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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Ahí estaba. Sarah Palin. La mujer que atrae a miles de simpatizantes republicanos a sus mítines de campaña por todo Estados Unidos y, también, las más hirientes críticas de sus adversarios. El pasado fin de semana fue un ejemplo perfecto de esta figura política que, simultáneamente, jala y repele. La noche del sábado más de 14 millones de personas sintonizaron el programa Saturday Night Live (de la cadena NBC) para verla junto a la actriz, Tina Fey, quien la imita casi a la perfección. Fue un record de audiencia.

Pero solo unas horas después, el domingo por la mañana, el ex secretario de estado, Colin Powell, dijo en televisión nacional que él no creía que Sarah Palin estuviera preparada para ser presidenta de Estados Unidos y anunció su apoyo a Barack Obama.

"Estamos muy sorprendidos por ese apoyo (de Powell a Obama)", reconoció la gobernadora de 44 años de edad. Y luego me dijo que estaba muy entusiasmada de que John McCain, el candidato republicano a la presidencia, tuviera el apoyo de otros cuatro ex secretarios de estado.

"Eso significa mucho". Sarah Palin no cree que su candidatura le esté afectando negativamente al intento de McCain de llegar a la Casa Blanca. "Creo que le añado algo positivo a la campaña", me contestó con una sonrisa. Y después me hizo una lista de su experiencia como alcalde, gobernadora, dueña de un negocio pequeño y de sus esfuerzos para imponer orden y regulaciones a un estado que produce energía para el resto del país.

"La experiencia ejecutiva que tengo es mayor, incluso, que la de Barack Obama". La candidata reafirmó su acusación de que Barack Obama "ha trabajado junto con un ex terrorista en Estados Unidos". Y aunque se negó a llamarle "socialista" a Barack Obama, me dijo que entiende por qué algunos votantes podrían pensar eso. Esto no es nuevo. De hecho, los ataques directos a Barack Obama se han convertido en una constante en casi todos los eventos de campaña de Palin y McCain. Lo que sí es nuevo es escuchar a la gobernadora de Alaska hablar sobre los inmigrantes indocumentados. "¿Cuántos inmigrantes indocumentados hay en Alaska?", le pregunté. "No lo sé, no lo sé", me contestó. "Esa es una buena pregunta".

Palin no está de acuerdo en darle una amnistía a los 12 o 13 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. "No, no estoy de acuerdo, no debe haber amnistía
total", me dijo. Sin embargo, tampoco está de acuerdo en que sean deportados.

"No hay ninguna posibilidad de arrestar a todos los indocumentados… Es una imposibilidad y, además, no es una forma humana de lidiar con este asunto".

Palin, al igual que McCain, propone reforzar primero la frontera con México para que crucen menos indocumentados. Y una vez que eso se logre, ofrecerle a los indocumentados que no han cometido crímenes la oportunidad de legalizar su situación migratoria. Sarah Palin ha viajado a México en tres ocasiones. Ha estado en Puerto Vallarta de vacaciones. Pero está convencida en que el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TLC) no debe ser renegociado, como ha sugerido Barack Obama. "No debemos renegociar el TLC en este momento", apuntó. "Eso es muy peligroso".

La gobernadora se reunió recientemente en Nueva York con el presidente colombiano, Álvaro Uribe. Pero cuando le pregunté si se debería retrasar la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Colombia hasta que se detuvieran o disminuyeran las actuales violaciones a los derechos humanos -según reportó Human Rights Watch Americas-, ella no tuvo dudas.

"Apoyo el Tratado de Libre Comercio (con Colombia)", me dijo. "No deben verse con miedo los tratados de libre comercio. Al contrario, nos hacen trabajar más y la competencia es buena para todos". Ella no cree que haya que reunirse con Fidel y Raúl Castro sin condiciones. "Espero poder visitar una Cuba libre", me explicó. "Lo que los hermanos Castro deben hacer es irse".

Durante un discurso en Wisconsin, escuché a la candidata llamarle "dictador" a Hugo Chávez. Y le pregunté si ella descartaba el uso de la fuerza militar en contra del actual gobierno de Venezuela. Y me dijo que sí. "La acción militar tiene que ser la última alternativa", me aseguró la madre de un soldado -Track- que actualmente está luchando en Irak. "Odiamos la guerra. Queremos la paz. A través de negociaciones o sanciones queremos poner presión en un dictador como Hugo Chavez para hacerle saber que no se puede meterse con los Estados Unidos de la manera en que lo ha estado haciendo", dijo.

"Nada que ver conmigo"

Sarah Palin, en menos de dos meses, se ha convertido en una parte de la cultura popular de Estados Unidos. Hay muñecas con su nombre y los lentes que usa se han agotado. Y por eso le pregunté al terminar la entrevista, si ella, muy a su pesar,
se había convertido en una celebridad.

"Esto no tiene nada que ver conmigo a nivel personal", concluyó. "Yo sé lo que está pasando aquí. La gente quiere un cambio, quiere una nueva visión, nueva energía, nuevas caras… No tiene nada que ver conmigo, es lo que los norteamericanos quieren".

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