto a las redadas y me van a llegar sus recomendaciones…Sigo creyendo que esto no
se puede resolver con redadas” que están separando a madres de sus hijos. Y por último, Obama habló de futbol. Sí. El –que jugó soccer cuando era niño en Indonesia y cuyas hijas también lo han jugado- quiere que Estados Unidos sea la sede de la Copa del Mundo en el 2018 o 2022.

“Creo que tener aquí la Copa sería algo enorme para este deporte en Estados Unidos”, concluyó. “Es el evento deportivo más grande del mundo ¿por qué no tenerlo en Estados Unidos?”

Obama ya no quiere que Estados Unidos sea el hermano mayor del continente. Y ahora, al menos en lo que se refiere al futbol, quiere invitar a todos a jugar a su casa. Pero a pesar de las mejores intenciones de Obama, será difícil olvidar que, en muchos sentidos, Estados Unidos sigue siendo el dueño del balón.

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