La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Cuando mi prima Lucy llegó a Miami procedente de México, lo primero que se me ocurrió preguntarle fue ¿cómo están las cosas en casa? No quise decirle: ¿Cómo te sientes? Aunque en realidad quería saber si tenía algún síntoma de resfrío. ¿La influenza quizás? Ella, por supuesto, siempre es bienvenida a mi casa, pero con la locura de fiebre porcina extendiéndose ampliamente, es mejor tomar precauciones. "Esto es horrible para nuestro país," me dijo cuando hablamos acerca de la epidemia que hasta ese momento habría cobrado más de 150 vidas humanas en México y dejado centenares más infectadas en varios países. "Primero fue la narcoviolencia, ahora esto. Todo esto afecta nuestro turismo terriblemente". Uno pensaría que estaría más preocupada por la salud y por el bienestar de sus compatriotas que por los efectos económicos en su país. Pero su reacción es muy semejante a la de muchos mexicanos que han visto recientemente a su país golpeado fuertemente por una serie de desafortunados acontecimientos. La violencia en la guerra contra las drogas en México ha costado más de 8,000 vidas desde principios del año pasado. El nivel de brutalidad relacionada con las drogas ha llegado a tal grado que Estados Unidos se vio obligado a ofrecer ayuda y reconocer su propia responsabilidad en el problema por ser el principal consumidor de drogas. El presidente Barack Obama prometió trabajar para disminuir el flujo de armas desde Estados Unidos. Sin embargo, la publicidad alrededor de la violencia ha causado temor entre los turistas potenciales. La economía de México no sólo ha sido afectada por el temor y por la crisis financiera global sino también por el elevado nivel de desempleo en Estados Unidos. Según un informe del Banco Central de México, las remesas desde Estados Unidos decayeron un 3 por ciento en el 2008, a $25 mil millones. En enero de este año disminuyeron 11.95 por ciento, unos $1.57 mil millones. El Banco Central de México calcula que la economía mexicana podría contraerse entre un 3.8 por ciento y un 4.8 por ciento para finales del 2009. Eso es sin tener en cuenta los efectos negativos del estallido de la epidemia de la gripe porcina. En la primera semana de la crisis sanitaria, varios países, como Cuba, Argentina y Ecuador, restringieron sus vuelos hacia y desde México. Estados Unidos recomendó a sus ciudadanos evitar viajar a México si no es esencial. Algunas compañías de cruceros respondieron a la crisis suspendiendo las paradas de sus barcos en puertos mexicanos asestando con ello otro golpe a la ya apaleada economía de esa nación. El tradicional bullicio en la ciudad más poblada del mundo, ha dado paso a un panorama desolador. Mientras muchos ven como un respiro la disminución en el tráfico vehicular, también perciben con inquietud la inesperada y gran transformación que ha tenido la Ciudad de México. El gobierno ordenó mantener las escuelas cerradas hasta por lo menos el 6 de mayo. Las salas de cine, los bares y clubs nocturnos permanecen cerrados. Los conciertos fueron cancelados, los encuentros deportivos se trasladaron a sitios encubiertos. La industria de los restaurantes ha sido particularmente afectada en la capital donde hay por lo menos 30,000 restaurantes que emplean a 450,000 personas. La mayoría han recibido la órden de atender tan sólo entregas a domicilio o venderle solamente a quienes llevan la comida para sus casas. Una sociedad típicamente amistosa se ha encontrado de pronto enfrentada al temor del contacto humano. Bajo estas circunstancias especiales una simple tos es sospechosa y un sencillo estornudo puede ser considerado un acto de terrorismo. El temor es tal que el gobierno mexicano le ha pedido a la población que, por ahora, evite el tradicional saludo de un apretón de manos y un beso. Quien no lleve una máscara protectora es visto como una amenaza a la sociedad. El autor mexicano Octavio Paz, ganador del Premio Nobel de Literatura, describe a sus compatriotas en el libro "Laberinto de Soledad" publicado en 1950, como alguien que se oculta detrás de una máscara para evitar abrirse hacia otros. Paz no se pudo haber imaginado que -casi seis décadas después- su descripción llegaría a ser tan literal y tan necesaria.
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