La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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México es un país de contrastes. Existe un México con sus playas hermosas y encantadoras ciudades coloniales. Un México con una arquitectura majestuosa y extraordinarios monumentos. El conocido en el mundo por su famosa cocina y la riqueza de su arte y cultura. Por otro lado existe un México que es pobre, con un sistema judicial resquebrajado, donde reinan la ineficacia, la impunidad y la corrupción. Es un México que ha vivido durante los pasados años asediado por una onda de violencia que ha puesto al país en primer lugar en la lista de los más violentos del mundo. El país con la mayoría de secuestros y la mayoría de asesinatos de periodistas en el hemisferio occidental. Una de las más recientes series de asesinatos hizo titulares alrededor del mundo. Cincuenta personas fueron halladas muertas en un período de tan sólo una semana en la ciudad fronteriza de Tijuana. Pero eso no es nada cuando comenzamos a contar la cantidad de cuerpos hallados en diferentes partes del país, decapitados, amordazados, con disparos en la cabeza al estilo ejecución o con signos de tortura, la mayoría vinculados al narcotráfico. Las cifras son espeluznantes. En lo que va del año, 3,200 personas han sido asesinadas por el crimen organizado. Eso está por encima de 2,675 asesinatos en el 2007 y 1,410 en el 2006. El aumento tiene desconcertados a los mexicanos considerando la intensidad con que el gobierno mexicano ha emprendiendo su guerra contra el crimen. Cuando el presidente Felipe Calderón asumió el cargo hace dos años, declaró la guerra contra los carteles de la droga y convirtió en su primera prioridad el combate contra el crimen. Envió al ejército, primero, a su natal estado de Michoacán, después a los estados de Monterrey, Sinaloa y a varias ciudades fronterizas. La virtual militarización del país no ha producido, sin embargo, los resultados esperados. José Reveles, un periodista investigativo del periódico mexicano El Financiero, asegura que al gobierno de Calderón se le fue de las manos la narcoviolencia. "La delincuencia está organizada y el gobierno está desorganizado", dice. "El crimen está retando al gobierno y la única respuesta del gobierno es reactiva". Reveles cree que el combate contra los carteles de la droga ha sido ineficaz debido a la falta de una inteligencia adecuada. "El ejército y agentes federales atacan a los narcos en las calles; no los identifican ni los persiguen con autorización ni atacan su estructura financiera". Los ciudadanos mexicanos están hartos, cansados, disgustados. El mes pasado cientos de miles se vistieron de blanco y marcharon por las calles de la capital mexicana y de otras ciudades del país para protestar en contra de la ola de asesinatos y secuestros. Las estadísticas sobre secuestros son difíciles de precisar ya que muchos secuestros no son reportados y no son considerados un crimen federal, pero se calcula que entre el 2004 y el 2007 los secuestros aumentaron en un 40 por ciento. En una movida sin precedentes, el presidente Calderón participó en una cumbre de emergencia con el alcalde de la capital mexicana, Marcelo Ebrard, y varios gobernadores para promover un esfuerzo conjunto en la lucha contra el crimen. Pero desde entonces la violencia ha sido peor. Durante las tradicionales festividades del Día de Independencia el 15 de septiembre en Morelia, Michoacán -pueblo natal de Calderón-, dos granadas fueron lanzadas contra una multitud matando a ocho e hiriendo a más de 100 personas. Ese es el signo más claro de que los carteles de la droga ya no sólo están luchando entre sí para controlar territorios y rutas, sino que también se están concentrando en personas inocentes. Los ciudadanos mexicanos no deben estar presos en sus propios hogares. Ellos merecen sentirse libres para disfrutar de esas hermosas playas y caminar por las calles de sus ciudades con sus familias, sin el temor de ser secuestrados o sorprendidos en la línea de fuego dentro de las furiosas guerras de los narcos. Sus monumentos deben ser utilizados como un símbolo del orgullo no como escenarios de protestas exigiendo protección de su gobierno. Es tiempo de volver a calcular la estrategia, porque ésta no esta funcionando.
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