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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Dejemos las cosas en claro. Para Barack Obama, América Latina no es ni nunca ha sido su prioridad. Hay casi 30 vuelos diarios desde Chicago -donde vivía hasta hace 2 meses- a la Ciudad de México. Y Obama nunca antes hizo el vuelo de 4 horas y 10 minutos. Obama se tardó 47 años en cruzar la frontera sur de Estados Unidos para viajar a México y a la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Cuarenta y siete. Y ahora que (por fin) decidió hacerlo, podemos esperar muchas cosas de él pero no sorpresas.

De hecho, en estos viajes escucharemos al presidente de Estados Unidos decir casi lo mismo que cuando fue candidato. La congruencia es una de sus principales características.

Obama es una de esas personas que todo lo piensa mucho. En las dos entrevistas que he tenido con él, siempre hizo una pausa de uno o dos segundos antes de contestar a mis preguntas. A través de sus ojos casi se le puede ver cómo organiza sus pensamientos. Y cuando por fin habla, ya analizó todas las consecuencias de sus palabras. Basado en lo que me dijo durante la campaña presidencial, éste es una especie de avance de lo que podría decir Obama en América Latina:

- “Hay una conexión natural entre Estados Unidos y América Latina”.

-“Cuando se termine la guerra en Irak podremos volver a enfocar nuestra atención… en latinoamérica”.

- “Quiero unirme a países como Brasil para buscar formas más limpias de energía”.

-“Aprobé el Tratado de Libre Comercio con Perú pero me opongo al de Colombia hasta que tenga la confianza que no están matando ahí a líderes sindicales”.

En México repetirá el mensaje de “responsabilidad compartida” en la lucha contra el narcotráfico que ya había adelantado la Secretaria de Estados, Hillary Clinton. De hecho, el mismo Obama ha dicho “que tenemos que reducir la cantidad (de drogas) en Estados Unidos”.

Y luego, aprovechando el enorme rechazo del expresidente George W. Bush en México, Obama dirá que “es muy importante el acercarse al gobierno mexicano, de una manera en que la administración (de Bush) no lo ha hecho, para descubrir qué necesitan del otro lado de la frontera para promover el desarrollo económico y la creación de empleos”. Obama sabe que la mejor manera de ayudar a los mexicanos en México es ayudando a los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. Y no me extrañaría que repitiera su promesa de buscar
la legalización de 12 millones de indocumentados este mismo año.

Va a ser emocionante ver a Obama en México. Su elección –como el primer presidente afroamericano en un país que ha sufrido esclavitud y racismo- es una extraordinaria lección de tenacidad y optimismo para cualquier joven.

Lo más cercano que hemos tenido a un Obama en México fue Benito Juárez, un indígena Zapoteco que llegó a la presidencia en 1858. Y desde entonces seguimos esperando por una mayor igualdad para todos los mexicanos.

Pero el gran interrogante del viaje de Obama será Hugo Chávez. ¿Qué va a hacer el presidente de Venezuela en la reunión de 34 jefes de estado en Trinidad y Tobago? Eso nadie lo sabe.

Las cosas están tensas. Obama ha dicho que Chávez sí es “una amenaza, pero es una amenaza manejable. Sabemos, por ejemplo, que pudo haber estado involucrado con el apoyo a las FARC (Fuerza Armadas Revolucionarias de Colombia) y perjudicando a un vecino; ese no es el tipo de vecino que queremos”.

Chávez, por su parte, ha insultado a Obama llamándolo “pobre ignorante” y, si tiene la oportunidad, lo va a retar respecto a la política de Estados Unidos hacia Cuba. La liberalización de los viajes y el envío de remesas de los cubanoamericanos a la isla no es suficiente para el presidente venezolano. Chávez quiere, de entrada, el fin del embargo y la inclusión de la dictadura cubana en la Organización de Estados Americanos (OEA).

En campaña, Obama había asegurado que “iniciaría pláticas con nuestros enemigos en Cuba y Venezuela”. ¿Lo hará?

Es cierto que Obama nunca había ido a América Latina ni le interesaba mucho. Pero Obama es un gran estudiante y aprende rápido. Todos los ojos estarán clavados en él.

Y no es para menos. El hombre que cambió a Estados Unidos visita una de las regiones del planeta que más cambios necesita.

A ver qué se nos pega y a ver si ahora, por fin, nos hacen caso. Con que el viaje de Obama se convierta en punto de arranque para una nueva relación entre Estados Unidos y América Latina, basta y sobra. En medio de una crisis mundial, no podemos esperar mucho más.

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