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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Ya era hora. Desde que Barack Obama era candidato presidencial quería ir a México. Me lo dijo en una entrevista. Pero tras su viaje a Berlín, no quiso arriesgarse a que lo criticaran por preocuparse más por México que por la crisis económica que tronaba en Estados Unidos. Y no fue.

Obama, quien ha resultado ser un mago para medir los tiempos políticos, ha calculado correctamente que este es el momento propicio para visitar México. Son realmente inexplicables las acusaciones que saltan de un lado al otro de la frontera en este momento. ¿Acaso no hay teléfonos o internet? ¿Dónde están los embajadores, diplomáticos, cancilleres y jefes de prensa? ¿Por qué han subido de tono las disputas entre vecinos? Lo que hay ocurrido en las últimas semanas entre los gobiernos de México y Estados Unidos es un verdadero diálogo de sordos. Y, como si fuera un circo, mexicanos y norteamericanos se están peleando simultaneamente en dos pistas.

Primera pista. Funcionarios de Estados Unidos critican a México por ser un estado fallido y perder el control de su territorio frente a los narcotraficantes. Sólo en lo que va del año han muerto más de 1,500 personas en crímenes vinculados al narco. Por eso Estados Unidos está considerando enviar más soldados y miembros de la Guardia Nacional a la frontera.

Y México retacha las críticas diciendo que la culpa de la narcoviolencia son los 35 millones de norteamericanos mayores de 12 años de edad que han consumido cocaína, según una encuesta nacional de salud, y las armas de los narcos que en un 90 por ciento provienen de Estados Unidos.

Y como aceituna en el pastel, el propio presidente Felipe Calderón culpa a la revista Forbes de exaltar la violencia por incluir al narcotraficante Chapo Guzmán en su lista de los hombres más ricos del mundo. Y acá le contestan que la lista incluye a todos; a tramposos y no tanto. Y que si le preocupa tanto pues entonces que no permita que haya narcos como el Chapo que ganen tanta lana (y así ya no los ponen en la lista).

Segunda pista. Tras la prohibición de que camioneros mexicanos entreguen sus mercancías más allá de 25 millas dentro de territorio norteamericano, el gobierno de México le ha aumentado considerablemente los impuestos a decenas de artículos estadounidenses. O sea, ojo por ojo.

Pero en esta pelea los dos países salen noqueados. En juego están los $350 mil
millones en comercio entre ambas naciones y el Tratado de Libre Comercio (TLC). La prohibición y las sanciones se hubieran podido evitar con un cafecito o un viaje (clase turista, claro, ahora que estamos en crisis). No se hizo nada y ahora desenredar estos asuntos va a costar mucho. ¿Por qué México no envió a un funcionario de alto nivel a negociar a Washington antes que el congreso aprobara la ley que dejó fuera de Estados Unidos a los camioneros mexicanos? La esperanza es que Barack Obama acabe con el circo en dos pistas y lime asperezas con su visita a México el 16 y 17 de abril, y con el viaje de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton esta semana. ¿Qué mensaje llevará Obama a México?

Aquí está la respuesta. En una entrevista que realice el pasado 27 de septiembre en Carolina del Norte, el entonces candidato Obama habló sobre México en un tono totalmente conciliador. Y en vista a que el nuevo presidente se ha hecho famoso por su congruencia (y por el dicho "No Drama Obama"), el mensaje de Obama al presidente Felipe Calderón será el mismo que escuché en aquella entrevista.

"Lo que es absolutamente cierto es que tenemos que ser socios", me dijo Obama. "México tiene que hacer un mejor trabajo evitando que las drogas lleguen al norte y Estados Unidos tiene que hacer un mejor trabajo evitando que las armas y el dinero fluyan al sur; tenemos que lidiar con el asunto de la demanda de drogas".

Y luego de decir que estaba a favor del Plan Mérida (de cooperación antinarcóticos), dio todo su apoyo al presidente Felipe Calderón. "El está tratando de hacer algo muy difícil", me explicó, "no solo cortar de raíz el tráfico de drogas sino también acabar con la corrupción que rodea al narcotráfico".

Aunque la postura de Obama respecto al TLC sigue siendo una interrogante -¿qué quiere Obama: suspender, renegociar, fortalecer o dejar igual el TLC?- sí está conciente que a Estados Unidos le conviene un México fuerte económicamente. Su ecuación es sencilla: a más trabajos en México, menos indocumentados en Estados Unidos.

"Trabajar con México para reducir ahí la pobreza y crear trabajos y oportunidades", me dijo, "es la mejor fómula que tenemos para lidiar con (la inmigración indocumentada) a largo plazo".

Así que ya sabemos. La actitud de Obama hacia México siempre ha sido positiva. México se hubiera ahorrado muchos gritos y
sombrerazos con una simple llamada de Calderón a Obama. En cambio, prefirieron llevar la pelea al circo y ahora los leones ya se escaparan de la jaula.

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