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Maria Elena Salinas
Periodista Internacional

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He estado pensando últimamente en mi viejo amigo Jorge Castañeda. En caso de que usted no reconozca el nombre, se trata del ex ministro de Relaciones Exteriores de México bajo la presidencia de Vicente Fox. Bueno, pues parece que resulto ser también clarividente. Lo conocí a finales los años '80 cuando era profesor y analista político. Cuando discutimos acerca del fin de la guerra fría, recuerdo haberle preguntado que la reemplazaría en América Latina. “El narcotráfico,” me respondió. Es un hombre con visión, o bien informado. De cualquier forma tenia razón y es ahora cuando estamos viendo los dramáticos efectos de las guerras del narcotráfico.

Dicen que México es la nueva Colombia. Ni a los colombianos ni a los mexicanos les gusta la comparación. Sin embargo, está claro que aunque el negocio de las drogas ilegales esté todavía vivo y coleando en Colombia, México se ha convertido en el nuevo centro de distribución y son los narcos mexicanos, no los colombianos, los que mandan y los que dirigen la guerra. Y es una guerra sucia y sangrienta. El gobierno mexicano ha vertido todos sus recursos para combatir a los carteles de la droga. Docenas de ciudades han sido militarizadas y en algunos casos fuerzas federales de policía han asumido las funciones de policías locales. Pero el poder militar tan sólo ha llevado a más derramamiento de sangre.

De hecho más de 12,000 personas han muerto como parte de esta guerra en México, más que en las guerras en Irak y Afganistán juntas durante ese período de tiempo. Pero este problema no es un problema solo de México.

Una investigación de la agencia Prensa Asociada muestra que los traficantes de drogas mexicanos han esparcido sus tentáculos a unos 47 países. Tan sólo en nuestro hemisferio, han ido a Argentina para obtener materia prima para la metanfetamina. Se han aprovechado del débil sistema judicial y descuido financiero argentino para establecer compañías falsas para importar la efedrina desde India y China. En Perú, el segundo país productor de cocaína en el mundo, después de Colombia, narcotraficantes mexicanos sobornan a funcionarios de aduana y lavan dinero. En Honduras y El Salvador, mexicanos han sido arrestados por contrabando de drogas y en la Guatemala las autoridades luchan contra la infiltración en su territorio de los Zetas -uno de los más temidos carteles de la droga de México. Aquí en Estados Unidos, los carteles mexicanos de la droga han
ido más allá de los estados fronterizos y se han esparcido a por lo menos 230 ciudades, entre ellas Chicago, Houston, Denver y Los Ángeles. Según el Departamento de Justicia en el 2008, las autoridades confiscaron $70 millones en efectivo, producto del negocio de las drogas en Atlanta.

La guerra contra las drogas en México no es fácil de ganar. En el meollo del problema está la cultura de corrupción que ha existido por décadas en ese país. Las agencias policíacas han sido infiltradas por el crimen organizado al grado de que los mexicanos ya no saben a quiénes deben temer más: si a los delincuentes o la policía.

Hay evidencias de cómo policías han ayudado a escapar a secuaces de los narcotraficantes, y agentes del orden han sido vinculados a una serie de masacres. Además esta el problema del acceso a armas que fluyen del lado de EU hacia México y acaban en manos de traficantes de drogas. Tan sólo en Texas, Arizona y Nuevo México, hay unas siete mil tiendas de venta de armas de fuego donde uno puede comprar fácilmente armas, a veces más poderosas que las utilizadas por las autoridades mexicanas. Pero posiblemente el obstáculo más grande para ganar la guerra contra las drogas es uno económico. Mientras tantas industrias luchan contra la crisis financiera mundial, el contrabando de drogas es un negocio multimillonario en el que todos los implicados pueden hacer cantidades exorbitantes de dinero por muy poco trabajo.

Tan sólo en EU unos 20 millones de consumidores invierten $64,000 millones en drogas ilegales. Algunos creen que la solución para terminar con la narco-violencia es legalizar las drogas y sacar ese negocio de manos del crimen organizado.

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