La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
  lavozhispanicnews.com
lavozhispanicnews.com Julio 23, 2014,
pixel
 
11px
11px
Búsqueda
noticias videos fotos
11px
11px
 
 
 
Columnas

Comparte esta columna enviar imprimir
interior 12
Digg this   Del.icio.us     Google   NetScape   Furl
tamaño Menos TextoMas Texto

Jorge Ramos
Periodista Internacional

<< Anterior | Siguiente >>

Confieso que he visto. Mucho. Acabo de cumplir 20 años como conductor del noticiero Univision (que se transmite en Estados Unidos y en 13 países de América Latina). Y quiero hacer una pausa, brevísima, para contarles lo que he visto.

He dedicado una buena parte de mi vida a corretear noticias. Y, créanme, hay pocas profesiones tan interesantes.

El periodismo ha sido mi boleto alrededor del planeta.

He visto al mundo cambiar frente a mis ojos, igual en el muro de Berlín (1989) y en las Torres Gemelas de Nueva York (2001), que en las elecciones de 1990 en Nicaragua, las de 1998 en Venezuela y las de 2000 en México.

No hay nada como ser testigo de la historia. Decir: "Nadie me lo contó, yo estuve ahí". Pocas cosas te hacen sentir más vivo. Ser periodista es estar bien parado en la tierra. Somos del ahora. Los actores y actrices tienen la oportunidad de vivir muchas vidas a través de sus personajes. Los periodistas no. Pero tenemos, en cambio, una sola vida muy intensa.

Nada prueba más a un periodista que la guerra. Además de salir vivo, hay que reportar. De nada sirve un periodista muerto.

Las guerras, tengo que admitirlo, generan en mí una cierta fascinación. Ahí se ve lo peor y lo mejor de los seres humanos. Y nadie nos obliga a ir.

Destruyamos de una vez el mito: la mayoría de los corresponsales de guerra que conozco van a una zona de conflicto por su propia voluntad. Nadie los empuja.

¿Quien puede entender semejante locura?

La guerra es la lotería para un periodista. Ahí se hacen carreras y ahí se mueren grandes reporteros. Te puede tocar cualquiera de las dos cosas. Regresar a casa es, en sí mismo, toda una hazaña. Yo regresé de El Salvador, Kuwait, Kosovo, Afganistán e Irak. Otros, más valientes que yo, se quedaron allá. Para siempre.

"¿Tuviste miedo?" me han preguntado muchas veces. "Estuve aterrado todo el tiempo y con el estómago hecho un nudo", suelo contestar. Miente quien diga que no tiene miedo en una guerra. Pero de lo que se trata es superar el miedo y vivir para contarlo.

El mayor precio que pagamos al escoger esta "terrible y maravillosa profesión" -como la llamaba Oriana Fallaci- es a nivel personal. La noticia
no tiene horarios. Así nos perdemos de cumpleaños, aniversarios, fiestas, bodas, funerales y bautizos.

Pocas parejas aguantan esto. Y cuando volteamos atrás somos unos extraños para los que más nos quieren. Eso es lo más duro de ser periodista.

A pesar de esto, conozco a pocos periodistas que hayan dejado de serlo. Esto es más que una profesión. Es una especie de misión. Lo que nosotros no preguntemos y lo que nosotros no digamos, se queda escondido una eternidad. Por eso, hay que hacer las preguntas que incomoden, que raspen, que rompan, aunque nos incomoden, raspen y rompan.

Alguna vez me censuraron cuando era muy joven y verde en México. Y nada me ha dado más orgullo que renunciarle a los censores y jugarme la vida en otro país.

Cuando hice el noticiero por primera vez -el lunes 3 de noviembre de 1986- había unos 20 millones de latinos en Estados Unidos. Hoy somos casi 50 millones. Vivo montado en la ola latina.

Me ha tocado ver durante las últimas dos décadas como Estados Unidos, muy a su pesar, se ha convertido en un país mestizo. Si se atreviera a verse al espejo, Estados Unidos se daría cuenta que, hace mucho tiempo, dejó de ser predominantemente blanco. Los hispanos hemos cambiado la cara y la voz de Estados Unidos. Hay partes del país donde no se necesita hablar inglés. En Estados Unidos se habla más inglés -o espanglish- que en Colombia, Argentina o España. Sólo en México hay más hispanoparlantes.

He visto a tres hispanos llegar al senado de Estados Unidos y espero que me toque ver al primer latino en la Casa Blanca. Un Ramírez, un Rodríguez, un Ramos.

<< Anterior | Siguiente >>

  enviar imprimir
interior 8px