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El Nuevo Poder Latino

El Nuevo Poder Latino

Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Hay un nuevo poder latino en Estados Unidos pero no es el mismo al que estábamos acostumbrados. Sí, hay más políticos latinos y son más conservadores. Y ya no están defendiendo a los indocumentados como antes. Esto es nuevo.
Ya hay 24 congresistas hispanos. Uno más que antes. También hay dos gobernadores latinos y dos senadores.
A pesar de ser el 15 por ciento de la población de Estados Unidos, todavía no tenemos la representación política que nos merecemos. Pero algo es algo. En las pasadas elecciones avanzamos en número.
Lo interesante es que la mayoría de los nuevos políticos hispanos que llegaron al poder el pasado 2 de noviembre no se sienten comprometidos a defender a los inmigrantes indocumentados. Estados Unidos se movió a la derecha y muchos políticos latinos también. Esto es noticia.
Estamos ante una nueva generación de políticos hispanos, Republicanos, que ganaron en las pasadas elecciones incluso con propuestas que atacaban a lo indocumentados. Durante décadas casi todos los políticos latinos a nivel nacional defendían a los recién llegados.
Con papeles y sin papeles. Era una vieja y respetada tradición en los dos partidos políticos. Basta mencionar como los tres congresistas Republicanos de la Florida de origen cubano – Lincoln Díaz-Balart, Mario Díaz-Balart e Ileana Ross-Lehtinen- hasta hoy en día siguen luchado por una reforma migratoria integral. Pero esa honorable y generosa tradición está terminando. Los nuevos hispanos Republicanos que llegan al congreso y a las gubernaturas lo lograron, en casi todos los casos, enfrentándose a los indocumentados:
-Susana Martínez, quien se convirtió en la primera hispana en ganar una gubernatura en Estados Unidos, quiere quitarle a los indocumentados la posibilidad de obtener licencias de manejar en Nuevo México.
-Brian Sandoval, el nuevo gobernador de Nevada, dice en su propio sitio de internet (www.briansandoval.com) que se opone a una amnistía para indocumentados, a darles licencias de manejar y quiere más sanciones para los empleadores que los contraten. -Marco Rubio es el nuevo senador por el estado de la Florida. Pero no está a favor de una legalización de 11 millones de indocumentados como estuvo su predecesor, el también cubanoamericano Mel Martínez.
-Los cinco nuevos congresistas Republicanos –Jaime Herrera (WA), Francisco Canseco (TX), Bill Flores (TX), Raul Labrador (ID) y David Rivera (FL)- propusieron distintas medidas en contra de los indocumentados, desde el reforzar la frontera con México hasta quitarles algunos de sus ya pocos beneficios. Uno podría suponer que esta nueva
ola de hispanos Republicanos llegó al poder con el apoyo del electorado hispano. Pero no es así en todos los casos.
De hecho, en las pasadas elecciones la mayoría de los electores latinos votó por el partido Demócrata (64%) y no por el Republicano (34%) según el Pew Hispanic Center. Estos son porcentajes muy similares a los que le permitieron en el 2008 a Barack Obama (67%) ganar el voto hispano contra el candidato Republicanos a la presidencia, John McCain (31%).
Esto lo que quiere decir es que la nueva generación de políticos hispanos conservadores logró sus victorias convenciendo a otros electores, no latinos, que ellos eran los mejores candidatos para el puesto, independientemente de su origen étnico. El entusiasmo de algunos Republicanos por este fenómeno es tal que el congresista de la Florida, Lincoln Díaz-Balart (quien se retira del congreso) me dijo en una entrevista que el nuevo senador, Marco Rubio, podría ser eventualmente un candidato a la vicepresidencia o presidencia de Estados Unidos.
Estos son, sin duda, nuevos tiempos para los latinos en la política de Estados Unidos. Posdata. En una de las principales sorpresas de las pasadas elecciones, el líder del senado, Harry Reid, ganó su reelección gracias al voto latino.
Y ahora es el momento de cumplir sus promesas de campaña. El senador Reid me prometió en una entrevista por televisión que presentaría el Dream Act a votación en el senado antes de enero. El futuro de al menos 800 mil jóvenes hispanos depende de que Reid cumpla su palabra.
Este es un tema obligatorio de discusión cuando se reuna el presidente Barack Obama con los líderes Republicanos en la Casa Blanca el 18 de noviembre. Sin el apoyo y liderazgode Obama, el Dream Act no se puede aprobar.

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