La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Dina Rovelo no tenía un lugar donde quedarse hace un mes cuando llegó a la Misión de Rescate de Miami. Rovelo, una inmigrante hondureña, había estado viviendo durante un año en el taller de reparación de autos de su esposo, trabajando en dos empleos con un salario mínimo y criando tres niños. "Quise apoyar a mi esposo y estuve de acuerdo con el en abandonar mi casa para vivir en su taller de reparaciones. Pensamos que de esa manera podríamos ahorrar el dinero del alquiler", dijo. Pero las cuentas eran demasiado altas y su sueldo apenas le alcazaba para pagar los alimentos. Rovelo y sus niños vivían, como se podrán imaginar, en condiciones muy incómodas, sin mencionar que tenían que aguantar el poco sano olor a pintura de auto. Desafortunadamente sus sacrificios no dieron fruto. Su esposo le pidió que se fuera debido a sus constantes quejas. Sin un lugar a donde ir y sin ninguna idea de que hacer, encontró refugio en la Misión. Allí le ofrecieron comida, ropa limpia y una cama para ella y para sus niños. Con la economía en crisis, los centros de ayuda comunitaria y organizaciones de caridad a través del país están pidiendo ahora ayuda para ellos mismos. "Vemos que a causa de los embargos hipotecarios y de tantas personas que están perdiendo sus trabajos, hay mayor necesidad", dijo Donna Jean Matthews, encargada de relaciones públicas de la Misión de Rescate de Miami. El número de personas que solicita ayuda allí ha aumentado un 25 por ciento pero los donativos han bajado por lo menos 20 por ciento. Las organizaciones no lucrativas como la que ayudó a Dina dependen de donaciones para pagar programas especiales e incluso suministrar cosas esenciales o básicas como pañales o dinero para un viaje en autobús para sus participantes. "Ellos me han proporcionado todo lo que he necesitado, desde útiles escolares para mis niños hasta un Tylenol cuando tengo un dolor de cabeza", dijo Rovelo. Pero a consecuencia de que los donativos han disminuido con la recesión, estos centros sienten el impacto. "No podemos hacer lo que debemos hacer si no tenemos los fondos" dice Mathews. Las contribuciones caritativas tienden a reflejar el estatus actual de la economía y generalmente aumentan en un promedio de 4.3 por ciento por año, pero en años como éste los donativos disminuyen en un promedio de 2.7 por ciento, según la fundación GivingUSA. Las organizaciones no sabrán exactamente cuán malo ha sido este año hasta que midan sus donativos en enero. Pero muchas ya sienten el apretón y han comenzado a cortar sus presupuestos afectando programas como la rehabilitación de drogadictos y cursos para prevención del sida. Típicamente los centros sociales dependen de la generosidad de los donantes durante la temporada navideña para compensar los costos de operación a través del año. Pero el año 2009 podría ser difícil debido a que cada vez menos y menos personas y empresas abren sus bolsillos para estas causas. Irónicamente sucede en el momento en que la ayuda es más requerida. Tan sólo en el mes de noviembre se perdieron 533 mil trabajos según la Oficina Nacional del Censo. Y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, predijo que las ejecuciones hipotecarias este año llegarán a por lo menos 2.25 millones. Desde que llegó a la Misión de Rescate de Miami, Rovelo dice que su vida ha dado la vuelta. "Estoy tomando clases de computadora y recibiendo entrenamiento para trabajar, a mis hijas también les va muy bien en la escuela, y están en el Cuadro de Honor". Ella dice que planea estudiar para llegar a ser enfermera algún día porque le apasiona ayudar a otras personas. Una cualidad que descubrió en la misión y una buena manera de hacer reciproca la generosidad que ella y su familia han recibido a través de la caridad. "Nunca me imaginé que iba a necesitar vivir en un refugio, pero si no fuera por el centro probablemente estaría afuera en la calle". Esta es la realidad de los tiempos, personas de todos los niveles están perdiendo todo lo que les ha costado una vida de trabajo y sin embargo están agradecidos por las cosas pequeñas que reciben. Aún en épocas de austeridad sería sabio considerar el abrir el corazón y la cartera a causas que pueden cambiar las vidas de algunas personas. Esa sí es una buena inversión en la humanidad.
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