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Jorge Ramos
Periodista Internacional

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Cuando uno habla con Roberto Micheletti, el gobernante interino de Honduras, dos cosas quedan claras: una, que para él no fue un golpe de estado el que lo puso en el poder el pasado 28 de junio y, dos, que no va a permitir el regreso de Manuel Zelaya como presidente. Todo lo demás es negociable.

Pero esas dos cosas no. “No, en nuestro país no aceptamos amnistía de ninguna naturaleza”, me contestó Micheletti en una entrevista vía satélite desde Tegucigalpa, luego de preguntarle si consideraría otorgarle inmunidad legal a Zelaya y permitirle, así, su regreso a Honduras. “No creo que haya una justificación para ello”.

El mensaje de Micheletti es claro: si regresa Zelaya, se va a la cárcel, no a la presidencia. Zelaya está acusado de violar la constitución al tratar de realizar un referendo y buscar, supuestamente, la reelección. Zelaya ha negado todos los cargos.

Ningún país del mundo ha reconocido al gobierno de Micheletti. Ninguno. Pero él insiste en que no se trató de un golpe.

“A mí no me impuso el ejercito ni me impuso nadie”, me explicó. “Simple y sencillamente, nuestra constitución permite la sucesión, como sucedió”.

Micheletti, estaba claro, no iba a ceder en ninguno de estos dos argumentos. Así que pasé a las críticas al nuevo régimen.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos acaba de reportar que la policía y el ejército de Honduras han detenido arbitrariamente a más de 3,500 personas. Además, hay denuncias de censura de prensa, de ataques a opositores y de un ambiente de intimidación. “Es falso lo que ellos están diciendo”, dijo Micheletti sobre el reporte de abusos. “Ellos simple y sencillamente escucharon lo que ellos quisieron escuchar”.

Las acusaciones más serias son de violaciones sexuales por parte de la policía. El grupo Feministas de Honduras en Resistencia ha documentado 19 casos de violaciones por parte de la policía desde el derrocamiento de Zelaya, según reporta la agencia EFE.

Y escuché una entrevista atribuida a Radio Progreso en que una madre de 25 años cuenta como fue detenida durante un marcha opositora a Micheletti y luego violada brutalmente por cuatro policías.

“Yo no creo que eso tenga un sustento original”, me dijo Micheletti sobre las supuestas violaciones. “¿Cuántos policías han sido arrestados?” pregunté. “A mí no me compete eso”, contestó.

“Hay un Ministerio de Seguridad. Yo no he tenido todavía un informe, ni de la Fiscalía ni de Seguridad, sobre temas de esta naturaleza.
A mí me sorprende. Por primera vez yo estoy escuchando ese tema”. Honduras se ha ido quedando sola. Estados Unidos ha dejado de dar visas a hondureños, sus militares ya no cooperan con el ejército de Honduras y se ha suspendido la entrega de al menos $16 millones en ayuda económica.

Con su postura ¿está Micheletti condenando a Honduras al aislamiento internacional? “Nosotros solo pedimos que se nos escuche”, dijo. “Nosotros tenemos la ventaja que hoy no caen avionetas con dólares o con drogas que caían anteriormente…¿Qué es lo que querrán que hagamos nosotros? ¿Devolver a un señor (Zelaya) que nos causó más problemas que beneficios?”

Quizás el cálculo de Micheletti y los militares hondureños era que, tras la destitución de Zelaya, el rechazo mundial a Honduras solo duraría unos meses (hasta la realización de las elecciones presidenciales el 29 de noviembre).

Pero es posible que el ganador de esas elecciones tampoco sea reconocido internacionalmente y que la crisis se extienda por años. Mientras tanto, Micheletti sigue defiendo la manera en que se sacó a Zelaya del poder hace poco más de dos meses.

“Y si esta misma noche llegara un grupo de militares a su casa, lo sacaran en pijama y, después, lo sacaran del país (como ocurrió con Zelaya) ¿eso sería un golpe de estado, un golpe militar?” pregunté finalmente a Micheletti.

“Sí yo cometo algún error”, concluyó, “tienen todo el derecho de hacer lo mismo".



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