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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Felipe Calderón entró a la presidencia por la puerta de atrás. El nuevo Presidente de México protagonizó una toma de posesión ‘express’. La medí. Duró tan solo 4 minutos con 43 segundos (con el himno nacional incluido). Es la toma de posesión más rápida en la historia moderna de México.

Calderón entró al pleno del congreso por una puerta trasera acompañado del ahora ex presidente Vicente Fox. Venían nerviosos, tensos, temerosos. No sabían qué iba a pasar.

Los protegían por todos lados miembros del Estado Mayor Presidencial.

Al final, en medio de abucheos y silbatazos, Calderón sí pudo tomar posesión en el congreso. Pero ¿qué clase de democracia es aquella que obliga a un presidente a esconderse y a entrar por la puerta de atrás al congreso? ¿Cómo ha llegado México a este punto?

Las vergonzosas imágenes que vimos los últimos días en el congreso mexicano -donde diputados resolvían sus diferencias a golpes, patadas y jalones- reflejan las enormes divisiones que existen en todo el país.

Esa es la triste imagen de México que ha recorrido el mundo. Es, también, una nueva forma de hacer política en México. Es la fuerza, el choque, el enfrentamiento por encima de las leyes, las reglas, la constitución. La política mexicana se ha convertido en puro machismo: yo puedo más que tú.

Si los congresistas mexicanos -que se supone representan lo mejor del país- no cumplen las leyes, se pelean a golpes y se desgreñan en público, ¿qué se puede esperar del resto de México?

No. Corrijo. Esos congresistas representan lo peor de México. La esperanza está siendo pisoteada en México.

Las broncas y rasguños entre los políticos en México solo profundizan un sentimiento de desesperanza.

El fondo del asunto se remonta a la elección presidencial del 2 de julio. Millones de mexicanos que votaron por el candidato perredista, Andrés Manuel López Obrador, insisten en que hubo un enorme fraude electoral y que Calderón es un usurpador del poder. Y no lo van a dejar en paz.

Le hicieron la vida imposible en el congreso y lo seguirán haciendo por 6 años, a menos que se llegue a un acuerdo político. Y así como están peleadas las dos principales fuerzas políticas del país, las calles también andan bifurcadas.

No hubo fiesta para el nuevo presidente.

Mientras Felipe Calderón se dirigía al Auditorio Nacional para dar su primer discurso oficial, decenas de miles de perredistas protestaban en la Avenida Reforma. Pero esas imágenes
no fueron vistas por la mayoría de los mexicanos.

En las pantallas de televisión había programas de cocina y telenovelas.

Tuve la oportunidad de hablar con varios de esos manifestantes y estaban enfurecidos con nosotros, los periodistas.

"Digan la verdad", me exigían. "¿Por qué no muestran lo que está pasando en las calles?" Tenían razón: esas marchas eran noticia en cualquier parte del mundo. Los titulares mundiales del día siguiente lo confirmaron.

López Obrador y sus seguidores no existieron durante esas horas críticas para muchos medios de comunicación en México. Fueron ignorados con la falsa idea de que, al no hacerles caso, desaparecerían de la opinión pública. Pero no van a desaparecer.

Ignorar esas marchas es mal periodismo y, además, peligroso. El movimiento de López Obrador es -como me dijo Denise Dresser- un síntoma de las cosas que están mal en México; 50 millones de personas que viven con menos de 5 dólares diarios, una ciudadanía que confía cada vez menos en lo que dicen y hacen sus políticos, el crimen que ya ha afectado a casi todas las familias mexicanas, la terrible distribución del salario y del poder y, sobre todo, la falta de esperanza de que las cosas van a mejorar.

Ante este panorama, millones de mexicanos escaparán al norte durante el próximo sexenio, con muro o sin muro. Más de tres millones ya lo hicieron durante los 6 años de Fox.

La gran ironía es que los jóvenes que expulsa México rápidamente se convierten en los mejores trabajadores de Estados Unidos.

La democracia mexicana está viviendo una verdadera prueba de fuego.

Calderón no tendrá luna de miel y, contrario a lo que muchos piensan, tampoco tendrá seis años para mejorar las cosas. Es un presidente que tiene que gobernar de prisa y dar resultados pronto.

Lo curioso es que está obligado a complacer primero a los que no votaron por él.

Si no lo hace así, el teatrito se le puede caer.

El reto personal de Calderón es muy sencillo: salir en el 2012 por la puerta de adelante.

Posdata enfermiza. Dos de los peores dictadores que ha tenido América Latina, Pinochet y Castro, están rasguñando la muerte. Y hay que criticar a los dos por igual; por matar la libertad. Y lo más triste es cuando un dictador muere, no en la cárcel, sino gobernando.

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