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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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La visita de Benedicto XVI a Estados Unidos llama la atención por ser la primera como Papa y nada más. No hay cambios ni se abren nuevos debates. Después de todo, Joseph Ratzinger es conocido por defender los valores más tradicionales de la iglesia católica. Viaja pero no cambia. "Recuerde que la iglesia católica no está en un proceso continuo de cambio", me dijo en una entrevista el cardenal Roger Mahoney, de la Diócesis de Los Angeles. Es cierto.

Quizás eso explique por qué tantos católicos están dejando la iglesia en Estados Unidos. Tres de cada 9 personas que fueron criadas como católicas, ya no lo son, según un estudio del Centro Pew.

¿Y a dónde se van? La mayoría deserta hacia congregaciones cristianas con prácticas más modernas, donde los pastores pueden casarse, donde las mujeres tienen más acceso a los mismos puestos que los hombres y donde se acepta la sexualidad humana con menos restricciones. La iglesia católica, por ejemplo, insiste en prohibir el uso de condones. No son aceptados, ni siquiera dentro del matrimonio, para el control de la natalidad ni para evitar el contagio del virus del sida. Y Benedicto XVI, quien fue el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -cuyo objetivo es marcar las pautas morales en todo el mundo católico-, no será el Papa que apruebe el uso de preservativos.

"El Papa ha dicho muchas veces que es más importante cambiar la mentalidad y respetar la dignidad de la persona", me dijo el cardenal Mahoney, "especialmente a la mujer". Pero es difícil que pegue ese mensaje en un país donde los jóvenes tienen sus primeras relaciones sexuales a los 15 y 16 años de edad.

Mahoney, quien está a cargo de la diócesis más grande de Estados Unidos, lo sabe. "Es muy difícil seguir a Jesucristo, muy difícil seguir sus enseñanzas doctrinales. Pero todo está enfocado en el respeto a la dignidad de cada persona". Es muy significativo que Benedicto XVI haya decidido viajar a Washington y a Nueva York, pero no a Los Angeles. Fue ahí donde se registró la mayoría de los casos de abuso sexual de sacerdotes en contra de niños y menores de edad.

La Diócesis de Los Angeles se gastó $660 millones para cerrar 508 casos de abuso sexual, corriendo así el riesgo de irse a la bancarrota. La mayoría de los casos ocurrieron en las décadas de 1950, 60 y
70.

Los Papas no dan entrevistas a la prensa. Ni se equivocan. O por lo menos eso es lo que creen los defensores de la infalibilidad papal. Pero la realidad es que hubiera sido muy difícil para Benedicto XVI ir a Los Angeles y no ser cuestionado sobre ese tema.

Ratzinger fue uno de los principales funcionarios de la iglesia católica cuando la política del Vaticano era manejar las denuncias de abuso sexual en secreto y de manera interna. No se enviaba a los sacerdotes pedófilos a la policía. Varios casos culminaron trágicamente y sin castigo con la transferencia del religioso en cuestión a otra parroquia.

"¿Por qué la iglesia católica ocultó a criminales?", le pregunté a Mahoney. "Durante esas tres décadas hubo muchos problemas y no sabemos por qué", me respondió el líder espiritual de más de 3 millones de feligreses. Y luego apuntó: "Hemos tomado muchos pasos para proteger a todos en la iglesia católica".

Ratzinger no es un Papa muy popular en Estados Unidos. Sólo 52 de cada 100 norteamericanos tiene una opinión favorable de él, según un sondeo hecho el mes pasado por el Centro Pew. En cambio, un 76 por ciento de los norteamericanos tenía una visión positiva de Juan Pablo II (en junio de 1996).

Es, tal vez, una cuestión de edad. Juan Pablo II fue elegido Papa cuando tenía 58 años de edad. Benedicto XVI –quien fue descrito por el cardenal angelino como "muy inteligente pero siempre humilde"- comenzó su papado a los 78. Y salvo notables excepciones, los hombres de esa edad, independientemente de su religión, no suelen cambiar los principios que han regido toda su vida.

Por eso Benedicto XVI no será el Papa del cambio. Y si su vestimenta es un indicio, más bien ratificará valores del pasado. El Papa suele usar capas que durante décadas han estado en desuso incluso en el mismo Vaticano.

La misión del Papa, me recordó Mahoney ya para terminar, es llevar el evangelio -no cambios radicales- al mundo de hoy. De acuerdo. Pero no deja de intrigarme el viajero que llega a un nuevo país y espera que todos cambien a su alrededor… menos él.

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