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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Dos grandes cambios están ocurriendo en México y en Estados Unidos. En la capital mexicana, aprobaron la práctica del aborto, y en Estados Unidos hay fuertes presiones para terminar la guerra en Irak. Ambas cosas hubieran sido impensables hace un año.

En una misma semana, México y Estados Unidos han dado un paso a la izquierda y se han liberalizado un poco más. Mientras la Asamblea y el alcalde del Distrito Federal aprobaban el aborto, ocho candidatos presidenciales del Partido Demócrata y ambas Cámaras del congreso denunciaban la guerra de Estados Unidos en Irak.

Los países cambian. A veces de manera dramática. Y cuando esto ocurre, los periodistas declaramos ese cambio como gran noticia en portadas y titulares. Pero no siempre logramos explicar que esos cambios tomaron tiempo, mucho tiempo.

Empecemos con la oposición a la guerra. Tuvieron que pasar cuatro años desde la invasión norteamericana en Irak para que el Partido Demócrata se atreviera a enfrentarse al presidente George w. Bush.

Ambas cámaras del Congreso, dominado por los Demócratas, quieren una fecha límite para el retiro de tropas de Estados Unidos de Irak. Incluso senadores Demócratas, como Hillary Clinton, que en 2003 votaron a favor de la guerra, ahora parecen arrepentidos.

"Si este presidente no nos saca de Irak", dijo la aspirante presidencial Hillary Clinton, "yo lo haré cuando sea presidenta". *(1) En un principio, pocos tuvieron el valor de criticar a Bush y a su guerra. Ahora, hasta sus mismos colaboradores se le están volteando. Uno por uno.

George Tenet, quien fuera director de la CIA de 1997 a 2004, dice en su nuevo libro (En el Centro de la Tormenta) que Bush se apresuró a ir a la guerra y que no hubo nunca un "debate serio" sobre el supuesto peligro que representaba Saddam Hussein. La Casa Blanca dice que eso no es cierto.

Pero hay tres cosas que le dan la razón a Tenet: una, Irak y Saddam Hussein no tuvieron nada que ver con los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001; dos, los inspectores de armas de Naciones Unidas no pudieron terminar su trabajo debido a los bombardeos contra Bagdad en marzo del 2003; y tres, nunca se encontraron las supuestas armas de destrucción masiva que fueron la principal justificación de la guerra.

Todo eso apunta a que Bush se apresuró y se cerró a escuchar posiciones contrarias.

Cómo y cuándo terminar la guerra será el temá que definirá las elecciones
presidenciales del 2008. Un candidato antiBush llegará a la Casa Blanca. La paz, y no la guerra, se convierte en la prioridad norteamericana.

Qué cambiazo.

Cambiazo, también, el que se vive en la ciudad de México. El aborto ya es legal en la capital de un país cuyos habitantes se describen, mayoritariamente, como católicos.

Pero el cambio se viene gestando desde hace décadas.

Las mujeres mexicanas se están encargando de desmoronar, prejuicio por prejuicio, la reputación de México como un país machista. Sus voces se escuchan cada vez más en los medios, en las empresas y en el Congreso.

Ellas han logrado que sus preocupaciones -el derecho a decidir, la violencia doméstica, la inequidad de salarios- sean prioridad en las agendas. Ese es un enorme cambio.

Muchos mexicanos y mexicanas ya no le tienen miedo al Papa Benedicto XVI ni a las amenazas de excomunión. Esto quedó claro con el debate sobre el aborto.

No creen, tampoco, que el Papa -un hombre- sea infalible. Si el Papa acaba de desaparecer el limbo de un plumazo, ¿por qué no desaparece, también, la prohibición que evita que las mujeres lleguen al sacerdocio?

El Papa también se equivoca. Como todos.

Hay un cambio en la mentalidad de los mexicanos. El Vaticano seguirá perdiendo creyentes en todo el mundo mientras hable de defender la vida y, al mismo tiempo, se oponga al uso de condones para disminuir las infecciones de sida. Esa es una contradicción.

A nivel político, es irónico que el mayor cambio que ha vivido México desde que Felipe Calderón es presidente haya sido logrado por su principal grupo opositor. Andrés Manuel López Obrador no está en Los Pinos.

Pero muchos perredistas como él sí están cambiando significativamente a la ciudad de México, desde dentro, siguiendo las reglas del juego.

México y Estados Unidos están cambiando. Los vientos políticos en norteamérica tienen una nueva dirección y despeinan a dos presidentes derechistas. Y lo más interesante es que estos son cambios vienen desde abajo, no impuestos desde arriba.

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