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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, nunca va a entregar el poder por las buenas. Chávez busca eternizarse en el poder. O por lo menos hasta el año 2021. Así lo ha dicho. Y utilizará todos los medios a su disposición, incluyendo la violencia y al ejército, para atornillarse en la silla presidencial.

Cuando un grupo de corresponsales extranjeros lo obligó a contestar si él entregaría el poder en caso de perder las elecciones presidenciales de este domingo 3 de diciembre, Chávez dijo que lo haría. Pero no se le puede creer.

Si Chávez perdiera las votaciones, puede utilizar todos los recursos del gobierno para inventarse un fraude o un supuesto golpe de estado y quedarse donde está. Es fácil para él.

Chávez controla casi todo en Venezuela: los principales comandantes del ejército son leales a él; entra en cadena de radio y televisión cada vez que se le da la gana; el 100 por ciento de los miembros de la Asamblea Nacional son partidarios de Chávez; la mayoría de los jueces de la Corte Suprema son chavistas; la constitución fue escrita por sus principales colaboradores; y como si esto fuera poco, el Consejo Nacional Electoral, encargado de organizar y supervisar las elecciones, tiene una clarísima tendencia a favor de Hugo Chávez.

Esto es importante. Y peligroso. El Consejo Nacional Electoral no es un organismo independiente ni autónomo, aunque pretenda parecerlo. Sus cinco miembros fueron elegidos por una mayoría de votos de la Asamblea Nacional. Y, como ya vimos, todos los 167 miembros de la Asamblea Nacional de Venezuela son del partido de Chávez.

Es lógico sospechar que chavistas escogieron a chavistas para formar parte del Consejo Nacional Electoral y que si hubiera alguna bronca el día de las elecciones, esos chavistas responderían, seguramente, a favor de Chávez.

Así es casi imposible ganarle a Chávez por las buenas.

No creo en las encuestas en Venezuela. Al igual como ocurrió en Nicaragua en 1990, en Venezuela hay demasiadas amenazas y presiones como para que los electores potenciales se confiesen ante los encuestadores y les digan, realmente, por quién piensan votar.

Aquí hay un ejemplo de intimidación.

Hace casi un mes el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, le dijo a los principales ejecutivos de esta empresa estatal de petróleos que "vamos a hacer todo lo que tengamos que hacer para apoyar a nuestro presidente (Chávez) y el que no se sienta cómodo con esa orientación, es necesario que le ceda
su puesto a un bolivariano".

El discurso con la amenaza de Ramírez fue grabado clandestinamente y aparece en una página de internet.

El mensaje es claro: los empleados del gobierno que no ayuden en la campaña de Chávez o no voten por él, pueden perder su puesto. No hay duda que todos los recursos del estado se han usado para la reelección de Chávez.

A nivel personal, no hay nada que me haga creer en la transparencia de las elecciones ni en la palabra de Chávez de que entregará el poder si pierde.

Primera mentira. El 5 de diciembre de 1998 le pregunté a Chávez si estaría "dispuesto a entregar el poder después de cinco años".

"Claro que estoy dispuesto a entregarlo", me dijo enfático. Mintió. No estuvo dispuesto a entregarlo, cambió la constitución para reelegirse y ahora planea quedarse 15 años más en la presidencia.

Segunda mentira. En esa misma entrevista le pregunté a Chávez sobre el gobierno de Cuba y me dijo que "sí es una dictadura". Tengo el video para probarlo. Chávez, en esos días, quería parecer un moderado. Sin embargo, era sólo una máscara. En una entrevista posterior (en febrero de 2000), cuando le recordé a Chávez su comentario sobre la "dictadura" de Cuba, se negó a reconocerlo y dijo: "Yo no soy quién para condenar al régimen cubano". Ahora, el mismo personaje que alguna vez llamó "dictadura" a Cuba se dice "hermano" de su líder, Fidel Castro. Qué hipocresía.

Creo que Chávez dice y hace lo que sea necesario para mantenerse en el poder. Y eso no es un demócrata en ninguna parte del mundo. Chávez ha mentido en el pasado y lo seguirá haciendo si así conviene a sus intereses.

Nadie lo niega, pero…

Es cierto que Chávez ha ganado varias votaciones y que cuenta con el apoyo de millones de venezolanos pobres. Eso nadie se lo puede negar. Tampoco se puede negar que ha utilizado los multimillonarios recursos del petróleo venezolano para impulsar su imagen de líder a nivel mundial.

Pero hoy muchos venezolanos son tan pobres o más que cuando Chávez llegó a la presidencia, la inflación es la más alta del continente (16 por ciento) y el gobierno del país ha restringido tantas libertades que fácilmente puede definirse como un régimen autoritario y militarista. Quizás la mayoría de los venezolanos quieren un cambio y lo muestren en las urnas votando por el opositor Manuel Rosales. El temor, el verdadero temor,
es que tal vez nunca lo sepamos. ¿Por qué? Porque todo en Venezuela es Hugo Chávez, por las buenas o por las malas.

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