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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Lo más irónico de todo el bate migratorio en Estados Unidos es que no importa lo que haga el Congreso norteamericano -- ni los grupos xenófobos en la frontera -- porque los inmigrantes seguirán llegando por cientos de miles cada año. Con y sin documentos. Pero seguirán llegando.

¿Por qué? Porque el problema de los indocumentados es económico. Mientras sobren trabajadores en México y hagan falta en Estados Unidos continuará el flujo de inmigrantes de sur a norte. Así de sencillo. México -- a pesar de las promesas hechas en el 2000 por un candidato presidencial llamado Vicente Fox -- no ha podido crear un millón de nuevos empleos por año.

¿Y qué hacen los jóvenes que no encuentran trabajo en México? Muchos se van a Estados Unidos. Sin esa válvula de escape, México sería aún más pobre.

La mala noticia es que México no podrá, ni a corto ni a mediano plazo, crear todos los empleos que se necesitan para absorber al millón de trabajadores que año con año se suman al mercado laboral. Es decir, México seguirá expulsando millones de trabajadores a Estados Unidos. Cada minuto, en promedio, un mexicano cruza ilegalmente la frontera hacia Estados Unidos o entra como turista y se queda a vivir. Cada minuto.(O sea, medio millón por año) Cada minuto, también, la patrulla fronteriza de Estados Unidos detiene a dos inmigrantes tratando de cruzar ilegalmente desde México. (En el 2005 realizaron casi 1,200,000 detenciones.). La conclusión es una coladera: Por cada dos interceptados uno se cuela. Eso es un fracaso del orden de 33 por ciento. Estados Unidos, como única superpotencia mundial, tiene la tendencia a creer que puede resolver sólo todos sus problemas. No siempre es así.

Estados Unidos se metió en una guerra en Irak sin el apoyo de las Naciones Unidas y ahora es caos y muerte lo que existe ahí. No quiso firmar el Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases tóxicos en la atmósfera, como hicieron la mayoría de los países del mundo, y el calentamiento de la tierra y los mares parece que se ensañó con Estados Unidos; y ahí está Katrina y la pasada temporada de huracanes de ejemplo. Y en la cuestión migratoria es lo mismo.

Estados Unidos cree que puede controlar su frontera sin ayuda. Pero no es así. Necesita la cooperación de México y de
los otros países latinoamericanos para lograrlo. La cuestión es muy simple. Los inmigrantes, como dice la canción de Willy Chirino, siguen llegando. Entonces de lo que se trata es que para ellos sea más fácil registrarse en la frontera -- o en los consulados estadounidenses de Tijuana, Monterrey, etcétera -- antes que arriesgarse a cruzar con un coyote por ríos, desiertos y montañas. (El año pasado murieron 464 inmigrantes en su intento de cruzar ilegalmente.)

Tras el boicot y las marchas del pasado 1 de mayo -- y yo presencié una impresionante en esta ciudad -- hay una contracorriente que busca limitar los derechos de los inmigrantes. Pero las manifestaciones ya lograron su objetivo. Gracias a la extensísima cobertura de prensa nadie en Estados Unidos puede decir que no sabe de las enormes aportaciones de los inmigrantes, de su precaria situación y de que es necesario cambiar las actuales e ineficientes leyes migratorias.

Dentro de unos días el Senado en Washington tendrá la oportunidad de legalizar a los 12 millones de indocumentados que ya están aquí y darles visas al medio millón que llega por año sin documentos. Es duro, lo sé, pero ésa es la realidad. Además, a Estados Unidos le conviene: Los inmigrantes toman los trabajos que los norteamericanos no quieren, pagan impuestos, crean trabajos, controlan la inflación y pagan por el retiro de una población que envejece rápidamente.

Son, en pocas palabras, un tremendo negocio.

Si no lo hacen, si los senadores se dejan presionar por los grupos antiinmigrantes o toman una decisión que tranquilice a los votantes más conservadores y menos informados, entonces perderán una oportunidad histórica de resolver un problema que viene creciendo desde 1986. Además, sin saber quién vive en el país y si controlar su frontera sur, la lucha de Estados Unidos contra el terrorismo pierde mucha efectividad.

Conclusión: Para que se limite dramáticamente la entrada de indocumentados y Estados Unidos retome el control de su frontera, tiene que haber un sistema que de manera realista le dé permisos de entrada y de trabajo a quienes, de todas maneras, van a tratar de entrar. El hambre es más fuerte que el miedo.

Y siguen llegando...

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