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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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O nos casamos pronto o se cancela el jolgorio. Si en los próximos 100 días no se logra un acuerdo para cambiar las leyes de inmigración de Estados Unidos, se va a romper el compromiso del Congreso y la Casa Blanca con los 12 millones de inmigrantes indocumentados. Y no habrá boda.

Ahora o… en 2010

No exagero. Nos quedan sólo 100 días. Quizás menos. Si no encuentran rápido una fórmula para legalizar a los 12 millones de inmigrantes indocumentados que ya están aquí y un plan para integrar al medio millón que llega ilegalmente cada año, este asunto va a tronar y no revivirá hasta el año 2010.

Tenemos de aquí a septiembre para lograr una reforma migratoria. Si no es así, el monstruo de la campaña presidencial en Estados Unidos se lo chupará todo en el 2008. Ningún candidato presidencial y ninguno de los dos partidos políticos van a salir a defender a los indocumentados -que no votan- en un año electoral.

Y en el 2009 el nuevo presidente, cualquiera que sea, va a estar muy ocupado en su primer año de gobierno terminando la guerra en Irak. Y si nos va bien, ya para el 2010 se volverán a acordar de los indocumentados, que para entonces serán 14 o 15 millones. O sea, nos quedan 100 días para casarnos. Y ya que estamos hablando de bodas, la que están planeando una ciudadana norteamericana, Heather Buck, con un indocumentado mexicano, José Arias, es la más simbólica de todas.

La pareja tiene un hijo y desde el 2005 vive en el condado Luzerne de Pennsylvania. Tras pasar muchos líos burocráticos, finalmente se podrán casar, por lo legal y por la iglesia, este mes.

Pero luego de la boda José tendrá que irse a México donde esperará larga y pacientemente hasta que su esposa haga los trámites para traerlo, de nuevo, a Estados Unidos con una visa.

El enlace de Heather y José es el mismo que tanto necesita Estados Unidos con los millones de indocumentados. No es una relación fácil, está llena de problemas legales pero, al final de cuentas, los estadounidenses y los indocumentados se necesitan mutuamente.

Mientras tanto, el clima antiinmigrante en Estados Unidos se vuelve insoportable. Las redadas no paran. Más de 200 mil indocumentados han sido deportados en el último año.

Ojo: en la mayoría de los casos no estamos hablando, ni de criminales ni de terroristas, sino de simples trabajadores que pagan impuestos.

Además,
muchas veces las principales víctimas de las redadas son niños norteamericanos de padres indocumentados. El trauma de un niño que ve a su padre arrestado, esposado y deportado es casi insuperable. ¿Quién paga por eso?

Y como si esto fuera poco, la policía de Los Angeles acaba de atacar con rifles y macanas a manifestantes inocentes y desarmados que se encontraban en el parque Mc Arthur el pasado primero de mayo.

Yo vi imágenes del incidente filmadas por las cadenas Univision, ABC y CNN, y en todas se notan los golpes, empujones, patadas y el abuso de fuerza de la policía contra los inmigrantes y contra periodistas.

¿Es necesario disparar unas 240 balas de goma contra mujeres, niños y hombres desarmados y pacíficos? ¿Quién dió la orden de atacar? ¿Hubiera atacado la policía con la misma brutalidad e impunidad a un grupo afroamericanos o anglosajones? ¿Dónde está la indignación y las denuncias de los políticos que tanto dicen defender a los latinos?

¿Qué sentido tiene desalojar un parque público a la mitad de la tarde?

El caso está bajo investigación. La policía ha sugerido que actuó en respuesta a los ataques con piedras y botellas que sufrieron por parte de una pandilla. Pero si los provocaron unos pandilleros, ¿por qué atacan a gente inocente que no tuvo nada que ver?

La actitud antiinmigrante que se ha esparcido en Estados Unidos después del 11 de septiembre del 2001 permite que se den ataques como el ocurrido en Los Angeles, y que las redadas pasen prácticamente desapercibidas.

En Estados Unidos, el país de las grandes libertades, se ha formado una subclase que vive con miedo y en condiciones similares a las de la esclavitud. Es inaceptable que el país más poderoso del mundo permita que se abuse y ataque dentro de su territorio a sus habitantes más vulnerables.

Todo esto no se puede resolver de un plumazo. Pero el plumazo ayuda. Se necesita que el presidente Bush firme una ley, negociada con ambas cámaras del Congreso, para sacar a la luz a estos inmigrantes y evitar abusos como el del parque Mc Arthur de Los Angeles.

Espero que haya bodorrio dentro de 100 días. Pero, sinceramente, espero sin esperanzas.

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