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Algo Que Celebrar  En Mexico

Algo Que Celebrar En Mexico

Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Mi primer impulso fue decir que en México no hay nada que celebrar en el bicentenario de su independencia y el centenario de su revolución.
¿Cómo celebrar cuando han sido asesinadas 28 mil personas desde que Felipe Calderón llegó a la presidencia en diciembre del 2006? ¿Cómo celebrar cuando los narcotraficantes controlan muchas partes del país? ¿Cómo celebrar cuando acaban de asesinar a 72 inmigrantes centro y sudamericanos en Tamaulipas?
¿Cómo celebrar cuando la Comisión Nacional de Derechos Humanos dice que en México hay 2,500 secuestros por año?
¿Cómo celebrar cuando, del 2006 al 2008, la misma comisión reportó 48 millones de víctimas de delitos en un país con poco más de 100 millones de habitantes?
¿Cómo celebrar cuando el presidente Calderón no puede crear un millón de empleos al año – como me prometió en una entrevista en el 2006- y evitar que los jóvenes mexicanos se sigan yendo a Estados Unidos? ¿Cómo celebrar cuando México tiene tantos pobres y algunos de los ricos más ricos del mundo?
Todo esto es cierto. Pero creo, sinceramente, que los mexicanos sí tenemos mucho que celebrar.
Lo primero que quiero destacar es que México no es su gobierno. Esto es importante. Es frecuente escuchar a los mexicanos quejarse del presidente y del congreso por su inefectividad al enfrentar la violencia, la falta de empleos, la pésima distribución del ingreso y la pobreza.
México tiene una sociedad civil muy activa, inquieta y que suele marcar una sana distancia frente a sus gobernantes y el poder. Eso hay que celebrarlo.
Mi gran esperanza en México radica en sus millones de jóvenes que no están esperando nada de su gobierno. Lean sus comentarios en Twitter y en Facebook para llenarse de optimismo con su independencia, su energía, sus propuestas, su audacia y hasta con su humor. Eso hay que celebrarlo.
Aún recuerdo que en una vieja conversación en la casa del escritor Carlos Fuentes, tras hacer una radiografía a todos los males nacionales, él insistía en que la grandeza de México radica en su cultura. México aguanta dos volcanes, me decía. Nada más cierto.
No solo tenemos una maravillosa tradición cultural que incluye al mismo Fuentes, a Octavio Paz y a Juan Rulfo sino que estamos rodeados de escritores mucho más jóvenes y dispuestos a explorar otros espejos, laberintos y llanos. Eso hay que celebrarlo.
El nuevo cine mexicano está en manos de un creciente grupo de artistas que no se ha olvidado de
su país pero a quien México le quedó chiquito. Y qué bueno. Saltan fronteras del español al inglés y lo que les pongan. Ya es la regla encontrar a directores, productores, guionistas y actores mexicanos en los principales festivales de cine. Ellos están exportando una nueva
imagen de México al mundo y están trayendo el mundo a México. Eso hay que celebrarlo.
Con la muerte de Carlos Monsivais perdimos una de las voces más críticas que ha tenido México en las últimas décadas. Pero su valentía no se ha perdido. Al contrario, se ha contagiado.
México es el país más peligroso del continente para ejercer el periodismo. Naciones Unidas y la OEA acaban de reportar que el menos 64 periodistas han muerto en la última década.
Pero atrás quedaron siete décadas de censura y autocensura. En México hay grandes periodistas–desde Elena Poniatowska hasta Lydia Cacho- que no nos dejarán caer, nunca más, negrohoyosilencio. Eso hay que celebrarlo. en el del
Soy uno de los millones de mexicanos que se fueron al norte. Pero sé que Estados Unidos es un mejor país –más tolerante, más diverso, más fuerte- gracias a la presencia de tantos inmigrantes como nosotros. Y eso hay que celebrarlo.
Desde aquí extraño todos los días la música, la comida, la geografía y los amigos que dejé hace más de 25 años y aplaudo –porque se lo merecen- tanto el triunfo de la nueva Miss Universo, Ximena Navarrete, como los goles del “Chicharito” Hernández. Desde lejos sé que México tiene mucho que aplaudir.
Entiendo que la violencia y la muerte marcan este bicentenario en México. Pero Octavio Paz nos enseño que la vida y la muerte siempre han convivido en la cultura mexicana.
Cuando en las elecciones del 2000 terminaron 71 años de autoritarismo celebré en el Zócalo (jugando fútbol) y este 15 de septiembre en la noche pienso hacer exactamente lo mismo.

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