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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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José Luis -llamémoslo así- no va a regresar a México para Navidad. Le encantaría hacerlo; hace casi un año que no ve a su familia. Pero, para él y para 12 millones de indocumentados más, el riesgo es demasiado alto.

El problema no es el viaje a México. No. El verdadero problema es regresar a Estados Unidos luego de las fiestas. José Luis no se puede arriesgar a que lo detenga la Patrulla Fronteriza. Además, no tendría dinero para pagarle a otro "pollero".

En una plática reciente en el sur de la Florida, José Luis me contó cómo tuvo que pagarle 3 mil dólares a un traficante de indocumentados ('coyote' o 'pollero') para que lo cruzara a Estados Unidos.

Lo hizo por Laredo y con papeles falsos. Entró caminando. Tuvo suerte; otros son obligados a cruzar el desierto por Arizona o por las montañas de California.

Pero la cruzada está cara. Antes de que se enviara a 6 mil soldados de la guardia nacional de Estados Unidos a la frontera con México, un 'coyote' o 'pollero' le cobraba unos 800 dólares a un mexicano por la cruzada. Ahora el precio casi se ha cuadruplicado.

De todas maneras, para José Luis valió la pena. Allá en Morelia ganaba unos 20 dólares al día y no le alcanzaba ni para comprar un carro.

"Quiero una vanecita para ir a ver a mi suegro a Peña del Panal", me dijo, refiriéndose a un pueblito que les queda a una hora y media caminando.

José Luis, de apenas 22 años, extraña a su hija de cuatro años y a su hijo de tres, y nada le haría más feliz que llevarlos, junto con su esposa, a un "jaripeo", una especie de rodeo mexicano. Pero no se la va a jugar. Aquí trabaja como 'finishero', poniendo paredes en casas nuevas, y gana cuatro o cinco veces más que en México. Además, está a punto de pagar su deuda al "pollero" que lo cruzó y le ilusiona ahorrar el dinero para su camioneta.

"Tan pronto consiga la lana para mi vanecita, me regreso", me dijo, haciendo chiquitos unos poco comunes ojos verdes.

Trabajadores como José Luis son cada vez más importantes para la economía norteamericana.

Son indocumentados el 29 por ciento de los campesinos, el 25 por ciento de los cocineros y trabajadores de mantenimiento, el 22 por ciento de las empleadas domésticas y pintores, y el 14 por ciento de los carpinteros, según el Pew
Hispanic Center.

Sin estos inmigrantes, se dispararía la inflación y sectores completos de la economía estadounidense se paralizarían.

Lo que estamos viendo tras los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 es que se ha roto totalmente el ciclo de regreso a casa de los inmigrantes indocumentados.

Antes, trabajaban todo el año en Estados Unidos y regresaban a México (y América Latina) para navidad y año nuevo. Ya no es así. Ahora, en lugar de regresar, tratan de traer aquí a sus familias. Cada vez más inmigrantes deciden pasar las 'crismas' en Estados Unidos para evitar, también, el alto riesgo de morir en la frontera.

El "bordo", como le dicen muchos, entre México y Estados Unidos está cada vez más vigilado. Y esto ha incrementado el negocio de los "polleros". Pocos se arriesgan a cruzar sin su ayuda.

Por el aumento de la vigilancia fronteriza, los inmigrantes y sus guías toman rutas cada vez más peligrosas. Un reporte de la oficina de fiscalización del gobierno federal de Estados Unidos, GAO, reportó recientemente que se ha duplicado el número de muertes en la frontera en la última década.

En 1998 se reportaron 254 muertes. En cambio en el año fiscal 2006 hubo 432 inmigrantes muertos.

Por todo esto -el alto costo de cruzar la frontera con un "coyote", las mayores posibilidades de ser detenido y deportado, el riesgo de morir de frío o calor, atropellado o perdido en un desierto o montaña, la pobreza de la mayoría en México, y trabajos bien remunerados en Estados Unidos- José Luis no regresó México en diciembre.

"Aquí me quedo p’a navidá", me dijo. "Y si todo sale bien, tonces ya p’al otro año me regreso a vivir a México".

"Eso es lo que todos dicen", pensé. Que después de un año o dos se regresan a su país de origen. Pero la realidad es que pocas veces ocurre. Una vez que se acostumbran a buenos salarios, traen a su familia o tienen hijos aquí, es difícil regresar a la pobreza y el desempleo.

No es el único

Lo que no sabe José Luis es que muchos inmigrantes como él dijimos exactamente lo mismo durante nuestros primeros años en Estados Unidos y luego nunca regresamos.

Como quiera que sea, eso le ayudará a soportar su primera Navidad sólo en este país.

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