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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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El comandante sandinista, Daniel Ortega, podría volver a ser presidentede Nicaragua. Si lo dejan. Tres veces ha intentado regresar al poder y tres veces ha perdido en las elecciones. Para Ortega la cuarta es la vencida.

Las últimas encuestas sugieren que Ortega podría ganar en la primera vuelta en las votaciones del domingo 5 de noviembre. Gracias a un "pacto" que hizo con el ex presidente Arnoldo Alemán, Ortega sólo necesita obtener 35 por ciento de los votos y tener una ventaja de cinco puntos sobre su más cercano rival para ganar. Si nadie consigue esos porcentajes, habrá una segunda vuelta entre los dos primeros lugares. Y es ahí donde entra Eduardo Montealegre, el candidato presidencial del Partido Liberal. El es el hombre que quiere parar a Ortega. Y, de paso, a la izquierda latinoamericana.

"Vamos a detener (a Ortega)", me dijo el ex canciller y ex banquero de 51 años de edad en una entrevista en el hotel Biltmore de Miami. "Esta va a ser la última vez que Ortega pone en riesgo la seguridad de los nicaraguenses y de Centroamérica." Montealegre quiere romper lo que él llama "el eje de Castro, Chávez, Morales y Ortega."

Nicaragua, en unos días, será el laboratorio de América latina. Y ahí no habrá términos medios. O se va a la izquierda o se va a la derecha. O se va con Ortega o se va con Montealegre, quien ocupa el segundo lugar en las encuestas. (De los otros tres candidatos sólo José Rizo, del Partido Liberal Constitucionalista con la bendición de Alemán, pudiera dar la sorpresa y colarse en los primeros dos lugares.) "Ortega no ha cambiado", me dijo Montealegre, sobre la nueva imagen del líder sandinista, quien se casó recientemente por la iglesia católica, frecuenta al obispo Obando y Bravo, y designó a un antiguo enemigo como su candidato a la vicepresidencia. "Lo único que estamos viendo es un Ortega con menos pelos. Pero, como los zorros, se les cae el pelo pero nunca las mañas."

Ortega, a quien entrevisté en Managua en marzo, nunca ha cambiado sus posiciones más radicales. Estados Unidos es un "imperio que trata de dominar, de juzgar, de imponer", me dijo. Ortega considera al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, un terrorista "que ha cometido un asesinato masivo allá en Irak". La opinión de Montealegre sobre Estados Unidos es muy distinta. "La gran mayoría del pueblo nicaraguense es amigo
de Estados Unidos", me comentó. "Si ves las encuestas y hablas con la gente, ves que quieren tener buenas relaciones con los Estados Unidos."

A pesar de lo anterior, Montealegre -- quien vivió ocho años en Estados Unidos -- no quiere ser visto como demasiado cercano a la única superpotencia.

-"¿Usted es el candidato de Estados Unidos?" le pregunté.

-"Yo soy el candidato de los nicaraguenses", me constestó, firme, sin sonreír. "Tal vez Ortega es el candidato del presidente (venezolano, Hugo) Chávez. Pero yo no soy el candidato de Estados Unidos."

Montealegre cree que la oferta de Chávez de enviar petróleo y combustible barato a Nicaragua es una forma de impulsar la candidatura de Ortega.

"Nicaragua es un país pobre, los nicaraguenses necesitan petróleo más barato y (la ayuda de Chávez) sí influye." Chávez, para no variar, se ha metido en la campaña electoral nicaraguense al decirle a Ortega: "Ojalá que ganes".

El punto débil de Montealegre es una decisión que tomó cuando estaba a cargo de la economía de Nicaragua en el 2001. Sus opositores lo acusan de haber endeudado a Nicaragua con US$400 millones (con un instrumento bancario conocido como "cenis") y de haberse beneficiado personalmente.

"Esto es parte de una campaña sucia que mis contrincantes están llevando", me explicó. "Tanto Arnoldo Alemán como Daniel Ortega saben que yo soy un obstáculo para el pacto que ellos tienen de repartirse el poder."

-"¿Cuánto dinero tiene?" le pregunté.

-"Mis activos son alrededor de US$6 millones", me dijo.

-"¿Cómo hizo su dinero?" seguí.

-"Por suerte logramos, unos amigos y yo, hacer un banco en Nicaragua. Yo fui el gerente, tenía participación accionaria y de la ganancia del banco."

No se puede descartar a ningún candidato por el simple hecho de ser rico.

Es, por el contrario, una muestra de éxito. Pero ¿podría Montealegre indentificarse con los nicaraguenses que ganan uno o dos dólares por día, y ayudarlos?

"No necesito robar como han hecho muchos que han llegado (al poder)", me dijo Montealegre, sin titubear y viéndome a los ojos. "Tengo la suerte de poderme enfocar 100 por ciento de mi tiempo a servir a los nicaraguenses ... yo he llegado a servir a los más pobres y más necesitados."

La pregunta es si Montealegre -- a quien un político agrio opositor caracterizó como un "ratoncito asustado" -- tiene la fuerza y personalidad para ganarle a Ortega. Pero Montelagre no tiene dudas.

"Por año y medio he venido enfrentando a Ortega y a Alemán juntos", concluyó. "Y
aquí sigo. Vamos a ganar las elecciones." Posdata: Le tengo miedo a las encuestas en Nicaragua. En 1990 casi todos nos equivocamos al creer en las encuestas que aseguraban la reelección de Ortega. Violeta Chamorro hizo trizas los pronósticos. Para entender a los votantes nicaraguenses hay que leer o ver la obra teatral de "El Gueguense". El personaje principal, con máscara y mucho sentido del humor, dice cosas muy distintas a las que realmente piensa; para halagar, para sobrevivir, para burlar, para divertirse. Las encuestas en Nicaragua son como "El Gueguense"; es difícil creer lo que dicen. Prefiero esperar al día de votación. Ese día se cae la máscara.

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