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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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El tirano cayó, Irak es libre"

George W. Bush sobre el portaviones USS Abraham Lincoln, 1ro. de mayo de 2005.

El presidente norteamericano, George W. Bush, parece ser la única persona que cree que se está ganando la guerra en Irak. Lo dijo hace poco.

Pero para muchos, Irak ya es una guerra perdida.

El 56 por ciento de los estadounidenses considera que nunca se debió invadir Irak, según la última encuesta de la cadena CBS. Por eso crecen los que critican al presidente por vivir -igual que el título del libro del periodista Bob Woodward- en un "estado de negación".

A pesar de las terribles conclusiones del Grupo de Estudio de Irak de que la situación en ese país "es grave y se está deteriorando", Bush insiste en ponerle buena cara al fracaso y lo más que está dispuesto a aceptar es que "está desilusionado por el ritmo del éxito" en Irak.

Bush sigue siendo la única persona que usa las palabras "éxito" e "Irak" en la misma frase.

Cuando le preguntaron, tajantemente, al nuevo secretario de Defensa (durante sus audiencias de confirmación) si se estaba ganando la guerra en Irak, Robert Gates respondió: "No señor". Así, es difícil entender como Bush y Gates se van a poner de acuerdo.

La terrible realidad de Irak es la siguiente: casi 3 mil soldados norteamericanos y decenas de miles de civiles iraquíes han muerto; el país se debate ante una inminente guerra civil entre sunitas, chiítas y kurdos; el gobierno central, apoyado por Estados Unidos, ha perdido control de la atribulada nación; los 140 mil soldados norteamericanos no han podido derrotar a una creciente insurgencia; y todos los grupos terroristas de la región han hecho de Irak su campo de batalla. La guerra se está perdiendo.

Y el principal problema es que esta guerra comenzó mal. Comenzó en el país equivocado.

Fue Osama bin Laden, y no Saddam Hussein, el responsable de los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001. Incluso hoy en día es complicado para los funcionarios de la administración del presidente Bush explicar por qué se atacó a Irak en lugar de concentrarse en la captura de Osama.

Tres años y medio después de la invasión norteamericana en Irak, aún no se ha podido justificar la presencia norteamericana allá.

Pero el problema es que si ahora Estados Unidos se retira rápida y precipitadamente, es muy posible que se desate "una conflagración regional" en todo el medio oriente (como
advirtió el Grupo de Estudio de Irak).

Estados Unidos se puede salir de ahí pero tiene que hacerlo con cuidado. Sin embargo, el presidente Bush ya ha rechazado las dos principales recomendaciones hechas por el Grupo de Estudio de Irak.

Bush no quiere comprometerse a iniciar el retiro de tropas para el 2008 ni tampoco quiere iniciar un diálogo con sus enemigos Siria e Irán.

De nada sirve hablar con los amigos; es con los enemigos con quienes se hace la paz.

Si Bush hubiera definido victoria como el arresto de Saddam, ya se hubiera podido ir de Irak. Pero se inventó a Irak como el campo de batalla en la lucha contra el terrorismo y ahora está enlodado ahí hasta las rodillas.

Irak, como Vietnam, parece ya una guerra perdida.

Lo más que Estados Unidos puede esperar en estos momentos de Irak es dejar instalado un gobierno que, más o menos, evite un genocidio. ¿Cómo mantener unido a un país que, en realidad, está compuesto por tres naciones distintas?

Y para eso se necesita la ayuda de Naciones Unidas y el apoyo, les guste o no, de los vecinos de Irak.

Hay que dejar a un lado las ilusiones de grandeza.

Democratizar Irak fue siempre un sueño guajiro. Es imposible esperar que la gente haga filas para votar cuando se están matando en las calles por el simple hecho de nacer en el vecindario equivocado.

Lo realista es reconocer que la guerra en Irak fue en el lugar equivocado, con un número equivocado de tropas, persiguiendo al enemigo equivocado.

Pero hasta el momento yo no he escuchado a nadie decir: "Me equivoqué".

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