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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Las redadas no han parado con la presidencia de Barack Obama. Es verdad que el presidente tiene muchas cosas en la cabeza, incluyendo dos guerras y la peor crisis económica a nivel mundial en 80 años. Pero Obama en la Casa Blanca no se puede olvidar de los inmigrantes y de sus promesas de campaña.

El pasado 24 de febrero -el mismo día que el presidente Obama habló por primera vez al Congreso en pleno- se realizó una masiva redada en una planta de la población de Bellingham, en el estado de Washington. Veinticinco hombres y 3 mujeres fueron arrestados por estar ilegalmente en Estados Unidos. Casi todos nacieron en México y seguramente serán deportados.

Lo interesante de redadas como ésta es que no se detuvieron a criminales ni a terroristas sino, simplemente, a trabajadores de una fábrica llamada Yamato Engine Specialists. Y esta redada es igual a las que se realizaban en la presidencia de George W. Bush.

La nueva directora del Departamento de Seguridad Interna (DHS), Janet Napolitano, no se enteró de la redada hasta después que se realizó, según reportó el periódico The New York Times. Y luego que se enteró, Napolitano ordenó una investigación. Pero está claro que algo no funciona bien cuando la jefa no se entera de lo que hacen sus subordinados. Y habrá que darle, también, el beneficio de la duda al presidente Obama. Es imposible que él sepa lo que hacen todos y cada uno de los casi dos millones y medio de empleados del gobierno federal. Es probable que él tampoco se enterara de la redada hasta horas después. Sin embargo, ahora sí está en sus manos poner un alto a todas las redadas hasta que sea aprobada una reforma migratoria en el congreso de Estados Unidos.

"No creo que sea la manera norteamericana de hacer las cosas el arrestar a una madre, separarla de su hijo y deportarla, sin medir las consecuencias", me dijo Obama durante una entrevista como candidato a la presidencia. Esas declaraciones chocan frontalmente con la redada realizada en Washington. Varias familias serán separadas como consecuencia de los arrestos y deportaciones tras la redada.

Entre 1997 y el 2007 hubo más de 2 millones de personas deportadas de Estados Unidos, según cifras del propio Departamento de Seguridad Interna. Y de ellos, más de 100 mil eran padres o madres de niños norteamericanos, nacidos en Estados Unidos. Es decir, que las redadas y
deportaciones están afectando gravemente, incluso, a ciudadanos estadounidenses.

Durante la pasada Convención Nacional Demócrata el partido de Obama dijo que "las redadas no son efectivas (y) separan a familias". Y fue precisamente con ese mensaje que Obama obtuvo el voto de casi 7 de cada 10 hispanos. Ahora no se puede echar para atrás.

Barack Obama tiene que hacer algo respecto a las redadas. Pronto. Entiendo que tiene otras prioridades. Pero mientras busca tiempo y apoyo para iniciar un proceso de legalización, con una simple firma puede detener todas las redadas migratorias en contra de personas que no sean criminales, terroristas o un peligro para Estados Unidos.

Barack Obama es hijo de un inmigrante de Kenya. El gobernador de Luisiana, Piyush "Bobby" Jindal -quien dio la respuesta Republicana al discurso de Obama ante el congreso- es hijo de inmigrantes de la India. Estados Unidos se parece cada vez más a ellos dos. Y por eso, en honor a la generosa tradición de Estados Unidos con los inmigrantes, Obama no le puede dar la espalda a los extranjeros que llegaron después que su padre.

No hay nada más brutal que cuando se separa a una familia por la fuerza. El nuevo gobierno de Barack Obama, si quiere ser congruente con sus promesas de campaña, no puede dedicarse a usar el dinero de los contribuyentes para separar a familias de trabajadores que están ayudando a Estados Unidos a salir de la crisis.

Detener las redadas. Ese debe ser el primer paso para una nueva política migratoria. No hacer más daño. Eso es lo que esperaban millones de hispanos cuando votaron por Obama y ahora es el momento de cumplir.

La grandeza de un país se mide, no por la forma en que trata a los más ricos, sino por la manera en que cuida de los más pobres y débiles. Ellos son los hijos de los indocumentados. Y ellos esperan solo una cosa: que no los separen de sus padres.

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