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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Ollanta Humala llegó solo. Nadie acompañaba al candidato presidencial que tomó por sorpresa a la política peruana. Ni un asesor. Ni un coordinador de prensa. Cruzó el marco de la puerta con sus jeans azules, camisa de manga corta y huaraches, ofreció su mano y solo dijo: "Ollanta".

Así es como muchos ven a este exmilitar golpista de 43 años de edad: como un solitario e independiente, sin dinero ni aliados, que por un par de meses estuvo en el primer lugar en las encuestas previas a las elecciones presidenciales del 9 de abril. En las ultimas semanas ha caído al segundo lugar, después de la candidata Lourdes Flores. Pero su mensaje contra los políticos tradicionales está calando hondo.

"Nos ha engañado la clase política tradicional", me dijo en una entrevista exclusiva en la casa donde se organiza su campaña. "La población ha sentido que estas democracias representantivas no representan realmente los intereses de los ciudadanos".

Los latinoamericanos, en general, y los peruanos, en particular, esperaban no solo un nuevo mensaje sino también un nuevo mensajero. Y Humala dice ser ese nuevo mensajero. Humala es para muchos peruanos lo que los presidentes Evo Morales es para los bolivianos o Hugo Chávez para los venezolanos. Es decir, alguien que asegura representar a los de abajo y que, en un cambio de estrategia, ha dejado de lado sus métodos violentos para llegar al poder con los votos.

No siempre fue así. Humala intentó realizar un golpe de estado en el año 2000 contra el régimen de Alberto Fujimori, pero fue rápidamente aplacado y encarcelado.

Perdonado por el Congreso, Humala se fue de agregado militar a las embajadas de Perú en París y Seúl antes de regresar a su país y ser retirado del ejército. Pero regresó con una misión.

Humala prefiere calificarse como "nacionalista" o "progresista".

Rechaza el término "izquierdista". Sin embargo, reconoce que ha recibido consejos de Chávez, quien según sus propias palabras está buscando "el socialismo del siglo 21". A finales del 2005 Humala visitó al capital venozolano donde Chávez lo llamo "un Quijote".

"¿Le ha financiado Hugo Chávez su campaña?" pregunté.

"No, no me está financiando", me contestó con la sonrisa
y el cansancio del que ha respondido a la misma pregunta mil veces. "Lo que sí me ha dado es consejos ... hay que tener en cuenta que la `performance' política y militar de Hugo Chávez es similar a la mía; los dos somos comandantes del ejército".

Humala conoce a Cuba -- cuando fue de luna de miel a las playas de Varadero -- pero no al líder cubano Fidel Castro. Pero ha dicho que espera "tener la suerte de conocer a Fidel".

Cuando Humala nació, Castro ya llevaba cuatro años en el poder. Sin embargo, su visión del líder cubano es poco crítica.

"No lo veo como un dictador", me dijo. "Que Castro sea un dictador o no sea un dictador es el problema del pueblo cubano ... en todo caso, si yo llego al gobierno, no vamos a romper relaciones con Cuba".

Asímismo, no ha ocultado su admiración por otro dictador, Juan Velazco Alvarado, quien tumbó del poder en Perú en 1968 al gobierno del democráticamente elegido Fernando Belaunde Terry.

"Como hombre es admirable", me dijo de Velazco. Pero me asegura que esto no significa que, en caso de ganar las elecciones, se convertiría en un líder autoritario.

Humala no es un político fácil de clasificar. Se declara "antimperialista" y denuncia "los efectos perniciosos de la globalización (y) la perforación de soberanías". Pero al mismo tiempo me dijo que le gustaría conocer al presidente George W. Bush.

Si tuviera que escoger, le pregunté, entre una alianza con Estados Unidos u otra con Chávez y Castro ¿qué haría?

"No creo que se llegue a esas cosas", me dijo pragmático. "En politica las cosas no son blanco o negro. Política es, por definición, el arte de lo posible".

Cierto. Pero su decisión, al igual que la de Morales, de no erradicar la hoja de coca lo pondría en un claro enfrentamiento con Estados Unidos.

"No, no voy a erradicar", me dijo sin titubear. "Lo que voy a hacer es una sustitución de los cultivos excedentes de hoja de coca con actividades rentables".

Ni siquiera quise decirle que otros han intentado (y fracasado) con esa fórmula. El ya lo sabe. Mientras, el narcotráfico se fortalece.

Humala ha bajado últimamente en las encuestas, no por sus posturas respecto a Chávez, Castro, Bush o la coca, sino por asuntos que
raramente recoge la prensa fuera de Perú. El expresivo padre de Humala, Isaac Humala, un autodenominado "etnocacerista" o ultranacionalista, ha dicho que el "verdadero peruano es el indio, cholo" y que el blanco "es un fracasado".

"Yo no soy racista, yo no creo que se pueda construir un proyecto

político sobre el color de la piel", me dijo medio molesto. "Eso es problema de mi padre ... pero lo están empleando para destruir al hijo ... quieren ver como un padre puede dañar a su hijo". Mas complicadas aún son las acusaciones por violaciones a los derechos humanos que hay en su contra. Varios supuestos testigos han asegurado a la prensa peruana que Humala era en 1992 un tal "capitán

Carlos", responsable de asesinatos y torturas en las poblaciones cercanas a la base militar de Madre Mía en la selva peruana.

Uno de los testimonios más circulados en los medios de comunicación de Perú es el de Teresa Avila. Ella asegura que le pidió al "capitán Carlos" que no mandara matar a su hermana Natividad, detenida y acusada de ser miembro del grupo rebelde Sendero Luminoso. Pero, según su testimonio, él le contesto: "Si estuviera en mis manos, yo los voy a matar". Natividad, según su hermana, fue encontrada muerta con señales de tortura.

"Yo he sido un capitán Carlos", reconoció Humala durante la entrevista. "Pero no he sido ese capitán Carlos Gonzalez del que están hablando". El asunto, independientemente de su veracidad, ha puesto a la defensiva a Humala, al igual que las acusaciones de hostigamiento sexual en contra de su candidato a la vicepresidencia. La apuesta de Humala, sin embargo, es ganar en la segunda vuelta. Si ninguno de los 23 candidatos presidenciales obtiene el 50 por ciento de los votos más uno, habrá una segunda vuelta en mayo entre los dos primeros. Y es ahí como Humala, con los votos de los pequeños partidos de oposición, pudiera convertirse en presidente de Perú.

"Realmente somos un cambio", me dijo antes de despedirse. "No somos más de lo mismo. Estamos
golpeando el poder económico (y) el poder político ... lo que estamos haciendo sí va a cambiar al país".

No hay duda que si Humala gana la presidencia va a cambiar a Perú.Pero la pregunta crucial es ¿Cómo?

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