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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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El no los secuestr. Pero le toca negociar su liberacin. O al menos tratar. El presidente colombiano Alvaro Uribe se queja de la creciente presin internacional que recibe su gobierno para lograr la liberacin de unos 700 rehenes en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero la presin, cree Uribe, debera estar dirigida contra las FARC y no contra su gobierno.

La realidad es que para liberar a los secuestrados el gobierno de Uribe tiene que negociar con un grupo al que l insiste en llamar "terrorista". Y, por ahora, hay muy pocas cosas que est dispuesto a hacer. A finales del ao pasado, en una entrevista en Nueva York, le pregunt a Uribe si l despejara una parte del territorio colombiano para negociar el canje de secuestrados por guerrilleros encarcelados.

"No", fue su respuesta contundente. "Eso nunca lo haremos en este gobierno". La verdad es que si los guerrilleros de las FARC quieren liberar a algunos secuestrados, no se necesita sacar a la polica y al ejrcito colombiano de ningn territorio. Basta que los dejen libres en la selva, hagan una llamada para avisar dnde estn y en menos de una hora ya los estaran recogiendo sus familiares.

Pero las FARC necesitan legitimidad poltica. Quieren quitarse de encima el calificativo de "terroristas", como lo propuso el presidente venezolano Hugo Chvez; quieren que los gobiernos del planeta y las instituciones internacionales los tomen en serio -- y por lo tanto desean un territorio despejado desde el cual puedan maniobrar con libertad, enviar su mensaje al mundo y, eventualmente, liberar a algunos de sus rehenes.

Uribe no quiere hacer lo que hizo el ex presidente Andrs Pastrana. Para tratar de negociar la paz con las FARC, Pastrana despej 42,000 kilmetros cuadrados de territorio -- equivalente a la superficie de Suiza -- y al final de cuentas no logr nada. Por eso Uribe considera que lo hecho por Pastrana fue un error gubernamental que fortaleci a la guerrilla.

Pero Pastrana insiste en que despejar temporalmente -- como l lo hizo en la zona de El Cagun en 1999 -- no compromete la soberana de Colombia y permite negociar la paz y la liberacin de rehenes. De hecho, Pastrana considera que Uribe ya despej una zona -- la de Ralito entre el 2003 y el 2006 -- para permitir la desmovilizacin de miles de paramilitares. (Uribe no le llam despeje sino "zona
de encuentro".) Y se pregunta por qu Uribe hizo esa concesin a los paramilitares y ahora se niega a hacer lo mismo con la guerrilla.

"El presidente Uribe ya despej", me dijo en una entrevista Pastrana. "No hay disculpa. Lo importante es que el presidente Uribe ya despej y que el presidente (est) dispuesto a despejar otra zona de encuentro".

Segn Pastrana, Uribe debe estar en absoluto control del manejo de la paz en Colombia "y no puede delegar el mayor problema que tenemos nosotros a un mandatario o a un gobierno extranjero". En otras palabras, Uribe no debe dejar el asunto de los rehenes en manos de Chvez.

Pero eso es precisamente lo que quisieran muchos familiares de los secuestrados. "Ojal que el presidente colombiano deje su orgullo a un lado y anteponga, primero, la vida y la libertad de los secuestrados, y permita que el presidente Chvez resuelva el problema", me dijo en una conversacin va satlite, Juan Carlos Lecompte, el esposo de la ex candidata presidencial secuestrada, Ingrid Betancourt. "Yo estoy seguro (de) que si el presidente colombiano le diera el aval, carta blanca, luz verde, al presidente Chvez, nosotros tendramos a muchos secuestrados libres en los prximos meses". As estn de complicadas las cosas. Unos, como Lecompte, le piden a Uribe que confe en Chvez la negociacin de la liberacin de los rehenes y otros, como Pastrana, le advierten que no lo haga por el alto costo a la soberana d e Colombia.

Pero Uribe est obligado a hacer algo. Los secuestrados se han convertido en el principal problema de su gobierno. No hay nada ms importante. Ni el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Pero me pregunto si Uribe est emocionalmente imposibilitado para negociar con quienes considera los responsables de la muerte de su padre. (Las FARC insisten en que no tuvieron nada que ver con el intento de secuestro y la muerte de Alberto Uribe Sierra en 1983.)

Si las FARC de verdad uieren ser reconocidas como una organizacin poltica, recuperar el terreno perdido y participar activamente en la vida de los colombianos, el nico gesto posible para alcanzar esos objetivos es liberar de manera unilateral a los rehenes y dejar de secuestrar. Pero algo tan sencillo es pedir mucho.

As que, por ahora, slo queda como opcin la intermediacin de la iglesia catlica, junto a Francia, Espaa y Suiza, y la oferta de Uribe
de una "zona de encuentro" con la guerrilla de las FARC, en "una zona rural, despoblada, una zona donde no haya cuarteles del ejrcito ni de la polica". Y mientras tanto, cientos de secuestrados languidecen en la selva.

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