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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Cada cuatro años Estados Unidos redescubre a los hispanos. De pronto, toman una importancia que no tenían antes. Los medios de comunicación en inglés reportan sobre su sorprendente crecimiento e influencia. Y los candidatos de los dos partidos políticos los empiezan a cortejar. La razón es muy sencilla: en una elección muy cerrada, como seguramente será la de 2008, los votantes hispanos decidirán quién será el próximo presidente de Estados Unidos.

Actualmente hay 17 millones de ciudadanos de origen hispano en edad de votar. Aún si sólo la mitad de ellos se registrara y votara en noviembre de 2008, es más que suficiente para definir al ganador. Esta será la tercera elección consecutiva en que los votantes hispanos juegan un papel fundamental y definitorio.

Es muy probable que los 537 votos con los que George W. Bush ganó el estado de la Florida (y por lo tanto, las votaciones presidenciales de 2000) hayan sido de cubanoamericanos.

Ese año el ex gobernador de Texas obtuvo el 31 por ciento del voto hispano. El 2004 tuvo un desenlace similar. Si tan sólo 67 mil hispanos que votaron por Bush en Colorado, Nevada y Nuevo México hubieran cambiado su voto, John Kerry habría obtenido 19 votos electorales más (para alcanzar los 271 necesarios) y sería el actual presidente de Estados Unidos.

La historia demuestra que los votantes hispanos suelen votar más por el partido Demócrata que por el partido Republicano. Sin embargo, desde Richard Nixon, cualquier candidato republicano que obtiene más del 30 por ciento del voto latino gana la presidencia. Es decir, el voto latino hace y deshace candidatos presidenciales.

Y esto nos lleva al foro entre precandidatos presidenciales del partido Demócrata que se realizará este domingo 9 de septiembre en Miami y que será transmitido por la cadena Univision. Los ocho precandidatos (Joe Biden, Hillary Clinton, Chistopher Dodd, John Edwards, Mike Gravel, Dennis Kucinich, Barack Obama y Bill Richardson) aceptaron la invitación a participar. Todos hablarán en inglés y sus respuestas serán traducidas simultáneamente al español.

Como moderadores, María Elena Salinas y yo tendremos una hora y media para preguntarle a los candidatos sobre los temas que más afectan a los hispanos, desde la deserción escolar y la falta seguro médico hasta los polémicos temas de la reforma migratoria, la transformación del español como segundo idioma nacional, Cuba después de Castro, y las espinas en Venezuela e Irak, entre otros.

¿Y por qué lo hacen los candidatos? Créanme,
el proceso de negociación fue largo y complicado. Desde el nombre: no es debate sino foro. Tuvieron muchas oportunidades para decir que no. Pero al final, los ocho precandidatos saben que necesitan el voto latino si quieren ganar la Casa Blanca y aceptaron participar. No hay de otra. La simple realización de este foro en un medio de comunicación en español denota ya una nueva posición de poder de los hispanos en Estados Unidos. Como le gusta decir el ex Secretario de Vivienda, Henry Cisneros, los hispanos hemos alcanzado una “masa crítica” y no hay vuelta para atrás.

Alrededor del año 2125 habrá más hispanos que blancos anglosajones en Estados Unidos y, aunque ninguno de nosotros estará aquí para comprobarlo, la presencia latina se siente hoy por todos lados: en las canciones, en salones de clase, en las urnas, en la comida, en las calles, campos, fábricas y oficinas. Y sospecho que el primer presidente hispano ya nació. Hay más. Varios de los programas de radio y televisión de mayor audiencia en ciudades como Los Angeles, Miami, Nueva York, Chicago y Houston, entre muchas otras, son en español, no en inglés. Estados Unidos es el país donde más se habla español en todo el mundo, con la excepción de México.

Ante este panorama, tiene mucho sentido, para cualquier candidato, el aprovechar la oportunidad de hablar directamente a los hispanos en el idioma que prefieren sobre los asuntos que más les preocupan. A pesar de lo anterior, sólo uno de los precandidatos republicanos a la presidencia, el senador John McCain, había aceptado participar en un segundo debate en el mismo canal en español. Atención: no participar puede ser interpretado por los votantes hispanos como una clara falta de interés y tener consecuencias funestas el día de las elecciones. Como dicen los cubanos, se cae de la mata. Pero al final de cuentas, it’s your call.

No es posible hablar del pasado y del futuro de Estados Unidos sin los latinos. Así se explica el actual cortejo electoral en español. Y no es para menos.

Este es, cada vez más, el lenguaje del nuevo poder.

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