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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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La contienda por la Casa Blanca está tan cerrada que todo podría definirse en tres debates presidenciales, y uno entre los candidatos a la vicepresidencia. No me invitaron a participar. Qué pena. Cualquier periodista moriría por estar ahí. Pero igual estoy preparando mis preguntas.

Los tres debates presidenciales entre John McCain y Barack Obama están programados para el viernes 26 de septiembre, el martes 7 de octubre y el miércoles 15 de octubre. Y el único debate entre el candidato demócrata a la vicepresidencia, Joe Biden, y la candidata republicana, Sarah Palin, será para el jueves 2 de octubre.

¿Se fijaron? Todo debe parecer equitativo. Todos los debates son en un día distinto de la semana (aunque los lunes, sábados y domingos se sientan discriminados). Tres hombres (Jim Lehrer de PBS, Tom Brokaw de NBC y Bob Schieffer de CBS) y una mujer (Gwen Ifill de PBS) serán los moderadores. Pregunta ¿por qué no dos mujeres? Eso que lo conteste la Comisión de Debates Presidenciales.

Los debates durarán 90 minutos. Lo interesante es que el formato de dos de los tres debates permitirá a los candidatos presidenciales discutir entre sí. Y en el otro debate, la gente en una audiencia podrá hacer preguntas y varios más lo podrán hacer a través de internet.

Lo que me gusta de estos debates es que tendremos cuatro horas y media para conocer a Obama y a McCain. Sé de noviazgos que se han dado en menos tiempo. Pero aquí es muy importante escuchar por qué esta elección es de vida o muerte. No exagero. McCain u Obama tendrán en sus manos el futuro de alrededor de 130 mil soldados norteamericanos en Irak. Más de 4 mil ya han muerto. Y yo quisiera saber cómo se define una victoria militar en Irak. ¿Cómo se puede ganar una guerra sin saber claramente quién es el enemigo? ¿Son los rebeles sunitas o los chiítas o Al-QKaeda? ¿Quién?

¿Cómo y cuando terminar con una guerra que comenzó por las razones equivocadas -en Irak no encontraron armas de destrucción masiva- y contra un país que no atacó a Estados Unidos -el gobierno de Saddam Hussein no tuvo nada que ver con los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001- y que está costando $100 mil millones por año? Me parece que estas preguntas pueden iniciar cualquier
debate.

Lo curioso es que para la mayoría de los norteamericanos el tema más importante de esta elección no es la guerra, sino la economía. Más que el preocupante aumento de mujeres que se suicidan con explosivos en lugares públicos en Irak, el asunto que atormenta en Kansas y Arkansas es si van a perder su casa, su trabajo y sus ahorros.

En los últimos días hemos visto cómo los problemas de media docena de bancos y corporaciones financieras han hecho perder mucho dinero a mucha gente, igual a ricos que pobres. La pregunta es: ¿quién está mejor preparado para enfrentar la peor crisis económica desde 1929?

Quiero escuchar los planes de los candidatos sobre por qué debo dejar mi dinero en el banco y no guardarlo debajo del colchón (una opción muy atractiva en estos tiempos de turbulencia).

¿A quien le confío mis ahorros y el dinero para la universidad de mi hijo? ¿A Barack, a John, a Joe o a Sarah?

A ninguno de los cuatro, si le hacemos caso a un reciente comentario de Carly Fiorina, la ex jefa de la corporación Hewlett-Packard. Ninguno de los cuatro podría manejar una gran corporación, aseguró. Entonces, si ninguno de los cuatro puede manejar una empresa grande ¿cómo confiarles la administración del país más rico del mundo?

Otro tema. Estoy sorprendido que ni Obama ni McCain hayan hecho fuertes declaraciones públicas denunciando la masacre durante la celebración de la independencia de México en la ciudad de Morelia y que culminó con la muerte de 7 personas y más de 100 heridos. Nada dijeron -¿por qué ese olvido?- aunque los temas de terrorismo y narcotráfico deberían ser una prioridad (junto al de inmigración) en la agenda bilateral.

McCain y Obama tampoco dijeron nada sobre los últimos insultos de Hugo Chávez contra Estados Unidos -tan obscenos que no se pueden reproducir aquí- y sobre la expulsión del embajador norteamericano en Caracas y del embajador venezolano en Washington. ¿Acaso no es importante lo que diga y haga el líder de uno de los principales países exportadores de petróleo a Estados Unidos?

El pretender estar ciegos y mudos a lo que dice Chávez no debe ser uno de los pilares de la política exterior de Estados Unidos en Latinoamérica.

Estados Unidos, a veces, se convierte en una isla. No tiene ojos para ver hacia fuera. Sus problemas internos lo consumen. Pero el próximo presidente está obligado a ligarse con el mundo de una
manera muy distinta a la de George W. Bush.

La esperanza es que Obama o McCain, cualquiera de los dos, sea mucho mejor que el actual presidente. Lo menos que se espera del nuevo presidente es que deje el país mejor que cuando lo recibió. Bush no pudo.

Tengo muchas más preguntas pero no más espacio. Así que, como dicen por ahí, se las dejo de tarea a los moderadores. Y estaré, igual que millones en todo el mundo, pegado al televisor para ver los debates.

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