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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Lo primero que nota un latinoamericano cuando viene de visita a Estados Unidos es que los latinos somos distintos. Sí, aunque hablemos español y hayamos nacido en México, República Dominicana o Ecuador, la experiencia norteamericana nos ha cambiado. Ya no somos lo que éramos. Pero tampoco nos hemos asimilado totalmente al 'mainstream' estadounidense.

El primer cambio ocurre cuando pisamos territorio de Estados Unidos. Como por arte de magia dejamos de ser costarricenses, uruguayos o colombianos para convertirnos en latinos o hispanos.

Uno puede insistir hasta el cansancio con la oficina del censo o la compañía de teléfonos y decirles que eres salvadoreño, hondureño o peruano, pero no importa. Para ellos eres un hispanic. (Por cierto, fuimos bautizados así por el gobierno del presidente Richard Nixon antes del censo de 1970. Éramos tantos que necesitaban un nuevo nombre. Iban a escoger "latino", pero como era muy similar a "ladino" prefirieron usar "hispanic").

Además de cambio de nombre hay un cambio de identidad. Los latinos estamos creando nuestro propio espacio cultural en Estados Unidos.

A veces no somos ni de aquí ni de allá. Somos una paella cultural, un arroz con gandules de razas, unos chilaquiles de etnias. Somos mezcla. Café. Un poquito de esa raza cósmica que se imaginaba José Vasconcelos. La máxima aglomeración. Unimos América, Europa, Asia y Africa. La gran ironía de los latinos o hispanos en Estados Unidos es que unimos muchos orígenes y extremos pero, al mismo tiempo, tenemos grandes diferencias entre nosotros.

La obsesión del exilio cubano con Fidel no es compartida por los campesinos indocumentados en Fresno. Los miembros del nuevo éxodo antichavista tienen pocas coincidencias con las varias generaciones de 'neorican'. Y la bachata dominicana con letra de hip-hop o el raegetón no suena bien junto a un tango argentino.

Entonces ¿qué es lo que nos une a los latinos?

Estaba platicando de esto en una cena con Ben Odell, el productor de la contundente y sorpresiva película Padre Nuestro, ganadora en el festival de Sundance y que se estrenará en unos meses. (No se la pierdan.) Y Ben -que nació en Filadelfia pero creció en Colombia- nos entiende.

Para los latinos la familia es lo más importante. Más que el trabajo. Y esto no es extraño, porque estamos solos en un país extraño. Nuestra isla, nuestro refugio, es la familia.

(El partido Republicano ha tenido mucho éxito resaltando esto para reclutar a votantes hispanos, aunque el latino sigue votando más por
el partido Demócrata).

El idioma de todos

El español es un pilar de nuestra identidad. La mayoría de los hispanos somos bilingües. Pero 9 de cada 10 latinos hablan español en casa y más de la mitad prefiere ver las noticias en castellano. La constante inmigración proveniente del sur, la alta natalidad de los hispanos y el impresionante crecimiento de los medios de comunicación en español auguran la latinización de buena parte de Estados Unidos. El hispano es leal y fiel. Los anunciantes y las compañias adoran al consumidor latino por leal. Brand loyal como pocos.

Y el dios católico que trajeron en la maleta de América Latina cada vez más se cambia de ropa al llegar para vestirse de protestante. Además, estamos en contacto con nuestros países de origen -gracias a la internet-, vuelos baratos, tarjetas telefónicas, remesas..., de maneras en que otros grupos de inmigrantes, como alemanes, irlandeses y polacos jamás lo hicieron. La globalización nos dejó pegado el cordón umbilical.

La mayoría de los latinos -contrario al resto de la población- está a favor de una legalización de los 12 millones de indocumentados. ¿Por qué? Porque toda familia hispana, hasta las cubanas y puertorriqueñas, comprenden la dura experiencia de ser inmigrante, con papeles o sin ellos, con pies mojados o con pies secos.

Estados Unidos hispano

Somos 50 millones -más que la población de España, Colombia o Argentina- y en un siglo seremos mayoría en Estados Unidos. Y nos estamos adaptando rápidamente. Aprendemos fast el inglés y cada vez tenemos better trabajos, mejores salarios y mejor educación. Los hispanos nos acomodamos al mainstream norteamericano de formas en que muchos inmigrantes musulmanes no han logrado ni querido hacerlo en Europa.

Y ¿saben qué es lo que he notado últimamente? Que por primera vez en los casi 25 años que llevo aquí, los latinos están descubriendo y poniendo a prueba su fuerza. El ataque injustificado y brutal de la policía de Los Angeles contra inmigrantes el pasado 1 de mayo hubiera pasado desapercibido hace una década. Hoy no. Y por el ruido y la indignación de los hispanos suspendieron a 60 de los policías golpeadores. Esto es un triunfo. Esto es equiparable a la sonrisa de satisfacción de un bebé cuando da sus primeros pasos.

Estas cosas, sobre todo, son las que nos unen a los hispanos.

Ah, y el gusto por las pláticas de sobremesa.

De ahí salió este artículo.

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