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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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El senador republicano de Arizona, John McCain -quien prácticamente se aseguró la nominación tras la salida de Mitt Romney-, no cree que su edad debería ser un asunto de campaña. "Tengo 71 años y dije que estaría más activo en la campaña que mis contrincantes, y lo he hecho", me dijo en una reciente entrevista. "Obviamente se necesita un buen juicio y eso viene de la experiencia y el conocimiento".

Cuando McCain fue enviado a pelear en la guerra de Vietnam, en 1967, Barack Obama, el más jóven de los precandidatos presidenciales, apenas tenía 6 años de edad. Pero precisamente por eso Barack (de 46 años) dice que él -no McCain ni Hillary Clinton (quien tiene 60 años de edad)- es el puente al futuro y al cambio en Estados Unidos. Y su mensaje ha resonado con increíble entusiasmo, sobre todo, entre los jóvenes.

Nadie cuestiona la experiencia militar de McCain. Muchos, incluso, lo consideran un verdadero héroe luego de pasar 5 años y medio como prisionero de guerra en la ciudad de Hanoi en Vietnam. Por eso tiene peso su opinión sobre la actual guerra en Irak.

¿Fue necesaria la guerra en Irak –le pregunté- aunque nunca encontraron ahí armas de destrucción masiva? "Sí", contestó sin dudarlo. "Saddam Hussein había usado armas de destrucción masiva, las estaba tratando de conseguir otra vez y las hubiera vuelto a usar. El fue uno de los más brutales dictadores de la historia".

McCain apoyó el aumento de tropas en Irak, ha dicho que Estados Unidos quizás se quede "100 años" en ese país y, como presidente, no retiraría a las tropas norteamericanas. "No voy a rendirme y sacar la bandera blanca como la senadora Hillary Clinton quiere hacer", me dijo.

Este senador del estado fronterizo de Arizona es considerado moderado debido a su posición respecto a los inmigrantes indocumentados. En el 2007 apoyó en el senado, sin éxito, legalizar a millones de indocumentados.

Pero luego, al darse cuenta que su defensa de los indocumentados podría costarle la nominación de su partido –y el rechazo de los republicanos más conservadores-, cambió su estrategia.

"Yo propongo asegurar primero nuestras fronteras", dijo. Pero eso es algo que nadie ha podido lograr. En promedio, cada minuto un indocumentado entra y se queda en Estados Unidos.

"Lo que estoy diciendo es que en uno o dos años podemos sellar la frontera, y entonces podremos hablar de la otra parte". La 'otra parte' es la legalización
de indocumentados. Y esa es la parte difícil. La última vez que algo así ocurrió fue en 1986.

Una de las grandes contradicciones de la política exterior norteamericana es que apoya a unas dictaduras pero rechaza a otras. Y se lo dije. Estados Unidos tiene relaciones diplomáticas y comerciales con dictaduras como Paquistán y China. Pero McCain, al igual que el gobierno norteamericano, se rehúsa a establecer relaciones con Cuba. ¿Por qué?

"Porque ahí hay un dictador que patrocina a organizaciones terroristas y que trata de socavar la democracia en la región y en el mundo", me dijo, para luego sorprenderme con una confesión. "Y a nivel personal, hay una persona que estoy buscando en Cuba y que estuvo en los campamentos de prisioneros en Hanoi (durante la guerra de Vietnam) y que torturó a mis amigos; lo quisiera encontrar… No conocemos su nombre, pero sabemos quien es… y ese es el tipo de persona que gobierna Cuba". Terminé la entrevista recordándole al senador que si no aumentaba el número de latinos que votan por el partido Republicano corría el riesgo de perder la elección presidencial.

La última encuesta del Pew Hispanic Center indica que sólo el 23 por ciento de los hispanos se identifica con los republicanos.

Y la historia reciente sugiere que si el voto latino no aumenta a por lo menos el 30 por ciento, es muy posible que fracase.

McCain -el guerrero, el eterno optimista, el prisionero de guerra que fue liberado, el candidato que estuvo a punto de retirarse y que ahora está a punto de amarrar la nominación republicana- reconoció que su partido estaba en problemas con los latinos, pero no él.

"Obtuve el 70 por ciento del voto hispano en mi última reelección al senado de Estados Unidos", me comentó. "Tengo amplias relaciones con la comunidad hispana y estoy muy orgullo de esto".

McCain, como si fuera su última batalla, está buscando aliados y espera encontrarlos entre los votantes hispanos. Sin ellos, lo sabe, no podrá llegar a la Casa Blanca. Para McCain no hay después. Es, literalmente, ahora o nunca. A McCain le sobran muchas cosas -valor y persistencia, se me ocurre- pero no tiempo.

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