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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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En medio de la crisis económica mundial podría resultar banal y superfluo hablar de las nuevas canas del presidente Barack Obama.

Sin embargo, si pensamos que esas canas pudieran ser producto de la crisis, entonces la cosa cambia. Canas y crisis van juntas.

Los principales periódicos y noticieros de Estados Unidos le han dedicado mucho espacio al rizado y corto cabello del nuevo presidente. La peliaguda noticia es que en solo dos meses en la Casa Blanca, Obama ha encanecido visiblemente.

No noté esas canas en las cuatro veces que vi de cerca a Obama el año pasado en entrevistas y debates. Otros tampoco lo notaron. Por eso las sospechas de que se las pintaba.

Pero su peluquero en Chicago durante 17 años, Zhariff, salió presuroso a desmentir a los que acusaban al mandatario de abusar del colorante artificial. El no se pinta las canas, dijo Zhariff.

Actualmente solo 5 de cada 100 hombres en Estados Unidos se pintan el cabello, de acuerdo con una encuesta hecha por Experian Simmons Research.

Y Obama, si le creemos a su peluquero que le corta el pelo cada dos semanas, no es de este grupito. (En comparación, 60 de cada 100 mujeres se pintan el pelo.)

El escritor y motivador argentino, Jorge Bucay, me hizo la observación que no ayuda a ningún candidato a la presidencia el tener canas.

Los electores generalmente buscan energía e ideas frescas en su nuevo líder. No canas. Pero una vez en la presidencia, ya no es necesario pintarse las canas porque ayudan a proyectar una imagen de buen juicio y sabiduría.

Bill Clinton terminó sus ocho años en la presidencia con una cabellera totalmente blanca y una cana al aire.

George W. Bush también acabó sus 8 años en la Casa Blanca absolutamente encanecido. Algunos culparon de sus blancos mechones a los actos terroristas del 9/11, a las dos guerras y a la peor crisis económica en 80 años. Pero él, con humor, le echó la culpa a sus dos hijas adolescentes.

Clinton, Bush y ahora Obama han encanecido en uno de los trabajos más difíciles y estresantes del mundo. Y, por lo tanto, la pregunta es si el estrés causa canas.

La
mayoría de los artículos periodísticos que leí sugieren que sí. Pero no hay ningún estudio científico que corrobore esta creencia. La teoría más sólida es que las canas son una simple cuestión hereditaria, según un estudio reportado por The Journal of Investigative Dermatology.

El estudio concluye que al cumplir los 50 años la mayoría de los hombres tenemos canas en la mitad de nuestra cabellera.

Esto explicaría mejor las canas de Obama, no el estrés de dos años de campaña y dos meses en la Casa Blanca. Obama tiene 47 años de edad.

Las canas surgen cuando los melanocitos en nuestro cuero cabelludo dejan de producir la melanina que da color a nuestro pelo.

Esto es parte del proceso normal de envejecimiento. Claro la genética, la nutrición y el cuidado del pelo tienen mucho que ver. Pero al final, la herencia gana: si tus padres fueron canosos, tú también lo serás.

Esto se los cuenta alguien que a los 28 años de edad se descubrió su primera cana. Mi hija Paola acababa de nacer y me pareció lógico culpar de ese pelo incoloro y rebelde a las nuevas responsabilidades que me caían encima.

Luego me di cuenta que Paola, lejos de complicarme la vida, la simplificó. Nada sería más importante que ella. Y por lo tanto ya no le pude echar la culpa de los regimientos de canas que pronto conquistaron mi copete y las patillas.

Hoy, que estoy cumpliendo 51 años, ya no queda rastro del pelo castaño claro con que aparezco en las fotografías de niño y adolescente.

Lo que me ocurrió en la cabeza fue un jolgorio: mis cabellos medio güeros se esfumaron y han sido reemplazados por otros de colores y formas irreconocibles.

Lo único alentador de todo esto es que más canas no significan necesariamente menos vida.

El diario The New York Times acaba de reportar sobre un estudio entre 20 mil hombres y mujeres de Dinamarca que no encontró ninguna relación entre ataques cardíacos y canas, calvicie o arrugas.

Al final de cuentas, las canas y arrugas son el mapa de nuestras batallas y del camino recorrido.

Y en cuanto a Obama, bueno, les aseguro que en estos momentos las canas, independientemente de su origen, es lo que menos preocupa al nuevo presidente. Tiene muchas otras cosas más con qué llenar su cabeza.

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