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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Tras 25 años de lucha interna, por fin aprendí a vivir en dos países. No tengo que escoger. Trabajo en Estados Unidos, un país que me ha llenado de oportunidades y que he aprendido a admirar. Ahí también viven mis hijos. Pero regreso a continuamente a México -donde nací y donde todavía vive mi familia- para alimentar el espíritu. El problema es que no se puede vivir solo del espíritu. Eso lo saben los más de 100 millones de mexicanos que, día a día, se enfrentan a una permanente crisis económica, a una epidemia de gripe H1N1 que no cede y a miles de muertos por la narcoviolencia. En cualquier otro país, el presidente, gobernadores y alcaldes hubieran sido obligados a renunciar por tanto muerto. No en México. México, con sus amigos, amores y largas sobremesas, arropa hasta al más vulnerable. Se come mejor, estoy seguro, que en la mayoría de los países del mundo. No hay playas y paisajes más lindos. Y, aún así, los mexicanos siguen pensando en irse.

¿Por qué? No hay que rascar mucho para saberlo. Una encuesta reciente (Pew Global Attitudes) concluyó que la mayoría de los mexicanos está insatisfecha con la dirección que ha tomado su país. El 81 por ciento cree que el crimen es un enorme problema, 75 por ciento se queja de la economía y un 68 por ciento considera que sus líderes políticos son corruptos. Esto no es nuevo. Cuando yo me fui de México hace un cuarto de siglo, el crimen por el narcotráfico no era un tema central, pero ya nos quejábamos amargamente. Es más, mis compañeros de escuela y vecinos siempre pensamos que México vivía una crisis, seguida por otra más. Una vez el ex presidente López Portillo, deslumbrado ante nuestros yacimientos petroleros, presumió anticipadamente que México tendría que aprender a administrar su riqueza. Se equivocó. A ese ridículo anuncio triunfalista y populista siguió un terrible caos financiero, una gravísima devaluación y la nacionalización de la banca. Linda riqueza.

Es como si México fuera el país de las crisis permanentes y no pudiéramos levantar cabeza. Algunos, valientes y optimistas, decidieron quedarse para tratar de cambiar el país desde dentro. Otros pensamos que no podíamos esperar dos o tres décadas para que el país cambiara y decidimos cambiar de
país. Y nos fuimos. Muchos. De hecho, el año pasado la Oficina del Censo contó a 11,412,668 personas nacidas en México, viviendo en Estados Unidos. La verdad, nadie se quiere ir de su país. ¿Por qué querer dejar a tus padres, a tus amigos, a los lugares donde creciste? Uno se va de su país porque algo te expulsa de ahí.

El propio presidente Felipe Calderón reconoció en octubre que el número de pobres aumentó de 14 a 20 millones. Y también hay algo que jala al emigrante a otro lado. La mayor parte de los mexicanos (57%) cree que la vida es mejor si te mudas a Estados Unidos. Basta decir que, en promedio, un norteamericano gana cuatro veces más que un mexicano.

La actual crisis económica ha detenido la partida de más mexicanos hacia Estados Unidos. Hasta hace muy poco, venía alrededor de medio millón de mexicanos al año a Estados Unidos. Hoy en día ese flujo se ha detenido e, incluso, revertido un poco. Pero es solo una cuestión temporal. Tan pronto se consolide la recuperación económica, millones de mexicanos más verán en Estados Unidos su única oportunidad a una vida digna. Si no para ellos, al menos sí para sus hijos. El emigrante se va porque prefiere vivir en un país construido que en uno por construir. Estados Unidos fue el primer país que cayó en la actual crisis económica mundial y será el primero en recuperarse.

Y, por lo tanto, pronostico dentro de poco una enorme ola migratoria del sur hacia el norte. América Latina, para variar, se tardará muchos años más en salir adelante. México necesitaría crear al menos un millón de empleos al año solo para estar al parejo con su naciente fuerza laboral.

Pero no puede. Los jóvenes no consiguen buenos empleos y ven al norte como su último recurso. No se quieren ir pero se tienen que ir.

México es el país de las promesas. El presidente Vicente Fox me prometió en una entrevista en el 2000 que crearía ese millón de empleos al año. No cumplió.

El presidente Calderón me prometió lo mismo en una conversación en el 2006. Tampoco ha cumplido. México lindo y querido. Sí. Pero para millones de mexicanos, también lejano, desmoronándose y sin futuro.

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