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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Venezuela no es Chavezlandia o Chavezuela. Por ahora. Pero nos equivocaríamos (si creemos) que el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, va a desistir en su intento de eternizarse en el poder y cambiar el país a su imagen y semejanza.

A pesar de que Chávez perdió el referendo y no podrá cambiar la Constitución, todavía no lo he escuchado decir que va a dejar la presidencia en el 2013. Sus allegados ya están maniobrando en la Asamblea para ver cómo pueden poner en práctica los cambios que rechazó la mayoría de los venezolanos el pasado 2 de diciembre. Y ya se le ocurrirá algo a Chávez para romper su promesa de dejar el poder cuando lo indica la ley.

Esto no es nuevo. Chávez ya mintió una vez sobre sus verdaderas intenciones de entregar el poder y podría hacerlo de nuevo. Les cuento.

El 5 diciembre de 1998, durante una entrevista en Caracas, el entonces candidato presidencial Hugo Chávez me dijo: "Yo no soy un dictador." Y luego -- tras explicarle que muchas personas no lo consideraban un demócrata por haber intentado un golpe de Estado en 1992 -- le pregunté:

"¿Usted está dispuesto a entregar el poder después de cinco años?"

"Claro que estoy dispuesto a entregarlo", me dijo. "Yo he dicho que incluso antes ... si, por ejemplo, a los dos años yo soy un fiasco, un fracaso, o cometo un delito o un hecho de corrupción, o algo que justifique mi salida del poder, yo estaría dispuesto a hacerlo."

La realidad es que ya estamos en el 2007 y Chávez no cumplió su promesa de entregar el poder después de cinco años. Tampoco cumplió su promesa de no nacionalizar ninguna empresa privada o medio de comunicación. (La entrevista original se puede ver en la Internet: http://youtube.com/watch?v

VH-l7B5IuWI )

El caso es que si Chávez ya mintió una vez sobre cuándo estaría dispuesto a dejar el poder, podría hacerlo de nuevo. Así de sencillo. Por eso quisiera escucharlo decir claramente, sin ambigüedades, que se va en el 2013. Pero no lo ha dicho.

Chávez estaba tan seguro de que iba a ganar que dijo, antes del referendo, que sería más fácil para la oposición "matar a 100 burros a pellizcos" que vencerlo. Bueno, voto a voto y pellizco a pellizco, la oposición venció por primera vez a Chávez en nueve años.

Pero la actitud democrática le duró muy
poco a Chávez. Las reacciones bipolares son cada vez más frecuentes en el caudillo venezolano, sobre todo cuando se siente amenazado. Tres días después de reconocer la victoria de la oposición, se puso a insultarlos y a cuestionar el resultado. Los que le aplaudieron el domingo por la noche, se arrepintieron el miércoles por la mañana.

¿Por qué perdió Chávez? Primero, es fácil darse cuenta de que millones de venezolanos no quieren que su país sea Chavez-landia. Chávez, aunque perdió el referendo, aún controla casi todo: el ejército, la asamblea, la corte suprema, la mayoría de los medios de comunicación y los US$60,000 millones anuales provenientes del petróleo. Eso no es democrático; Venezuela no debe ser de un solo hombre.

Segundo, no se explica que un país "rico" como Venezuela tenga escasez de leche y huevos, y decenas de muertos todas las semanas debido a la criminalidad. Todo esto ocurre mientras surge ante los ojos de los más pobres una nueva y arrogante clase de ricos chavistas, montada en camionetas Hummer.

Tampoco ayudaron sus peleas personales con el rey de España y con el presidente de Colombia; mostraron a los venezolanos su lado más despótico e intolerante.

Y hay una explicación más. El astuto Chávez se equivocó. Escogió mal el momento para impulsar el referendo. Se engolosinó. Y su derrota, lejos de convertirlo en un demócrata, reforzó sus tendencias autoritarias: le hizo ver que debió haber impuesto los cambios a la Constitución por decreto o por la fuerza, como lo hubiera hecho Fidel.

Ahora bien, la derrota de Chávez se explica también por la inusual unión de la oposición. Boicotear elecciones es dejarle el camino abierto al proyecto totalitario. La única manera de dejar callado a Chávez es con más votos que él.

Claro que ayudaron las declaraciones en contra de Chávez de su ex esposa y de su ex ministro de Defensa, el general Raúl Baduel. Ayer lo adoraban; hoy lo aborrecen y nos advierten de sus ambiciones personales. Pero en realidad fueron los jóvenes universitarios los que tomaron el liderazgo y reemplazaron a los tibios opositores políticos de Chávez.

Ellos plantearon, por primera vez, cómo sería una Venezuela después de Chávez. "Nuestra lucha no es en contra del presidente", me dijo en una entrevista el líder estudiantil, Yon Goicoechea, de sólo 23 años de edad, "sino por la Venezuela que queremos, por la democracia, porque aun sin el presidente Chávez quedarían muchas cosas
que cambiar."

Pero atención: una elección limpia no libra a Venezuela de la amenaza del autoritarismo. Chávez es un hombre listo y aprende rápidamente. Si no fuera así, no controlaría Venezuela de la manera en que lo hace. Y por eso creo que sería un error escribir por adelantado su funeral político.

Alguien que se compara frecuentemente con Bolívar y Jesucristo, alguien que ha cambiado el nombre, la bandera, la moneda y la hora del país, difícilmente se detendrá ante una sola votación en contra. Buscará la manera de darle la vuelta a la ley -- y a sus seudopromesas democráticas -- para quedarse en el poder más allá del 2013. Aunque tenga que matar a 1,000 burros a pellizcos.

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