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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Daniel Ortega está en campaña. Otra vez. Esta es la quinta ocasión en que el comandante sandinista busca la presidencia de Nicaragua. En eso no hay nada nuevo. Pero lo que sí es distinto es la forma en que lo está haciendo.

Ortega sigue criticando a Estados Unidos con vehemencia –igual que lo hacía hace dos décadas- y defendiendo al dictador Fidel Castro como si se tratara de su hermano mayor. Los colores rosas, amarillos y verdes que nos rodean en su casa de campaña no aminoran en nada la contundencia de sus declaraciones.

Este hombre de 60 años de edad, con pocas canas y un leve problema cardíaco, considera a Estados Unidos un “imperio que trata de dominar, de juzgar, de imponer” y al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, un terrorista “que ha cometido un asesinato masivo allá en Irak”.

Y cuando le pregunto si él tuviera que escoger un amigo entre Bush y Castro, salta con la respuesta.

“Primero, Fidel para mí no es ningún dictador”, me dijo. “Es un revolucionario que defiende la dignidad de los pueblos latinoamericanos.” Pero cuando le pregunto si Fidel Castro –quien ha permanecido 47 años en el poder- es responsable de la muerte de miles de personas y de encarcelar a prisioneros políticos, Ortega rehúsa contestar.

“No, no lo critico”, me dijo sobre Fidel. “Yo critico la política norteamericana que ha bloqueado a Cuba.”

Cuando le pregunté a Ortega sino no era una incongruencia y una hipocresía el querer democracia para Nicaragua pero no para Cuba, respondió con una pregunta: “¿Qué es democracia?”

Mi respuesta de que se trataba de un sistema en el que llega al poder quien consigue más votos en elecciones multipartidistas le pareció una ingenuidad. “Eso es lo que le enseñan a un niño de cuatro años.” Las amistades de Ortega son todas conocidas y él no las esconde. “Yo me siento hermano de Khadafi, de Chávez, de Fidel, de Lula, de Evo…”

Ortega llegó a la presidencia en 1984 en circunstancias poco claras, cinco años después que los sandinistas sacaran del poder al dictador Anastasio Somoza. Pero luego que el Frente Sandinista de Liberación Nacional perdió las elecciones en 1990 frente a Violeta Chamorro, Ortega ha sufrido una derrota tras otra. Perdió también en 1996 y 2001. Esta vez, sin embargo, espera un resultado diferente. Se le ha visto muy seguido con el cardenal
Miguel Obando y Bravo, y en septiembre del año pasado decidió casarse por la iglesia católica con su compañera, la poetisa Rosario Murillo. “Sentí que era un compromiso que yo tenía con mi madre”, me explicó. “Mi madre siempre me insistió que me casara. Mi madre era muy tradicional, muy católica.” Y eso hizo.

Sus críticos –y son muchos- aseguran que Ortega se está mostrando más religioso para tratar de convencer a votantes indecisos en las elecciones de noviembre. Pero él me aseguró que sus prácticas católicas son sinceras. “Yo me formé en una familia católica”, insistió. Y como muestra me aseguró que cuando era joven estuvo a punto de entrar al seminario católico, que comulga y que cree en Dios (aunque no en el cielo y el infierno). Sin embargo, esto no ha evitado que algunos, en broma, le empiecen a llamar San Daniel.

En asuntos más terrenales, Ortega ha negociado incluso con uno de sus principales adversario políticos, Arnoldo Alemán -quien está acusado de corrupción y se encuentra en prisión domiciliaria- pero no lo considera su amigo.

Gracias a sus negociaciones con Aléman, la asamblea cambió las leyes electorales permitiendo a cualquier candidato ganar, inclusive, con solo el 35 por ciento del voto. A Ortega se le ha visto últimamente en un moderno helicóptero (Bell 222) de dos turbinas 8 plazas que, según el diario nicaragüense La Prensa, cuesta 1,500 dólares la hora.

Y rápidamente desmintió los rumores de que era un préstamo del gobernante venezolano, Hugo Chávez.

“No, eso es absurdo”, me dijo. El insiste en que el helicóptero es “de una empresa guatemalteca –pueden averigüarlo-“ y que “cooperantes” del Frente Sandinista se encargan de pagar sus gastos de operación. “Las campañas son caras. No hay campaña barata”.

Como periodista era imposible hablar con Ortega y no preguntarle sobre dos temas muy delicados: las acusaciones de violación y abuso sexual que le hizo su hijastra, Zoilamérica Narváez, y el asesinato del periodista y ex compañero de partido Carlos Guadamuz.

“Es un capítulo ya superado”, me dijo, al cuestionarlo sobre las acusaciones hechas por Zoilamérica hace ocho años. El testimonio de ella está repleto de escabrosos detalles. “Daniel Ortega me violó en el año 1982”, dice su testimonio público que aparece en la internet. “Él eyaculó sobre mi cuerpo para no correr riesgos de embarazao y así continuó haciéndolo durante repetidas veces.”

-“Es totalmente falso”, respondió,
mirándome sin parpadear. “Falso”

-“¿Ella está mintiendo?”

-“Está mintiendo. Claro que sí.”

Traté de ponerme en contacto con Zoilamérica pero ella prefirió no conversar conmigo a través de una cordial y escueta nota de correo electrónico. Sobre el asesinato del periodista Carlos Guadamuz, ocurrido en el 2004 frente a la estación donde trabajaba, Ortega nunca había hablado de manera directa.

-“¿Quién lo mató?”, le pregunté. -“Está detenido el que lo mató.” hijo de él”, le dije, “lo acusó a usted dos horas después del asesinato (como) el ‘verdadero autor” (intelectual del crimen).”

-“Eso fue una reacción emotiva de parte del hijo de Guadamuz”, respondió, para luego explicarme que el propio Guadamuz le había enviado una “notita” antes de su asesinato, pidiendo una solución a sus diferencias en el pasado. (Ortega se había negado a apoyar su candidatura a la alcaldía de Managua.)

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