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La marcha y el TPS para chilenos

La marcha y el TPS para chilenos

Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Quizás Hillary Clinton tenía razón. Había que pasar una reforma migratoria durante los primeros 100 días de gobierno. Eso es lo que ella argumentaba cuando quería ser la candidata a la presidencia por el partido Demócrata. No hacerlo en los primeros 100 días podría significar, otra vez, su muerte legislativa.
Y para ayudar a los chilenos sólo basta con una decisión ejecutiva: un TPS a causa del devastador terremoto del 27 de febrero.
Pero Hillary perdió la candidatura, Barack Obama ganó la presidencia y la legalización de indocumentados no fue la primera, ni la segunda, ni la tercera prioridad de su gobierno. Primero había que resolver la peor crisis económica desde 1929, luego cambiar el sistema de salud, más tarde conseguir una nueva ley de energía y, al final, hacer una reforma migratoria.
Ya ha pasado más de un año y no hay reforma migratoria. Sí, quizás Hillary tenía razón: había que hacerlo en los primeros 100 días.
Ahora hay voces llenas de enojo por todos lados. “Nuestra comunidad está enojada; nuestros miembros se sienten traicionados”, le dijo Brent Wilkes de la organización LULAC al Washington Post. “Si no hay legalización, no habrá reelección”, le advirtió Emma Lozano del Centro Sin Fronteras a varios medios. Y Frank Sharry, de America's Voice, le expresó al diario USA Today “que lo que falta es el compromiso del presidente de usar su capital político para aprobar una reforma este mismo año, tal y como lo prometió”.
El enojo no es solo por la falta de legalización. A pesar de que no hay una reforma migratoria, las deportaciones continúan. De hecho, en el primer año de Obama en la presidencia hubo más deportaciones (387,790) que durante el último año de George W. Bush (369,221), según cifras de su propio Departamento de Seguridad Interna (DHS). Con más deportaciones y sin legalización de indocumentados a la vista, ahora todo parece cuesta arriba. Por eso, dicen sus organizadores, es importante la marcha de este domingo 21 de marzo en Washington. Es, sencillamente, una marcha para que nos escuchen. Para hacer visibles a los invisibles. Para que a los políticos no se les olvide nunca lo que prometieron. Y para que sepan que el voto latino suele apoyar a aquellos que apoyan a los inmigrantes. No soy iluso. Las posibilidades de que haya una reforma migratoria este mismo año son mínimas.
Demócratas y Republicanos no se pusieron de acuerdo sobre la reforma de
salud y no hay ninguna indicación de que las cosas van a ser distintas en el tema migratorio. La propuesta migratoria en la que están trabajando los senadores Chuck Shumer (demócrata de Nueva York) y Lindsey Graham (republicano de Carolina del Sur) está muy verde y todavía carece de apoyo bipartidista. A pesar de todos los problemas y retrasos, quienes conocen al presidente Obama me aseguran que sigue siendo el mejor aliado que tienen los inmigrantes y los hispanos. Y, ciertamente, quienes buscan una reforma migratoria desean que el presidente esté de su lado. Ninguna reforma podría pasar, hoy o mañana, sin su apoyo.
Pero la realidad es que este es un asunto tan importante que no se le puede delegar a nadie. Le toca a la misma comunidad latina buscar una manera de legalizar a los indocumentados. Manos y pies a la obra. Por eso la marcha.
Posdata chilena. Hay algo que el presidente Obama sí puede hacer inmediatamente para demostrar su compromiso con los indocumentados y es dar TPS (protección migratoria) a todos los chilenos en Estados Unidos. Eso suspendería sus deportaciones y les permitiría trabajar legalmente. Lo hizo con los haitianos luego de su terremoto. Es justo que lo haga también con los chilenos.
Y sería un gran gesto -y ayuda- para el nuevo presidente Sebastian Piñera, quien se enfrenta a la difícil tarea de reconstruir Chile luego de un sismo de 8.8 grados en la escala de Richter.
El TPS es la mejor ayuda que Estados Unidos le puede dar a Chile en estos momentos. Eso le permitiría a los chilenos de aquí ayudar a los chilenos de allá

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