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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Hugo Chávez nunca ha perdido una elección en Venezuela. Pero está a punto de perder dos en el resto de América Latina.

Uno de los principales problemas de Chávez es que no sabe quedarse callado. Tiene una necesidad, casi fisiológica, de opinar de todo y de todos. Los venezolanos ya se han acostumbrado a ver interrumpidos sus programas favoritos de televisión porque a Chávez se le ocurrió decir algo. Esas ocurrencias, valga la observación, duran horas.

En su programa dominical "Aló Presidente", obliga a una buena parte de sus ministros y principales asesores a reírse de sus chistes y a oírlo -- sin descanso y sin posibilidad de cuestionarlo -- hasta que se canse. Y Chávez no se cansa fácilmente. Igual que el ex presidente mexicano, Luis Echeverría, Chávez tiene fama de hablar y hablar sin ir al baño mientras sus ministros se retuercen de ganas en sus sillas. Y quien habla ininterrumpidamente, improvisando, sin ningún tipo de filtro entre la aparición de una idea y su expulsión por la boca, está condenado a cometer muchos errores. Eso le ha pasado últimamente a Chávez.

Chávez, no hay duda, quisiera que Ollanta Humala ganará en las próximas elecciones en Perú (el 4 de junio) y que Andrés Manuel López Obrador fuera el ganador en las votaciones en México (el 2 de julio). Pero los comentarios públicos de Chávez, en lugar de ayudar a sus favoritos, los han perjudicado enormemente en las encuestas. Chávez no acaba de comprender que provoca miedo en muchos latinoamericanos. ¿Quién quiere para su país un líder autoritario, que no escucha, que insulta a otros gobernantes y que amenaza con quedarse permanentemente en el poder?

Veamos el caso de Perú. El candidato nacionalista Ollanta Humala ganó fácilmente la primera vuelta de las elecciones en ese país. Pero poco después de que Chávez llamara "ladrón" a su contrincante en la segunda vuelta, el ex presidente Alán García, y que amenazara con romper relaciones diplomáticas con Perú si ganaba García, Ollanta empezó a caer en las encuestas.

Si Chávez se hubiera quedado callado -- como lo hizo el futbolista argentino, Diego Maradona, en una reciente visita a Lima -- es posible que Ollanta no hubiera sido vinculado con el extremismo chavista. Pero no fue así.

Ollanta tuvo que intervenir al pedirle a Chávez que no se preocupara por él y que dejara que los peruanos se encargaran de sus propios ladrones. Sin embargo,
el daño estaba hecho. Circula por todos lados el video en que Ollanta se reúne en Caracas con Chávez y con el nuevo presidente de Bolivia, Evo Morales. Y ahora Ollanta tendrá que hacer malabares para ganarle la elección a Alan García, quien lo aventaja fácilmente en todos los últimos sondeos.

Vamos a México. El candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, nunca ha visto a Chávez y es probable que ni siquiera hayan conversado por teléfono. Pero Chávez -- ¡adivinen! -- ya abrió su boca en franco apoyo de López Obrador.

A esto hay que sumarle la presencia del embajador de Venezuela en México en un mitin del PRD -- ¿qué hacía ahí? -- y a la amenaza de Chávez al presidente mexicano, Vicente Fox, de que no se metiera con él porque iba a "salir espinado".

Para aprovechar esta situación, el Partido Acción Nacional (PAN) del candidato oficialista Felipe Calderón, sacó un comercial en que comparaba las declaraciones de Chávez sobre Fox con la ya famosa frase de "cállate chachalaca" que el propio López Obrador dijo sobre el presidente mexicano.

Un asesor de Calderón me comentó que su intención con el comercial era sugerir que "López Obrador era tan intolerante como Chávez". Resultó.

Tengo frente a mi las últimas seis encuestas realizadas en México (Gea, Consulta Mitofsky, Reforma, Milenio, Parametría y El Universal) en las que Felipe Calderón muestra una clara ventaja sobre López Obrador, quien durante meses pareció invencible. Esto se debe, entre otras cosas, a la negativa de López Obrador de participar en el primer debate entre candidatos presidenciales. Pero independientemente de los errores de campaña, la figura de Chávez ha sido muy dañina para las aspiraciones presidenciales de Ollanta Humala y López Obrador. Es la mano negra de la política latinoamericana. Ante lo cual, Humala y López Obrador pueden decirle a Chávez: "No me ayudes compadre."

Hay más.

Es posible que tras la elección de Evo Morales en Bolivia, su clara alianza con Chávez y el dictador cubano Fidel Castro, y su reciente nacionalización de la industria del petroleo y gas natural, otros países latinoamericanos estén viendo con mucho más cuidado a los candidatos presidenciales de izquierda. Luego de alcanzar media docena de presidencias a través de los votos ¿habrá llegado la izquierda a su límite en América

Latina por culpa de Chávez? Lo sabremos pronto. Mientras tanto, la lección para otros candidatos
presidenciales es clara: ligarte con Chávez puede costarte la elección. Es el factor Chávez.Si Chávez de verdad quiere que ganen Ollanta y López Obrador lo inteligente hubiera sido quedarse callado. Pero eso suena a imposible.

Chávez tiene una lengua imparable, le encanta oirse y chupar cámara. ¿Quién se atreve a callar a Chávez o a arrebatarle el micrófono? Si Chávez sigue así, empezará a perder elecciones (al menos, fuera de Venezuela).

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