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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Hoy será Barack Obama o John McCain. Solo uno llega. Pero tan importante como saber quién será el próximo presidente de Estados Unidos es saber que George W. Bush se va de la presidencia.

Los ocho años de 'W' serán recordados como los peores en la historia moderna de Estados Unidos, dentro y fuera del país. No es opinión. Aquí están los datos. Es el presidente más impopular que ha existido en Estados Unidos, desde que la empresa Gallup empezó a hacer sus encuestas. La última indica que 71 de cada 100 norteamericanos tienen una opinión negativa del actual mandatario. Bush es más impopular que Richard Nixon cuando fue obligado a renunciar.

En el resto del mundo Bush es igualmente rechazado. El Centro de Investigación Pew realizó un estudio en 24 países del mundo -incluyendo Argentina, Brasil y México- y encontró que la popularidad de Bush pasó del 78 por ciento (antes del inicio de la guerra en Irak en marzo de 2003) al 37 por ciento a mediados de este año.

20 de enero de 2001

Cuando George Bush entró en la Casa Blanca, el 20 de enero del 2001, el gobierno no debía dinero -existía un superavit-, Estados Unidos no estaba involucrado en ninguna guerra y la palabra "terrorismo" se usaba sólo en referencia a otros países. Pero las cosas han cambiado mucho en 8 años.

El principal legado de Bush será, sin duda, la invasión a Irak. Es una guerra que comenzó por las razones equivocadas -ahí nunca se encontraron, como aseguraba Bush, armas de destrucción masiva, ADM- y contra un país que no atacó a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

El dictador iraquí, Saddam Hussein, ya está muerto. Pero el verdadero responsable de los actos terroristas en Nueva York y Washington -Osama bin Laden- sigue vivito y coleando en las montañas que separan Paquistán y Afganistán.

Más de 4 mil soldados norteamericanos y al menos 88 mil civiles iraquíes han muerto, según cifras del Pentágono y del proyecto Iraq Body Count (www.iraqbodycount.com). Y el costo de la guerra es tan grande
que, sin duda, es una de las razones que han arrastrado a Estados Unidos a la actual crisis financiera.

Para finales de este año, es posible que hasta 3 millones de personas hayan perdido sus casas. Desde luego, es una culpa compartida entre los bancos que otorgaron préstamos a personas que no los podían pagar y de un gobierno que se hizo de la vista gorda.

Bush confió ciegamente en que los mercados se autorregularían. Se equivocó. Esa mano invisible nunca apareció. Y ahora todos estamos pagando, literalmente, las consecuencias. Tengo amigos que están a punto de jubilarse y que perdieron en tres semanas lo que ahorraron en su fondo de retiro (401K) durante tres décadas.

Esta falta de acción gubernamental ante una crisis también caracterizó la respuesta del gobierno de Bush en Nueva Orleáns tras el paso del huracán Katrina en 2005. Durante días Bush no se apareció en la ciudad, que quedó destruida, y donde flotaban cadáveres por las calles inundadas.

Fue en ese momento en que Bush empezó a caer. Lo recuerdo perfectamente. A las críticas por la lentísima e ineficiente reacción de su gobierno en Nueva Orleáns, siguieron nuevas críticas por el manejo de la guerra. Y se desplomó la imagen presidencial. Las encuestas cayeron detrás de él. Y en la actual campaña electoral ni siquiera los candidatos al congreso de su propio partido querían aparecer en la misma fotografía.

A nivel personal, recuerdo perfectamente que Bush nos prometió en varias entrevistas que haría de México su prioridad, que se acercaría a América Latina y que legalizaría a millones de indocumentados. No cumplió y no pudo.

Bush prácticamente ignoró a América Latina -con la excepción de un par de tratados de libre comercio y el Plan Colombia- y su gobierno terminó por concentrarse en redadas y en la detención de indocumentados. Esa estrategia -muy lejana al trato "compasivo" que prometió al principio de su gobierno- separó a miles de familias hispanas, incluyendo a muchas con niños que son ciudadanos norteamericanos.

Y ni él ni el congreso, dominado por los Demócratas, resolvieron el serio problema migratorio. Se lo heredan, multiplicado, al que sigue.

Es cierto que Bush pudo proteger a Estados Unidos frente a otro ataque terrorista en territorio norteamericano. Hay que darle crédito. Pero eso no significa, tampoco, que Estados Unidos esté ahora más seguro que antes.

Tras los enormes vacíos que deja Bush, creo en la enorme capacidad de Estados Unidos de reinventarse. Lo
ha hecho antes y lo volverá a hacer. Estados Unidos es un país que casi nunca se atora en el pasado y que está acostumbrado a ver hacia el futuro. Es el sorprendente poder de esta democracia. Cuando algo o alguien no funcionan, es o son reemplazados. No todos los países pueden decir lo mismo.

Y el mundo sigue creyendo en Estados Unidos. Un ejemplo. Tras explotar la crisis financiera a nivel mundial, ¿qué hicieron los inversionistas? Comprar dólares y bonos de la tesorería norteamericana. Es una muestra inequívoca de confianza en el sistema.

Pero para millones de personas, dentro y fuera de Estados Unidos, el cambio pocas veces se había tardado tanto en llegar.

Por eso es tan importante el que hoy llega a la presidencia como el que se va.

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