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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Ante la fea o, más bien, ante la horrible cara de la guerra en Irak, los votantes norteamericanos prefirieron al otro, al que se veía más bonito.

Igual en una relación de pareja que en la política, el otro o la otra parece más atractivo cuando las cosas salen mal.

Y las cosas en Irak están saliendo muy mal. Por eso los votantes norteamericanos se fueron con el otro, con el Partido Demócrata.

Aquí en Estados Unidos estamos empezando una nueva era. No habrá nuevas

guerras durante los próximos dos años. Y eso es mucho decir.

El Partido Demócrata, que controlará la Cámara de Representantes y el Senado, no le volverá a dar nunca la autoridad al presidente George W. Bush para iniciar otra guerra. Ni contra Irán, ni contra Corea del Norte, ni contra nadie.

Hay muchos Demócratas con las manos quemadas, tras darle su apoyo incondicional a Bush para invadir a Irak, y no van a cometer dos veces el mismo error.

Con la renuncia del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, termina la era de los halcones y empieza la era de las investigaciones. O de la venganza. No hay duda que el nuevo Congreso, controlado por los Demócratas, va a investigar por qué se inició una guerra en Irak con falsas justificaciones y por qué no se enviaron suficientes tropas para ganar la paz.

No obstante los múltiples llamados al bipartidismo, no tardan en ocurrir las primeras cuchilladas. Nancy Pelosi, la primera mujer en la historia en ser líder del Congreso, ya ha llamado "incompetente" y "peligroso" a Bush.

Dudo mucho que su opinión sobre el presidente cambie en las próximas semanas.

A pesar de lo anterior, uno de los pocos temas en que ambos partidos pueden trabajar juntos durante los próximos dos años es el espinoso asunto de la inmigración.

Los Demócratas han estado más dispuestos que los Republicanos a considerar la legalización de 12 millones de inmigrantes indocumentados y la otorgación de visas de trabajo al medio millón que llega, sin papeles, cada año. Y ahora serán los Demócratas quienes pueden presionar por una verdadera reforma migratoria.

Lo primero que pueden hacer los Demócratas es derribar el muro de papel.

Ellos pueden bloquear cualquier presupuesto destinado a financiar la construcción de las 1,120 kilómetros (700 millas) del muro entre México y Estados Unidos.

Y segundo, pueden poner a
prueba la sinceridad de Bush. Si Bush realmente quiere una reforma migratoria -- como lo dijo tras su reciente reunión con el presidente electo de México, Felipe Calderón -- ahora es el momento de demostrarlo. Todo lo que habían ganado Bush y los Republicanos con los hispanos en las elecciones del 2000 y del 2004, lo echaron a perder al aprobar la construcción del muro.

Así, siete de cada 10 hispanos votaron por los Demócratas. Todo se paga en esta vida.

Los hispanos son el grupo electoral de crecimiento más rápido en Estados Unidos y la mayoría de ellos quiere una reforma migratoria. Quien no quiera ver esto, también pagará las consecuencias en las elecciones presidenciales del 2008.

La victoria de los Demócratas es una buena noticia para Felipe Calderón. l tendrá a muchos aliados que Vicente Fox no tuvo. Además, su mensaje de que México debe crear más y mejores trabajos para evitar que los mexicanos se vayan al norte suena bien en Estados Unidos. Nunca caen bien los pedigueños y Calderón lo sabe.

Con la ayuda del senador Republicano John McCain, Bush y los Demócratas pueden cambiar las obsoletas leyes migratorias del país a partir de enero. Esa es la prueba de fuego.

Si de verdad los Demócratas y Bush quieren trabajar juntos, ya tienen lista su tarea. Después del terrorismo, no existe para Estados Unidos un tema más importante que el de la inmigración. Los inmigrantes ya están cambiando la cara y la voz del país. De lo que se trata es que su trabajo y su esfuerzo sean reconocidos. Eso es todo.

Pero no debemos confundir una victoria Demócrata en el Congreso con un cambio radical en la actitud antiinmigrante de muchos norteamericanos.

En Arizona, por ejemplo, los votantes aprobaron cuatro propuestas contra los inmigrantes, incluyendo una que hace del inglés el idioma oficial del estado (¿para qué?) y otra que prohíbe a los jóvenes indocumentados ir a las universidades y colegios públicos (¡qué crueldad!).

A pesar de estas resistencias, en Estados Unidos se respiran aires de cambio. Nadie sabe cómo van a hacer los Demócratas para sacar a Estados Unidos de la guerra en Irak. Ni cómo van a lograr una reforma migratoria.

Pero ahora son ellos los que ponen la música.

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